La norma jurídica es una regla u ordenación del comportamiento humano dictado por la autoridad competente del caso, con un criterio de valor y cuyo incumplimiento trae aparejado una sanción. Generalmente, impone deberes y confiere derechos.
Se diferencia de otras normas de conducta en su carácter heterónomo (impuesto por otro), bilateral (frente al sujeto obligado a cumplir la norma, existe otro facultado para exigir su cumplimiento), coercible (exigible por medio de sanciones tangibles) y externo (importa el cumplimiento de la norma, no el estar convencido de la misma).
Por último, cabe mencionar también que los iusnaturalistas añadirán a la definición anterior "con miras al bien común."
Para algunos, las normas jurídicas se diferencian de las reglas del derecho, porque las primeras tienen intención prescriptiva, mientras que las reglas tienen carácter descriptivo. Inclusive de esta manera podrían estar presentes en un mismo texto.
Además, el término está muy relacionado con el de derecho. A éste último concepto pueden atribuírsele diferentes sentidos, siendo uno de los más recurrentes el de ordenamiento o sistema de normas jurídicas.
La relación entre ordenamiento jurídico y norma es el de todo con la parte. Es de carácter cuantitativo. El ordenamiento jurídico estaría constituido por el conjunto de las normas jurídicas. Es común que se confunda el concepto de norma jurídica con el de ley o legislación. Sin embargo, la ley es un tipo de norma jurídica, pero no todas las normas son leyes, pues son normas jurídicas también los reglamentos, órdenes ministeriales, decretos y, en general, cualquier acto administrativo que genere obligaciones o derechos. Cabe agregar que constituyen norma jurídicas aquéllas emanadas de los actos y contratos celebrados entre particulares o entre éstos y órganos estatales cuando actúan como particulares, sujetándose a las prescripciones de derecho privado.
Funciones:
Función motivadora: La norma trata de motivar para que se abstengan de violar las condiciones de convivencia y en especial, de dañar ciertos bienes jurídicos. Desplega sus efectos ex ante. Por ello, la sanción atiende a la prevención especial.para ver
Función protectora: La norma trata de proteger las condiciones de convivencia y en especial ciertos bienes jurídicos. Desplega sus efectos ex post. Por ello, la sanción atiende a la prevención general.
Estructura lógica de la norma jurídica:
Supuesto de hecho: requisitos establecidos en la norma de cuya realización se hace depender la producción de efectos jurídicos.
Deber ser: es el enlace lógico entre el supuesto de hecho y la consecuencia jurídica.
Consecuencia jurídica: contiene los efectos jurídicos, frutos de la valoración que ha hecho el legislador ante otros supuestos jurídicos contenidos en el supuesto de hecho de la norma.
La doble estructura de la norma jurídica:
Si no es A, debe ser B.
Si no es B, debe ser C.
Si no es supuesto de hecho, debe ser consecuencia jurídica.
Si no es consecuencia jurídica, debe ser sanción.
Elementos de la consecuencia jurídica:
Sujeto activo
Sujeto pasivo
Relación entre sujeto activo y sujeto pasivo
Derecho subjetivo-obligación
Objeto
Jurisprudencia
Tipos de supuesto de hecho:
Simple: sólo requisito.
Complejo: independientes y dependientes.
Independientes: son los datos cuya presencia no es necesaria para que se produzca la consecuencia jurídica.
Dependientes: simultáneos y sucesivos.
Simultáneos: cuando ocurre todo para que empiece a producirse la consecuencia jurídica.
Sucesivos: cuando, una vez producidos algunos efectos, concurren otros datos para producir nuevos efectos ya previstos.
Clasificaciones:
Clasificación en función de la voluntad del individuo:
Normas imperativas: Obligan independientemente de la voluntad del individuo.
Normas dispositivas: Obligan cuando no existe una voluntad expresa en contrario del individuo. Algunos autores incluyen dentro de esta categoría a las normas supletivas. También puede considerarse como dispositiva la norma interpretativa, es decir, aquella que va encaminada a determinar e interpretar la voluntad de las partes.
Clasificación hartiana:
Hart señalaba que lo que diferencia al derecho de otros sistemas normativos es que está formado por otros sistemas de normas: normas primarias y normas secundarias.
Normas primarias: son las normas de conducta, las normas de comportamiento y que califican como prohibido, permitido y obligatorio.
Las normas secundarias se introducen para remediar los defectos que padece o que tiene un sistema de derecho en el cual haya normas primarias solamente. Estos defectos serían: primero, la falta de certeza, que se remedia por las normas de reconocimiento; segundo, la inmovilidad, que se subsana mediante la norma de cambio; tercero, la ineficacia, que se pretende superar mediante las normas de adjudicación.
Mientras que las normas primarias imponen deberes y crean obligaciones, las secundarias pueden ser públicas o privadas.
Normas de cambio: son aquellas normas que nos indican cómo pueden derogarse total o parcialmente las normas del ordenamiento jurídico. Nos dicen también cómo es posible modificarlas y cómo introducir nuevas normas. Son las llamadas normas sobre la producción de normas. Además, estas normas determinan quién puede hacer estos cambios.
Otras:
1. Según si pueden o no ser sustituidas o modificadas por los sujetos de la relación
1.1 Normas de orden público, de derecho cogente o necesarias
Los sujetos, en sus relaciones, deben ceñirse a ellas, ineludiblemente, no pudiendo modificarlas por otras de su creación. Esto se debe al hecho de que manifiestan un preponderante interés colectivo.
1.2 Normas de orden privado
Son aquellas que las partes, en sus relaciones, pueden modificar o sustituir enteramente por otras elaboradas por ellas mismas, pues envuelven interés exclusivamente para los sujetos de la relación. Rigen en silencio de las partes, son supletorias de su voluntad.
2. Según el interés preponderante que tutelan, los sujetos de las relaciones y la calidad en que ellos actúan
2.1 Normas de derecho público 2.2 Normas de derecho privado
3. Según sean dictadas para una totalidad o determinada clase de personas, cosas o relaciones jurídicas
3.1 Normas de derecho común
Son las dictadas para la totalidad de las personas, cosas o relaciones jurídicas, por ejemplo, el derecho civil.
3.2 Normas de derecho especial
Son dictadas para una determinada clase de personas, cosas o relaciones jurídicas, en razón de ofrecer peculiaridades que exigen apartarla de la disciplina general de las normas comunes, como el derecho comercial.
Tenemos, entonces, que las normas de derecho común se aplican supletoriamente respecto de las de derecho especial, pero a la inversa, los vacíos legales comunes no pueden ser llenados con las normas de derecho especial. Es así como las normas generales del derecho civil suplen los preceptos de las demás ramas del derecho privado cuando ellas no existen, es decir, cuando existen vacíos legales.
4. Según el mandato que contengan las normas
4.1 Normas imperativas
Las que ordenan o mandan expresamente alguna cosa o imponen la observancia de ciertos requisitos para realizar el acto o definen ciertas materias.
4.2 Normas prohibitivas
Las que impiden o niegan la posibilidad de hacer algo.
4.3 Normas permisivas
Las que toleran alguna cosa o reconocen o declaran un derecho.
5.Según su función
5.1 Normas supletivas o integradoras
Suplen los vacíos del contenido de las declaraciones de la voluntad de las partes o autores de un acto jurídico.
5.2 Normas interpretativas o explicativas
Sirven de reglas para la interpretación de las normas jurídicas o de los actos jurídicos.
6. Según el tiempo de duración de las normas
6.1 Normas permanentes
Las que no tienen predeterminada su vigencia, porque se establecen para llenar necesidades permanentes y, por ende, rigen hasta que otra norma posterior no las prive de vigencia mediante la derogación.
6.2 Normas transitorias
Son las que tienen duración puramente temporal, ya sea para satisfacer una necesidad circunstancial o para facilitar el paso de la antigua legislación a la nueva.
7. Según la aplicación de principios
7.1 Normas regulares o normales
Son las que aplican de un modo u otro los principios generales de una rama del derecho o de una institución jurídica.
7.2 Normas excepcionales o singulares
Se aplican a casos que obedecen a principios antitéticos de los generales del ordenamiento jurídico. Son las que se inspiran en principios contrapuestos a aquellos, respecto de los cuales constituyen excepciones. Encuentran su explicación o razón de ser en la necesidad de proteger los intereses de una de las partes, de los terceros o de posibilitar la constitución de una relación jurídica o el ejercicio de un derecho que, ajustándose a las normas regulares o no, sería dable alcanzar o sería muy difícil.
8. Según disciplinen de forma directa o indirecta
8.1 Normas reguladoras o referidas
Son las que regulan en forma directa una relación jurídica.
8.2 Normas de aplicación, reenvío o referenciales
Son las que, para los casos que ellas contemplan, no establecen regulación, sino que disponen que ésta ha de ser la que para casos distintos contemplan otras normas. Por ejemplo, el artículo 1900 relativo a la permuta hace remisión a las normas reguladores de la compraventa.
9. Según su alcance
9.1 Normas de derecho general o común
Son las que rigen en todo el territorio.
9.2 Normas de derecho particular o local
Son las que imperan sólo en una parte determinada del territorio nacional.
10. Según la sanción
10.1 Normas perfectas
Son las dotadas de una sanción idónea.
10.2 Normas imperfectas
Son las desprovistas de toda sanción.
10.3 Normas menos que perfectas
Si bien se hallan dotadas de una sanción, esta no es adecuada.
11. Según su ámbito de aplicación
11.1 Normas rígidas o de derecho estricto
Son las que sólo pueden aplicarse a los supuestos que contemplan y no a otros por análogos o parecidos que fueran.
11.2 Normas elásticas o de derecho flexible
Son aquellas cuya aplicación puede extenderse a otros casos o supuestos por ellas contemplados, parecidos o análogos porque responden al espíritu de la norma y nada se opone a su aplicación extensiva o analógica, a ambas o, al menos, a la primera.
12. Según sus características
12.1 Normas sustantivas o materiales
Son las que tienen una finalidad propia y subsistente por sí, fijando la regla de conducta y las facultades y deberes de cada cual (por ejemplo, las normas de derecho civil).
12.2 Normas adjetivas o formales
Son las que poseen una existencia dependiente y subordinada, pues solo tienden a facilitar los medios para que se cumpla la regla establecida, garantizando el respeto a las facultades y deberes atribuidos por las normas sustantivas (por ejemplo, las normas de derecho procesal).
lunes, 21 de julio de 2008
Norma (lingüística) y Norma lingüística
La norma es en lingüística el conjunto de usos habituales que los hablantes de una lengua admiten con su uso cotidiano.
Sin embargo, Coseriu al hablar de norma le dio un significado distinto, al considerarla el plano de abstracción lingüística situado entre el sistema y el habla, términos que ya había propuesto Ferdinand de Saussure. Esa norma serían las realizaciones prototípicas en el caso de la fonética (alófonos) o las construcciones gramaticales estándar.
Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Norma_%28ling%C3%BC%C3%ADstica%29"
Norma lingüística:
La Norma Lingüística es el conjunto de prescripciones gramaticales y coincide con el uso generalmente aceptado de una lengua estándar o variedad lingüística estandarizada. También se aplica el término norma lingüística (con minúscula) a cualquiera de estas prescripciones concretas.
La norma está constituida por las estructuras fijadas social o tradicionalmente en una comunidad de habla concreta, y son de uso general dentro de dicha comunidad lingüística. Una posible definición de norma lingüística: «todo aquello fijado social o tradicionalmente en la técnica del habla»,[1] es el lenguaje en su institución social, que coincide con el «conjunto formalizado de las realizaciones tradicionales del sistema»,[2] que abarca todo lo ya existente, lo ya realizado en la comunidad lingüística.
La norma lingüística engloba la serie de usos lingüísticos que deben observarse para hablar y escribir correctamente un idioma. El concepto de correcto se determina teniendo en cuenta:
los usos que han ido conformando un sistema lingüístico a partir de su componente etimológico y de su evolución histórica. Así, sabemos que el pretérito perfecto simple de andar no es *andó sino anduvo; y que las expresiones del tipo *los asuntos a tratar no son correctas en castellano.
los usos que se van imponiendo y son tenidos como correctos, o como mas elegantes, por los hablantes cultos. por ejemplo, se considera más elegante decir te presento a mi mujer, que te presento a mi señora.
Debe señalarse que lo normativo no siempre coincide en todos los lugares debido a la exitencia de diversas variedades lingüísticas. Por ejemplo dentro del territorio de dominio del español, el seseo, por ejemplo, es "norma culta" en Andalucía, en Canarias y en Hispanoamérica, pero no lo es en el habla de Castilla; el voseo es normativo en Argentina, pero no en España ni en la mayor parte de Hispanoamérica.
Sin embargo, Coseriu al hablar de norma le dio un significado distinto, al considerarla el plano de abstracción lingüística situado entre el sistema y el habla, términos que ya había propuesto Ferdinand de Saussure. Esa norma serían las realizaciones prototípicas en el caso de la fonética (alófonos) o las construcciones gramaticales estándar.
Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Norma_%28ling%C3%BC%C3%ADstica%29"
Norma lingüística:
La Norma Lingüística es el conjunto de prescripciones gramaticales y coincide con el uso generalmente aceptado de una lengua estándar o variedad lingüística estandarizada. También se aplica el término norma lingüística (con minúscula) a cualquiera de estas prescripciones concretas.
La norma está constituida por las estructuras fijadas social o tradicionalmente en una comunidad de habla concreta, y son de uso general dentro de dicha comunidad lingüística. Una posible definición de norma lingüística: «todo aquello fijado social o tradicionalmente en la técnica del habla»,[1] es el lenguaje en su institución social, que coincide con el «conjunto formalizado de las realizaciones tradicionales del sistema»,[2] que abarca todo lo ya existente, lo ya realizado en la comunidad lingüística.
La norma lingüística engloba la serie de usos lingüísticos que deben observarse para hablar y escribir correctamente un idioma. El concepto de correcto se determina teniendo en cuenta:
los usos que han ido conformando un sistema lingüístico a partir de su componente etimológico y de su evolución histórica. Así, sabemos que el pretérito perfecto simple de andar no es *andó sino anduvo; y que las expresiones del tipo *los asuntos a tratar no son correctas en castellano.
los usos que se van imponiendo y son tenidos como correctos, o como mas elegantes, por los hablantes cultos. por ejemplo, se considera más elegante decir te presento a mi mujer, que te presento a mi señora.
Debe señalarse que lo normativo no siempre coincide en todos los lugares debido a la exitencia de diversas variedades lingüísticas. Por ejemplo dentro del territorio de dominio del español, el seseo, por ejemplo, es "norma culta" en Andalucía, en Canarias y en Hispanoamérica, pero no lo es en el habla de Castilla; el voseo es normativo en Argentina, pero no en España ni en la mayor parte de Hispanoamérica.
Nomos
http://www.e-torredebabel.com/Historia-de-la-filosofia/Filosofiagriega/Presocraticos/Nomos.htm
Este término griego se puede traducir por ley, y más en particular la ley de la ciudad.
La cuestión del fundamento de la ley de la ciudad, y en general de la ley moral y política, es una preocupación que ya se encuentra en los primero filósofos, pero con los sofistas se hace más consciente y explícita. Las soluciones más comunes a esta cuestión ya las encontramos en la cultura griega y son las siguientes:
la ley tiene como fundamento lo sobrenatural;
la ley tiene como fundamento la naturaleza;
la ley descansa en los avatares humanos, en su historia y situaciones vitales concretas y contingentes.
La primer explicación dominó el mundo griego antiguo y es característica de la actitud mítica, de la justificación religiosa y la justificación teológica que encontramos en algunos filósofos como Santo Tomás.
La segunda explicación es más típicamente filosófica y es la que prefirieron la mayoría de filósofos griegos. Estos filósofos creyeron que la naturaleza podía darnos un criterio para establecer la corrección de las leyes morales al considerar que lo bueno es lo natural y lo malo lo antinatural.
La tercera explicación consiste en justificar el derecho y la ley de la ciudad indicando que ésta es convencional, consecuencia de los avatares humanos y en último término arbitraria. En la actualidad se suelen dar explicaciones de este tipo para explicar el origen de los derechos básicos (así, se habla de la voluntad soberana de los ciudadanos para regir su destino y establecer el código moral al que se han de someter).
La posición de los sofistas al respecto no es clara: si identificamos el movimiento sofista con las tesis relativistas de Protágoras, parece que defendieron el carácter no objetivo, arbitrario, de las leyes morales, sugiriendo que cada cultura o sociedad tiene su punto de vista, sus valoraciones y códigos morales, no siendo mejor ni peor ninguno de ellos. En los sofistas de la segunda generación como Trasímaco encontramos un punto de vista diferente. Este sofista recupera el papel de la Naturaleza en la cuestión de la fundamentación de la ley, pero considera que las leyes vigentes en las ciudades no son adecuadas, precisamente por no ser naturales. Su visión de la naturaleza le lleva a considerar a ésta como un lugar de enfrentamiento y lucha entre las distintas especies e individuos, como el ámbito en el que sobreviven los más capaces, los mejor dotados. Cree encontrar dos principios básicos en la Naturaleza: la ley del más fuerte y el egoísmo. Como consecuencia de ello, y aunque los textos de los que disponemos son fragmentarios y confusos, parece que defendió la necesidad del dominio del fuerte sobre el débil también en la sociedad.
En el siguiente texto del Gorgias de Platón, el sofista Calicles, defiende también la ley (nomos) del más fuerte como expresión de la ley de la naturaleza.
Pero, según mi parecer, los que establecen las leyes son los débiles y la multitud. En efecto, mirando a sí mismos y a su propia utilidad establecen las leyes, disponen las alabanzas y determinan las censuras. Tratando de atemorizar a los hombres más fuertes y a los capaces de poseer mucho, para que no tengan más que ellos, dicen que adquirir mucho es feo e injusto, y que eso es cometer injusticia: tratar de poseer más que los otros. En efecto, se sienten satisfechos, según creo, con poseeer lo mismo siendo inferiores.
Por esta razón, con arreglo a la ley se dice que es injusto y vergonzoso tratar de poseer más que la mayoría y a esto llaman cometer injusticia. Pero, según yo creo, la naturaleza misma demuestra que es justo que el fuerte tenga más que el débil y el poderoso más que el que no lo es. Y lo demuestra que es así en todas partes, tanto en los animales como en todas las ciudades y razas humanas, el hecho de que de este modo se juzga lo justo: que el fuerte domine al débil y posea más... Pero yo creo que si llegara a haber un hombre con índole apropiada, sacudiría, quebraría y esquivaría todo esto, y pisoteando nuestros escritos, engaños, encantamientos y todas las leyes contrarias a la naturaleza, se sublevaría y se mostraría dueño este nuestro esclavo, y entonces resplandecería la justicia de la naturaleza.
Platón, Gorgias, 483b-484b
(Biblioteca clásica Gredos. Diálogos. Traducción: J. Calonge.)
Este término griego se puede traducir por ley, y más en particular la ley de la ciudad.
La cuestión del fundamento de la ley de la ciudad, y en general de la ley moral y política, es una preocupación que ya se encuentra en los primero filósofos, pero con los sofistas se hace más consciente y explícita. Las soluciones más comunes a esta cuestión ya las encontramos en la cultura griega y son las siguientes:
la ley tiene como fundamento lo sobrenatural;
la ley tiene como fundamento la naturaleza;
la ley descansa en los avatares humanos, en su historia y situaciones vitales concretas y contingentes.
La primer explicación dominó el mundo griego antiguo y es característica de la actitud mítica, de la justificación religiosa y la justificación teológica que encontramos en algunos filósofos como Santo Tomás.
La segunda explicación es más típicamente filosófica y es la que prefirieron la mayoría de filósofos griegos. Estos filósofos creyeron que la naturaleza podía darnos un criterio para establecer la corrección de las leyes morales al considerar que lo bueno es lo natural y lo malo lo antinatural.
La tercera explicación consiste en justificar el derecho y la ley de la ciudad indicando que ésta es convencional, consecuencia de los avatares humanos y en último término arbitraria. En la actualidad se suelen dar explicaciones de este tipo para explicar el origen de los derechos básicos (así, se habla de la voluntad soberana de los ciudadanos para regir su destino y establecer el código moral al que se han de someter).
La posición de los sofistas al respecto no es clara: si identificamos el movimiento sofista con las tesis relativistas de Protágoras, parece que defendieron el carácter no objetivo, arbitrario, de las leyes morales, sugiriendo que cada cultura o sociedad tiene su punto de vista, sus valoraciones y códigos morales, no siendo mejor ni peor ninguno de ellos. En los sofistas de la segunda generación como Trasímaco encontramos un punto de vista diferente. Este sofista recupera el papel de la Naturaleza en la cuestión de la fundamentación de la ley, pero considera que las leyes vigentes en las ciudades no son adecuadas, precisamente por no ser naturales. Su visión de la naturaleza le lleva a considerar a ésta como un lugar de enfrentamiento y lucha entre las distintas especies e individuos, como el ámbito en el que sobreviven los más capaces, los mejor dotados. Cree encontrar dos principios básicos en la Naturaleza: la ley del más fuerte y el egoísmo. Como consecuencia de ello, y aunque los textos de los que disponemos son fragmentarios y confusos, parece que defendió la necesidad del dominio del fuerte sobre el débil también en la sociedad.
En el siguiente texto del Gorgias de Platón, el sofista Calicles, defiende también la ley (nomos) del más fuerte como expresión de la ley de la naturaleza.
Pero, según mi parecer, los que establecen las leyes son los débiles y la multitud. En efecto, mirando a sí mismos y a su propia utilidad establecen las leyes, disponen las alabanzas y determinan las censuras. Tratando de atemorizar a los hombres más fuertes y a los capaces de poseer mucho, para que no tengan más que ellos, dicen que adquirir mucho es feo e injusto, y que eso es cometer injusticia: tratar de poseer más que los otros. En efecto, se sienten satisfechos, según creo, con poseeer lo mismo siendo inferiores.
Por esta razón, con arreglo a la ley se dice que es injusto y vergonzoso tratar de poseer más que la mayoría y a esto llaman cometer injusticia. Pero, según yo creo, la naturaleza misma demuestra que es justo que el fuerte tenga más que el débil y el poderoso más que el que no lo es. Y lo demuestra que es así en todas partes, tanto en los animales como en todas las ciudades y razas humanas, el hecho de que de este modo se juzga lo justo: que el fuerte domine al débil y posea más... Pero yo creo que si llegara a haber un hombre con índole apropiada, sacudiría, quebraría y esquivaría todo esto, y pisoteando nuestros escritos, engaños, encantamientos y todas las leyes contrarias a la naturaleza, se sublevaría y se mostraría dueño este nuestro esclavo, y entonces resplandecería la justicia de la naturaleza.
Platón, Gorgias, 483b-484b
(Biblioteca clásica Gredos. Diálogos. Traducción: J. Calonge.)
viernes, 18 de julio de 2008
Siglo de Oro Español
Por Siglo de Oro se entiende la época clásica o de apogeo de la cultura española, esencialmente el Renacimiento del siglo XVI y el Barroco del siglo XVII. Ciñéndose a fechas concretas de acontecimientos clave, dicho período abarcaría desde la publicación de la Gramática castellana de Antonio de Nebrija (1492) hasta la muerte de Calderón (1681). El punto más alto de este apogeo se encuentra en la obra de Miguel de Cervantes y Lope de Vega.
La elección de 1492 no es casual: en ese año termina el poder político musulmán en la Península con la conquista del Reino de Granada, aunque una minoría morisca seguirá siendo tolerada en Castilla, Aragón y Andalucía hasta el reinado de Felipe III; por otra parte se expulsa a los judíos que no se cristianizan y éstos fundan colonias hispanas por toda Europa, Asia y Norte de África, donde siguen cultivando su lengua y escribiendo literatura en castellano y produciendo figuras notables, como el economista y escritor José Penso de la Vega, Miguel de Barrios o Manuel de Pina; el afán guerrero fraguado a partir de siglos de Reconquista medieval desborda el cauce peninsular y se proyecta sobre la América recién descubierta y Europa en lo que el prestigioso historiador francés Pierre Vilar calificaría como "la gesta más extraordinaria de la historia de la Humanidad". Los Reyes Católicos articulan con su unión dinástica un estado fuerte y cuyos éxitos son envidiados por historiadores de la época como Nicolás Maquiavelo, pero controlado ideológicamente por una muy dura Inquisición.
A finales del siglo XVIII la expresión «Siglo de Oro», con la que Lope de Vega aludía al suyo y que suscitaba la admiración de Don Quijote en su famoso discurso sobre la Edad de Oro, ya se había popularizado y en el siglo XIX la terminó de consagrar el hispanista norteamericano George Ticknor en su Historia de la literatura española, aludiendo al famoso mito de la Teogonía de Hesíodo en que hubo una serie de edades de hombres de distintos metales cada vez más degradados.
Fue un periodo de gran florecimiento político y económico en España, que alcanzó un gran renombre y prestigio internacional; durante esta época todo lo «nuevo» en Europa venía de España y era imitado con gusto y aplicación; se puso de moda saber la lengua española (véase Hispanismo). Se desarrollan en especial la literatura, las artes plásticas, la música y la Arquitectura. Los centros de mayor importancia cultural son las Universidades de Salamanca, Alcalá de Henares y Sevilla, así como ciudades como Sevilla, la más grande de la época, donde afluían todas las riquezas y novedades de América y los comerciantes y banqueros más importantes de Europa (también la delincuencia internacional, atraída por tal riqueza), y Toledo, Valencia y Zaragoza. Los metales preciosos, las perlas y las esmeraldas desarrollaron notablemente, aparte del arte de la orfebrería, tambien las del lujo, aunque la mayor parte de esa riqueza marchó a Europa para pagar las costosas guerras que imponían las ambiciones imperiales de los Austrias. En el terreno de las humanismo su cultivo fue más extenso que profundo y de matiz más divulgativo que erudito, a pesar de que la filología ofreció testimonios eminentes como la Biblia políglota complutense o la Biblia de Benito Arias Montano, mientras que en el científico hubo avances importantes en Lingüística (Francisco Sánchez de las Brozas y su Minerva; las numerosas gramáticas de lenguas indias realizadas por los misioneros), Geografía, Cartografía, Antropología y Ciencias naturales (Botánica, Mineralogía etc.), como consecuencia del descubrimiento de América. Hubo también figuras eminentes en Matemáticas (Sebastián Izquierdo, Juan Caramuel, Pedro Nunes, Omerique, Pedro Ciruelo, Juan de Rojas y Sarmiento, Rodrigo Zamorano), Física, Medicina, Farmacología (Andrés Laguna), Psicología (Juan Luis Vives, Juan Huarte de San Juan) y Filosofía (Francisco Suárez). Igualmente se desarrollaron, a causa del gran impacto que tuvieron los descubrimientos de nuevos pueblos, el derecho natural y el derecho de gentes, con figuras como Bartolomé de las Casas, influyente precursor de los derechos humanos y defensor del iusnaturalismo en su De regia potestate, o Francisco de Vitoria.
El Siglo de Oro abarca dos periodos estéticos, que corresponden al Renacimiento del siglo XVI (reinados de Fernando el Católico, Carlos I y Felipe II), y al Barroco del siglo XVII (reinados de Felipe III, Felipe IV y Carlos II). El eje de estas dos épocas o fases puede ponerse en el Concilio de Trento y la reacción contrarreformista.
Literatura:
España produjo en su edad clásica algunas estéticas y géneros literarios característicos que fueron muy influyentes en el desarrollo ulterior de la Literatura Universal.
Entre las estéticas, fue fundamental el desarrollo de una realista y popularizante tal como se había venido fraguando durante toda la Edad Media peninsular como contrapartida crítica al excesivo, caballeresco y nobilizante idealismo del Renacimiento: se crean géneros tan naturalistas como el celestinesco (Tragicomedia de Calisto y Melibea de Fernando de Rojas, Segunda Celestina de Feliciano de Silva, etc.), la novela picaresca (Lazarillo de Tormes anónimo, Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, Estebanillo González), o la proteica novela polifónica moderna (Don Quijote de la Mancha), que Cervantes definió como «escritura desatada».
A esta vulgarización literaria corresponde una subsecuente vulgarización de los saberes humanísticos mediante los populares géneros de las misceláneas o silvas de varia lección, leidísimas y traducidísimas en toda Europa, y cuyos autores más importantes son Pero Mexía, Luis Zapata, Antonio de Torquemada, etcétera.
A esta tendencia anticlásica corresponde también la fórmula de la comedia nueva creada por Lope de Vega y divulgada a través de su Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo (1609): una explosión inigualable de creatividad dramática acompañó a Lope de Vega y sus discípulos, que quebrantaron como él las unidades aristotélicas de acción, tiempo y lugar: todos los autores dramáticos de Europa acudieron luego al teatro clásico español del Siglo de Oro en busca de argumentos y como una rica almoneda y cantera de temas y estructuras modernas cuyo pulimento les ofrecerá obras de carácter clásico.
Muchos de estos temas provenían de la rica tradición medieval pluricultural, árabe y hebrea, del Romancero y de la impronta italianizante de la cultura española, a causa de la presencia política del reino español en la península itálica durante largos siglos. Por otra parte, géneros dramáticos como el entremés y la novela cortesana introdujeron también la estética realista en los corrales de comedias, y aun la comedia de capa y espada tenía su representante popular en la figura del gracioso.
España produjo en su edad clásica algunas estéticas y géneros literarios característicos que fueron muy influyentes en el desarrollo ulterior de la Literatura Universal.
Entre las estéticas, fue fundamental el desarrollo de una realista y popularizante tal como se había venido fraguando durante toda la Edad Media peninsular como contrapartida crítica al excesivo, caballeresco y nobilizante idealismo del Renacimiento: se crean géneros tan naturalistas como el celestinesco (Tragicomedia de Calisto y Melibea de Fernando de Rojas, Segunda Celestina de Feliciano de Silva, etc.), la novela picaresca (Lazarillo de Tormes anónimo, Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, Estebanillo González), o la proteica novela polifónica moderna (Don Quijote de la Mancha), que Cervantes definió como «escritura desatada».
A esta vulgarización literaria corresponde una subsecuente vulgarización de los saberes humanísticos mediante los populares géneros de las misceláneas o silvas de varia lección, leidísimas y traducidísimas en toda Europa, y cuyos autores más importantes son Pero Mexía, Luis Zapata, Antonio de Torquemada, etcétera.
A esta tendencia anticlásica corresponde también la fórmula de la comedia nueva creada por Lope de Vega y divulgada a través de su Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo (1609): una explosión inigualable de creatividad dramática acompañó a Lope de Vega y sus discípulos, que quebrantaron como él las unidades aristotélicas de acción, tiempo y lugar: todos los autores dramáticos de Europa acudieron luego al teatro clásico español del Siglo de Oro en busca de argumentos y como una rica almoneda y cantera de temas y estructuras modernas cuyo pulimento les ofrecerá obras de carácter clásico.
Muchos de estos temas provenían de la rica tradición medieval pluricultural, árabe y hebrea, del Romancero y de la impronta italianizante de la cultura española, a causa de la presencia política del reino español en la península itálica durante largos siglos. Por otra parte, géneros dramáticos como el entremés y la novela cortesana introdujeron también la estética realista en los corrales de comedias, y aun la comedia de capa y espada tenía su representante popular en la figura del gracioso.
A esta corriente de realismo popularizador sucedió una reacción religiosa, nobiliaria y cortesana de signo Barroco que también hizo notables aportaciones estéticas, correspondiendo a una época de crisis política, económica y social. Al lenguaje claro y popular del siglo XVI, el castellano vivo, creador y en perpetua ebullición de Bernal Díaz del Castillo y Santa Teresa («sin afectación alguna escribo como hablo, y solamente tengo cuidado en escoger las palabras que mejor indican lo que quiero decir», escribía Juan de Valdés, de lo que se hacía eco Garcilaso cuando decía «más a las veces son mejor oídos / el puro ingenio y lengua casi muda / testigos limpios de ánimo inocente / que la curiosidad del elocuente») sucederá, aun siendo cronológicamente más reciente, la lengua más oscura, enigmática y cortesana del Barroco. Resulta, pues, que la literatura del Renacimiento de hace cinco siglos es más legible que la lengua del Barroco de hace cuatro.
La lengua literaria del Barroco se enrarece con las estéticas del Conceptismo y del Culteranismo, cuyo fin era elevar lo noble sobre lo vulgar, intelectualizando el arte de la palabra; la literatura se transforma en una especie de escolástica, en un juego o un espectáculo y las producciones moralizantes y por extremo ingeniosas de un Francisco de Quevedo y un Baltasar Gracián distorsionan la lengua, aportándole más flexibilidad expresiva y una nueva cantera de vocablos (cultismos). El lúcido Calderón crea la fórmula del auto sacramental, que supone la vulgarización antipopular y esplendorosa de la Teología, en deliberada antítesis con el entremés, que, sin embargo, todavía sigue teniendo curso; pues estos autores todavía son deudores y admiradores de los autores del XVI, a los que imitan conscientemente, aunque para no repetirse refinan sus fórmulas y estilizan cortesanamente lo que otros ya crearon, de forma que se perfeccionan temas y fórmulas dramáticas ya usadas por otros autores anteriores.
A fines del siglo XVI se desarrolla notablemente la Mística (Juan de la Cruz, San Juan Bautista de la Concepción, San Juan de Ávila, Santa Teresa de Jesús) y la Ascética (fray Luis de León, fray Luis de Granada), para entrar en el siglo XVII en decadencia tras una última corriente innovadora, el Quietismo de Miguel de Molinos.
Poesía:
España experimentó una gran ola de italianismo que invadió la literatura y las artes plásticas durante el siglo XVI y que es uno de los rasgos de identidad del Renacimiento: Garcilaso de la Vega, Juan Boscán y Diego Hurtado de Mendoza introdujeron el verso endecasílabo italiano y el estrofismo y los temas del Petrarquismo; Boscán escribió el manifiesto de la nueva escuela en la Epístola a la duquesa de Soma y tradujo El cortesano de Baltasar de Castiglione en perfecta prosa castellana; contra estos se levantaron nacionalistas como Cristóbal de Castillejo o Fray Ambrosio Montesino, partidarios del octosílabo y de las coplas castellanas, pero igualmente renacentistas. En la segunda mitad del siglo XVI ambas tendencias coexistieron y se desarrolló la ascética y la mística, alcanzándose cumbres como las que representan San Juan de la Cruz, Santa Teresa y Fray Luis de León; el petrarquismo siguió siendo cultivado por autores como Fernando de Herrera, y un grupo de jóvenes nuevos autores comenzó a desarrollar un Romancero nuevo, a veces de tema morisco: Lope de Vega, Luis de Góngora y Miguel de Cervantes; el mejor poema de épica culta en español fue compuesto en esta época por Alonso de Ercilla, La Araucana, que narra la conquista de Chile por los españoles, y entre las figuras excepcionales de la lírica figuran poetas tan interesantes como Francisco de Aldana, al lado de figuras como Andrés Fernández de Andrada, los hermanos Bartolomé y Lupercio Leonardo de Argensola, Francisco de Rioja, Rodrigo Caro, Baltasar del Alcázar o Bernardo de Balbuena.
Posteriormente, durante el siglo XVII, la expresión literaria fue dominada por los movimientos estéticos del conceptismo y del culteranismo, expresado el primero en la poesía de Francisco de Quevedo y el segundo en la lírica de Luis de Góngora. El conceptismo se distinguía por la economía en la forma, a fin de expresar el máximo significado en un mínimo de palabras; esta complejidad se expresaba sobre todo en paradojas y elipsis. El culturanismo, por el contrario, extendía la forma de un significado mínimo y se distinguía por la complejidad sintáctica, por el uso constante del hipérbaton, que hace muy difícil la lectura, y por la profusión de los elementos ornamentales y culturalistas en el poema, que debía descifrarse como un enigma. Ambos parecen sin embargo las caras de una misma moneda que intentaba aquilatar la expresión para hacerla más difícil y cortesana. Luis de Góngora atrajo a su estilo a poetas importantes de personalidad muy acusada, como el Conde de Villamediana, Gabriel Bocángel, sor Juana Inés de la Cruz o Juan de Jáuregui, mientras que el conceptismo tuvo a seguidores más templados, como el Conde de Salinas o imbuidos de un culto casticismo, como Lope de Vega o Bernardino de Rebolledo.
Teatro:
El «monstruo de la naturaleza», como lo llamó Cervantes, fue, en el Siglo de Oro, Lope de Vega, también conocido como «el Fénix de los Ingenios», autor de cerca de 1.500 obras teatrales, novelas, poemas épicos y narrativos y varias colecciones de poesía lírica profana, religiosa y humorística. Lope destacó como consumado maestro del soneto. Su aportación al teatro universal fue principalmente una portentosa imaginación, de la que se aprovecharon sus contemporáneos y sucesores extrayendo temas, argumentos, motivos y toda suerte de inspiración. Su teatro, polimétrico, rompe con las unidades de acción, lugar y tiempo, y también con la de estilo, mezclando lo trágico con lo cómico. Expuso su peculiar arte dramático en su Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo (1609). Flexibilizó las normas clasicistas del aristotelismo para adecuarse a su tiempo y abrió con ello las puertas a la renovación del arte dramático. También creó el molde de la llamada comedia de capa y espada.
Junto a él, destacan sus discípulos Guillén de Castro, que prescinde del personaje cómico del gracioso y elabora grandes dramas caballerescos sobre el honor junto a comedias de infelicidad conyugal o tragedias en las que se trata el tiranicidio; Juan Ruiz de Alarcón, que aportó su gran sentido ético de crítica de los defectos sociales y una gran maestría en la caracterización de los personajes; Luis Vélez de Guevara, al que se le daban muy bien los grandes dramas históricos y de honor; Antonio Mira de Amescua, muy culto y fecundo en ideas filosóficas, y Tirso de Molina, maestro en el arte de complicar diabólicamente la trama y crear caracteres como el de Don Juan en El burlador de Sevilla.
El otro gran dramaturgo áureo en crear una escuela propia fue Pedro Calderón de la Barca; sus personajes son fríos razonadores y con frecuencia obsesivos; su versificación reduce conscientemente el repertorio métrico de Lope de Vega y también el número de escenas, porque las estructuras dramáticas están más cuidadas y tienden a la síntesis; se preocupa también más que Lope por los elementos escenográficos y refunde comedias anteriores, corrigiendo, suprimiendo, añadiendo y perfeccionando; es un maestro en el arte del razonamiento silogístico y utiliza un lenguaje abstracto, retórico y elaborado que sin embargo supone una vulgarización comprensible del culteranismo; destaca en especial en el auto sacramental, género alegórico que se avenía con sus cualidades y llevó a su perfección, y también en la comedia.
Tuvo por discípulos e imitadores de estas cualidades a una serie de autores que refundieron obras anteriores de Lope o sus discípulos puliéndolas y perfeccionándolas: Agustín Moreto, maestro del diálogo y la comicidad cortesana; Francisco de Rojas Zorrilla, tan dotado para la tragedia como para la comedia; Antonio de Solís, también historiador y propietario de una prosa que ya es neoclásica, o Francisco Bances Candamo, teorizador sobre el drama, entre otros no menos importantes.
Pueden citarse como obras maestras representativas del teatro Barroco español la Numancia de Miguel de Cervantes, un sobrio drama heroico nacional; de Lope, El caballero de Olmedo, drama poético al borde mismo de lo fantástico y lleno de resonancias celestinescas; Peribáñez y el Comendador de Ocaña, antecedente del drama rural español; El perro del hortelano, deliciosa comedia donde una mujer noble juguetea con las intenciones amorosas de su plebeyo secretario, La dama boba, donde el amor perfecciona a los seres que martiriza, y Fuenteovejuna, drama de honor colectivo, entre otras muchas piezas donde siempre hay alguna escena genial.
Las mocedades del Cid de Guillén de Castro, inspiración para el famoso «conflicto cornelliano» de Le Cid de Pierre Corneille; Reinar después de morir de Luis Vélez de Guevara, sobre el tema de Inés de Castro, que pasó con esta obra al drama europeo; La verdad sospechosa y Las paredes oyen, de Juan Ruiz de Alarcón, que atacan los vicios de la hipocresía y la maledicencia y sirvieron de inspiración para Molière y otros comediógrafos franceses; El esclavo del demonio de Antonio Mira de Amescua, sobre el tema de Fausto; La prudencia en la mujer, que explora el tema de la traición reiterada y donde aparece el recio carácter de la reina regente María de Molina, y El burlador de Sevilla, de Tirso de Molina, sobre el tema del donjuán y la leyenda del convidado de piedra.
De Calderón destacan obras maestras como La vida es sueño, sobre los temas del libre albedrío y el destino; El príncipe constante, donde aparece una concepción existencial de la vida; las dos partes de La hija del aire, la gran tragedia de la ambición en la persona de la reina Semíramis; los grandes dramas de honor sobre personajes enloquecidos por los celos, como El mayor monstruo del mundo, El médico de su honra o El pintor de su deshonra.
De entre sus comedias destacan La dama duende, y cultivó asimismo dramas mitológicos como Céfalo y Procris, de los que él mismo sacó la comedia burlesca del mismo título; también, autos sacramentales como El gran teatro del mundo o El gran mercado del mundo.
Entre sus discípulos tenemos las comedias clásicas de Agustín Moreto, como El desdén con el desdén, El lindo don Diego y San Franco de Sena; Francisco de Rojas Zorrilla con la comedia de figurón Entre bobos anda el juego, el drama de honor Del rey abajo ninguno y la deliciosa y moderna comedia de Abre el ojo. De Antonio de Solís, El amor al uso y Un bobo hace ciento; de Francisco Bances Candamo, las tragedias políticas El esclavo en grillos de oro y La piedra filosofal.
Otro género teatral importante, y a veces descuidado por la crítica, es el entremés, donde mejor y con más objetividad puede estudiarse la sociedad española durante el Siglo de Oro. Se trata de una pieza cómica en un acto, escrita en prosa o verso, que se intercalaba entre la primera y la segunda jornada de las comedias. Corresponde a la farsa europea, y en él destacaron autores como Luis Quiñones de Benavente y Miguel de Cervantes, entre otros.
Prosa:
La prosa en el Siglo de Oro ostenta géneros y autores que han pasado a la historia de la literatura universal. La conquista de América dio lugar al género de las Crónicas, entre las que podemos encontrar algunas obras maestras, como las de Fray Bartolomé de las Casas, el Inca Garcilaso de la Vega, Bernal Díaz del Castillo y Antonio de Solís. También son espléndidas algunas autobiografías de soldados, como las de Alonso de Contreras o Diego Duque de Estrada. La primera obra maestra fue sin duda La Celestina, pieza teatral irrepresentable y originalísima obra de un desconocido autor y de Fernando de Rojas, que marcó para siempre el Realismo en una parte esencial de la literatura española, cuya riqueza abona también ficciones caballerescas tan maravillosas y fantásticas como los libros de caballerías, menos leídos en la actualidad de lo que merecen, habida cuenta de que figuran entre sus piezas más destacadas novelas como Tirante el Blanco, escrita en valenciano, Amadís de Gaula o el Palmerín de Inglaterra; un autor característico del género fue Feliciano de Silva.
La novela picaresca tiene entre sus títulos obras maestras como el anónimo Lazarillo de Tormes, una sátira anticlerical y descarnada de las ínfulas de nobleza y el sentido de la honra de la clase alta; la Vida del pícaro Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán, pesimista reflexión sobre el destino humano; la Vida del escudero Marcos de Obregón de Vicente Espinel, llena por el contrario de alegría de la vida; El Buscón de Francisco de Quevedo, una obra maestra del humor y del lenguaje conceptista, y el anónimo Estebanillo González, que ofrece una visión espléndida de la decadencia de España en el escenario europeo. La novela cortesana suministró las obras maestras que constituyen las Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes, cada una en sí misma un experimento narrativo; su inmortal Don Quijote de la Mancha, de la que habría que escribir capítulo aparte a causa de la riqueza de los contenidos y cuestiones que plantea y que viene a ser la primera novela polifónica de la literatura europea. La novela pastoril cuenta con obras maestras como las Dianas de Jorge de Montemayor y de Gaspar Gil Polo, o Siglo de Oro en las selvas de Erifile de Bernardo de Balbuena. La novela bizantina cuenta con ejemplos como El peregrino en su patria de Lope de Vega, quien realiza la hazaña de incluir todas sus aventuras en la Península, o el Persiles de Cervantes. Novela filosófica emparentada con este género es el Criticón, de Baltasar Gracián, alegoría de la vida humana. La prosa doctrinal, en ciernes ensayística, tiene por autores modélicos a Pero Mexía, Luis Zapata, Fray Antonio de Guevara (Epístolas familiares), Fray Luis de León (De los nombres de Cristo), San Juan de la Cruz (Comentarios al Cántico espiritual y otros poemas), Francisco de Quevedo (Marco Bruto y Providencia de Dios) y Diego Saavedra Fajardo (República literaria y Corona gótica).
Artes plásticas y pintura:
En las artes plásticas destaca la pintura; a la primera fase corresponden los dos Berruguetes, el pintor Pedro y el escultor Alonso, Pedro Machuca, Luis de Morales «el Divino», los leonardescos Juan de Juanes y Fernando Yáñez de la Almedina; a la segunda Vicente Macip, Juan Fernández de Navarrete, «el Mudo», Alonso Sánchez Coello, los dos Herreras (el Viejo y el Mozo), así como El Greco, principal exponente del Manierismo pictórico en Castilla.
Al barroco pertenecen Diego Velázquez, pintor de complejas composiciones intelectualizadas que ahonda en el misterio de la cruda e intensa luz y la perspectiva aérea; los tenebristas caravaggiescos Francisco de Zurbarán, gran pintor de frailes y bodegones, Francisco Ribalta y José de Ribera, formado en Italia, donde era llamado «el Españoleto», y a quien se le daban especialmente bien las tonalidades de la piel; en Sevilla se oscila entre la dulzura de Bartolomé Esteban Murillo y el tenebrismo tétrico de Juan de Valdés Leal, y en Córdoba Antonio del Castillo.
Hay que citar también a Juan Bautista Maíno, pintor de alegorías políticas, Claudio Coello, Juan Carreño de Miranda, Vicente Carducho, el retratista Juan Pantoja de la Cruz; Luis Tristán, uno de los escasos discípulos de El Greco, que añade al estilo del maestro elementos naturalistas; Juan Bautista Martínez del Mazo, Pedro Orrente, Bartolomé González, Juan Sánchez Cotán, famoso por sus bodegones, Eugenio Cajés, Antonio Pereda, autor de El sueño del caballero; Mateo Cerezo, el paisajista Francisco Collantes, Juan Antonio Frías y Escalante, José Antolínez y otros muchos.
En lo tocante a a escultura hay que nombrar por supuesto el correlato de la ascética y la mística del siglo XVI: Gregorio Fernández, Juan de Juni, Alonso Cano, también pintor.
Música:
También para la música española fue este el siglo de oro. La labor de compositores cortesanos, que unían su labor de músico a la de dramaturgo y poeta, tiene un buen ejemplo en Juan del Encina.
Pero más importante aún fue la labor de compositores y organistas que, partiendo del motete y el madrigal italiano de Palestrina, desarrollaron una gran polifonía, al servicio sobre todo de los oficios religiosos. Destacan las figuras de Cristóbal de Morales, Francisco Guerrero y sobre todo la del gran Tomás Luis de Victoria, majestuosa, inspirada y mística. Se ha comparado en su profundidad y emoción ascética a la pintura de El Greco, y hoy, gracias a la labor de estudiosos y difusores de su música como Jordi Savall, es reconocido como uno de los más grandes compositores de todos los tiempos.
Destaca la escuela de vihuela española del siglo XVI. Aparecieron grandes figuras, como Esteban Daza, Miguel de Fuenllana, Luys de Milán, Alonso Mudarra, Luis de Narváez y Enríquez de Valderrábano. Gaspar Sanz, ya en el último cuarto del siglo XVII, dio un impulso definitivo a la guitarra, con su obra Instrucción de música sobre la guitarra española.
Por su obra para teclado ganó fama Antonio de Cabezón.
Todos ellos conformaron un periodo de esplendor para la música española, que, salvo figuras aisladas, no volvió a alcanzar las cotas a las que se llegó en esta época.
Sin embargo gran parte de este patrimonio musical se ha perdido, y al respecto bien vale recordar a Francisco de Salinas, cuya música tanto deleitaba a Fray Luis de León, pero del que no se ha conservado ninguna partitura
Arquitectura:
En el siglo XVI se pasa del estilo plateresco del Renacimiento durante los Reyes Católicos al más plenamente renacentista durante el reinado de Carlos I; después, durante el de su hijo Felipe II, surge el Manierismo de Juan de Herrera, creador del Estilo herreriano y del monumental Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, y durante el siglo XVII domina el Barroco y Churrigueresco.
En España, el Renacimiento comenzó unido a las formas góticas en las últimas décadas del siglo XV. El estilo comenzó a extenderse sobre todo a manos de arquitectos locales: es la razón de un estilo renacentista específicamente español, que reunió la influencia de la arquitectura del sur de Italia, a veces proveniente de libros ilustrados y pinturas, con la tradición gótica y la idiosincrasia local. El nuevo estilo se llama plateresco, debido a las fachadas decoradas en exceso, que recuerdan a los intrincados trabajos de los plateros. Órdenes clásicas y motivos de candeleros (candelieri) se combinan con libertad en conjuntos simétricos.
En este contexto, el Palacio de Carlos V realizado por Pedro Machuca, en Granada, supuso un logro inesperado dentro del Renacimiento más avanzado de la época. El palacio puede ser definido como una anticipación al manierismo, debido a su dominio del lenguaje clásico y sus logros estéticos rupturistas. Fue construido antes de las principales obras de Miguel Ángel y Palladio. Su influencia fue muy limitada y mal entendida, las formas platerescas se imponían en el panorama general.
Según pasaban las décadas, la influencia gótica desaparece y la búsqueda de un clasicismo ortodoxo alcanzó niveles muy altos. Aunque el plateresco es un término usado habitualmente para definir a la mayoría de la producción arquitectónica de finales del siglo XV y primera mitad del siglo XVI, algunos arquitectos adquirieron un gusto más sobrio, como Diego de Siloé, Rodrigo Gil de Hontañón y Gaspar de Vega. Ejemplos de plateresco son las fachadas de la Universidad de Salamanca y del Hostal San Marcos de León.
La cumbre del Renacimiento español está representado por el Real Monasterio de El Escorial, realizado por Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera, en el que una adherencia excesiva al arte de la antigua Roma fue superado por el estilo extremadamente sobrio. La influencia de los techos flamencos, el simbolismo de la escasa decoración y el preciso corte del granito establecieron la base para un estilo nuevo, el herreriano.
Con un estilo más próximo al manierismo, el siglo se cierra con arquitectos como Andrés de Vandelvira (Catedral de Jaén)
Cuando las influencias barrocas italianas llegaron a España, gradualmente sustituyeron en el gusto popular al sobrio gusto clasicista que había estado de moda desde el siglo XVI. Tan pronto como en 1667, las fachadas de la Catedral de Granada de Alonso Cano y la de Jaén de Eufrasio López de Rojas indican la facilidad de su interpretación a la manera barroca de los motivos tradicionales de las catedrales españolas.
El barroco local mantiene raíces en Herrera y en la construcción tradicional en ladrillo, desarrollada en Madrid a lo largo del siglo XVII (Plaza Mayor y Ayuntamiento de Madrid).
En contraste al barroco de la Europa septentrional, el arte español de la época busca agradar a los sentidos más que al intelecto. La familia Churriguera, que se especializó en altares y retablos, se rebelaron contra la sobriedad del clasicismo herreriano y promocionaron un estilo intrincado, exagerado y casi caprichoso de decoración superficial, conocido como churrigueresco. En medio siglo, convirtieron Salamanca en una ciudad churrigueresca ejemplar.
La evolución del estilo pasó por tres fases. Entre 1680 y 1720, los Churriguera popularizaron la mezcla de columna salomónica de Guarini y el orden compuesto, conocido como «orden suprema». Entre 1720 y 1760, la columna churrigueresca o estípite, en forma de cono o obelisco invertido, se estableció como elemento principal de la decoración ornamental. Los años 1760 a 1780 vieron un desplazamiento gradual del interés desde el movimiento retorcido y excesivo de la ornamentación hacia el equilibrio y la sobriedad del neoclásico.
Dos de las más espectaculares creaciones del barroco español son las fachadas de la Universidad de Valladolid (Diego Tomé, 1719) y del Hospicio de San Fernando en Madrid (Pedro de Ribera, 1722), cuya extravagancia curvilínea parece anunciar a Antonio Gaudí y el modernismo. En este caso y en muchos otros, el diseño incluye el juego de techos y elementos decorativos con poca relación con la estructura y función. sin embargo, el barroco churrigueresco ofrece alguna de las combinaciones de luz y espacio más espectaculares, como en la Cartuja de Granada, considerada la apoteosis del churrigueresco aplicado a espacios interiores, y el «transparente» de la Catedral de Toledo de Narciso Tomé, donde escultura y arquitectura se integran para conseguir un efecto dramático de la luz.
El Palacio Real de Madrid y las construcciones del Paseo del Prado (Salón del Prado y Puerta de Alcalá) también en Madrid, merecen ser mencionados. Fueron construidos en el sobrio barroco internacional, a menudo confundido con el neoclásico, por los reyes borbones Felipe V y Carlos III. Los palacios reales de La Granja de San Ildefonso, en Segovia, y el de Aranjuez, en Madrid, son buenos ejemplos de la integración de arquitectura y jardines del barroco, con notable influencia francesa (La Granja es conocido como el «Versalles español»), pero con concepción espacial local, que de alguna manera muestra herencia de la ocupación musulmana.
El rococó se introdujo en España por primera vez en la Catedral de Murcia, en 1733, en su fachada occidental. También en la zona levantina, se destaca la exuberante decoración de la puerta del palacio del Marqués de Dos Aguas en Valencia, diseñada por el pintor y grabador Hipólito Rovira (1740-1744). El mejor representante del estilo fue el maestro español Ventura Rodríguez, responsable de la Santa Capilla de la Virgen del Pilar (1750) en el interior del templo de Nuestra Señora del Pilar en Zaragoza.
La elección de 1492 no es casual: en ese año termina el poder político musulmán en la Península con la conquista del Reino de Granada, aunque una minoría morisca seguirá siendo tolerada en Castilla, Aragón y Andalucía hasta el reinado de Felipe III; por otra parte se expulsa a los judíos que no se cristianizan y éstos fundan colonias hispanas por toda Europa, Asia y Norte de África, donde siguen cultivando su lengua y escribiendo literatura en castellano y produciendo figuras notables, como el economista y escritor José Penso de la Vega, Miguel de Barrios o Manuel de Pina; el afán guerrero fraguado a partir de siglos de Reconquista medieval desborda el cauce peninsular y se proyecta sobre la América recién descubierta y Europa en lo que el prestigioso historiador francés Pierre Vilar calificaría como "la gesta más extraordinaria de la historia de la Humanidad". Los Reyes Católicos articulan con su unión dinástica un estado fuerte y cuyos éxitos son envidiados por historiadores de la época como Nicolás Maquiavelo, pero controlado ideológicamente por una muy dura Inquisición.
A finales del siglo XVIII la expresión «Siglo de Oro», con la que Lope de Vega aludía al suyo y que suscitaba la admiración de Don Quijote en su famoso discurso sobre la Edad de Oro, ya se había popularizado y en el siglo XIX la terminó de consagrar el hispanista norteamericano George Ticknor en su Historia de la literatura española, aludiendo al famoso mito de la Teogonía de Hesíodo en que hubo una serie de edades de hombres de distintos metales cada vez más degradados.
Fue un periodo de gran florecimiento político y económico en España, que alcanzó un gran renombre y prestigio internacional; durante esta época todo lo «nuevo» en Europa venía de España y era imitado con gusto y aplicación; se puso de moda saber la lengua española (véase Hispanismo). Se desarrollan en especial la literatura, las artes plásticas, la música y la Arquitectura. Los centros de mayor importancia cultural son las Universidades de Salamanca, Alcalá de Henares y Sevilla, así como ciudades como Sevilla, la más grande de la época, donde afluían todas las riquezas y novedades de América y los comerciantes y banqueros más importantes de Europa (también la delincuencia internacional, atraída por tal riqueza), y Toledo, Valencia y Zaragoza. Los metales preciosos, las perlas y las esmeraldas desarrollaron notablemente, aparte del arte de la orfebrería, tambien las del lujo, aunque la mayor parte de esa riqueza marchó a Europa para pagar las costosas guerras que imponían las ambiciones imperiales de los Austrias. En el terreno de las humanismo su cultivo fue más extenso que profundo y de matiz más divulgativo que erudito, a pesar de que la filología ofreció testimonios eminentes como la Biblia políglota complutense o la Biblia de Benito Arias Montano, mientras que en el científico hubo avances importantes en Lingüística (Francisco Sánchez de las Brozas y su Minerva; las numerosas gramáticas de lenguas indias realizadas por los misioneros), Geografía, Cartografía, Antropología y Ciencias naturales (Botánica, Mineralogía etc.), como consecuencia del descubrimiento de América. Hubo también figuras eminentes en Matemáticas (Sebastián Izquierdo, Juan Caramuel, Pedro Nunes, Omerique, Pedro Ciruelo, Juan de Rojas y Sarmiento, Rodrigo Zamorano), Física, Medicina, Farmacología (Andrés Laguna), Psicología (Juan Luis Vives, Juan Huarte de San Juan) y Filosofía (Francisco Suárez). Igualmente se desarrollaron, a causa del gran impacto que tuvieron los descubrimientos de nuevos pueblos, el derecho natural y el derecho de gentes, con figuras como Bartolomé de las Casas, influyente precursor de los derechos humanos y defensor del iusnaturalismo en su De regia potestate, o Francisco de Vitoria.
El Siglo de Oro abarca dos periodos estéticos, que corresponden al Renacimiento del siglo XVI (reinados de Fernando el Católico, Carlos I y Felipe II), y al Barroco del siglo XVII (reinados de Felipe III, Felipe IV y Carlos II). El eje de estas dos épocas o fases puede ponerse en el Concilio de Trento y la reacción contrarreformista.
Literatura:
España produjo en su edad clásica algunas estéticas y géneros literarios característicos que fueron muy influyentes en el desarrollo ulterior de la Literatura Universal.
Entre las estéticas, fue fundamental el desarrollo de una realista y popularizante tal como se había venido fraguando durante toda la Edad Media peninsular como contrapartida crítica al excesivo, caballeresco y nobilizante idealismo del Renacimiento: se crean géneros tan naturalistas como el celestinesco (Tragicomedia de Calisto y Melibea de Fernando de Rojas, Segunda Celestina de Feliciano de Silva, etc.), la novela picaresca (Lazarillo de Tormes anónimo, Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, Estebanillo González), o la proteica novela polifónica moderna (Don Quijote de la Mancha), que Cervantes definió como «escritura desatada».
A esta vulgarización literaria corresponde una subsecuente vulgarización de los saberes humanísticos mediante los populares géneros de las misceláneas o silvas de varia lección, leidísimas y traducidísimas en toda Europa, y cuyos autores más importantes son Pero Mexía, Luis Zapata, Antonio de Torquemada, etcétera.
A esta tendencia anticlásica corresponde también la fórmula de la comedia nueva creada por Lope de Vega y divulgada a través de su Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo (1609): una explosión inigualable de creatividad dramática acompañó a Lope de Vega y sus discípulos, que quebrantaron como él las unidades aristotélicas de acción, tiempo y lugar: todos los autores dramáticos de Europa acudieron luego al teatro clásico español del Siglo de Oro en busca de argumentos y como una rica almoneda y cantera de temas y estructuras modernas cuyo pulimento les ofrecerá obras de carácter clásico.
Muchos de estos temas provenían de la rica tradición medieval pluricultural, árabe y hebrea, del Romancero y de la impronta italianizante de la cultura española, a causa de la presencia política del reino español en la península itálica durante largos siglos. Por otra parte, géneros dramáticos como el entremés y la novela cortesana introdujeron también la estética realista en los corrales de comedias, y aun la comedia de capa y espada tenía su representante popular en la figura del gracioso.
España produjo en su edad clásica algunas estéticas y géneros literarios característicos que fueron muy influyentes en el desarrollo ulterior de la Literatura Universal.
Entre las estéticas, fue fundamental el desarrollo de una realista y popularizante tal como se había venido fraguando durante toda la Edad Media peninsular como contrapartida crítica al excesivo, caballeresco y nobilizante idealismo del Renacimiento: se crean géneros tan naturalistas como el celestinesco (Tragicomedia de Calisto y Melibea de Fernando de Rojas, Segunda Celestina de Feliciano de Silva, etc.), la novela picaresca (Lazarillo de Tormes anónimo, Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, Estebanillo González), o la proteica novela polifónica moderna (Don Quijote de la Mancha), que Cervantes definió como «escritura desatada».
A esta vulgarización literaria corresponde una subsecuente vulgarización de los saberes humanísticos mediante los populares géneros de las misceláneas o silvas de varia lección, leidísimas y traducidísimas en toda Europa, y cuyos autores más importantes son Pero Mexía, Luis Zapata, Antonio de Torquemada, etcétera.
A esta tendencia anticlásica corresponde también la fórmula de la comedia nueva creada por Lope de Vega y divulgada a través de su Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo (1609): una explosión inigualable de creatividad dramática acompañó a Lope de Vega y sus discípulos, que quebrantaron como él las unidades aristotélicas de acción, tiempo y lugar: todos los autores dramáticos de Europa acudieron luego al teatro clásico español del Siglo de Oro en busca de argumentos y como una rica almoneda y cantera de temas y estructuras modernas cuyo pulimento les ofrecerá obras de carácter clásico.
Muchos de estos temas provenían de la rica tradición medieval pluricultural, árabe y hebrea, del Romancero y de la impronta italianizante de la cultura española, a causa de la presencia política del reino español en la península itálica durante largos siglos. Por otra parte, géneros dramáticos como el entremés y la novela cortesana introdujeron también la estética realista en los corrales de comedias, y aun la comedia de capa y espada tenía su representante popular en la figura del gracioso.
A esta corriente de realismo popularizador sucedió una reacción religiosa, nobiliaria y cortesana de signo Barroco que también hizo notables aportaciones estéticas, correspondiendo a una época de crisis política, económica y social. Al lenguaje claro y popular del siglo XVI, el castellano vivo, creador y en perpetua ebullición de Bernal Díaz del Castillo y Santa Teresa («sin afectación alguna escribo como hablo, y solamente tengo cuidado en escoger las palabras que mejor indican lo que quiero decir», escribía Juan de Valdés, de lo que se hacía eco Garcilaso cuando decía «más a las veces son mejor oídos / el puro ingenio y lengua casi muda / testigos limpios de ánimo inocente / que la curiosidad del elocuente») sucederá, aun siendo cronológicamente más reciente, la lengua más oscura, enigmática y cortesana del Barroco. Resulta, pues, que la literatura del Renacimiento de hace cinco siglos es más legible que la lengua del Barroco de hace cuatro.
La lengua literaria del Barroco se enrarece con las estéticas del Conceptismo y del Culteranismo, cuyo fin era elevar lo noble sobre lo vulgar, intelectualizando el arte de la palabra; la literatura se transforma en una especie de escolástica, en un juego o un espectáculo y las producciones moralizantes y por extremo ingeniosas de un Francisco de Quevedo y un Baltasar Gracián distorsionan la lengua, aportándole más flexibilidad expresiva y una nueva cantera de vocablos (cultismos). El lúcido Calderón crea la fórmula del auto sacramental, que supone la vulgarización antipopular y esplendorosa de la Teología, en deliberada antítesis con el entremés, que, sin embargo, todavía sigue teniendo curso; pues estos autores todavía son deudores y admiradores de los autores del XVI, a los que imitan conscientemente, aunque para no repetirse refinan sus fórmulas y estilizan cortesanamente lo que otros ya crearon, de forma que se perfeccionan temas y fórmulas dramáticas ya usadas por otros autores anteriores.
A fines del siglo XVI se desarrolla notablemente la Mística (Juan de la Cruz, San Juan Bautista de la Concepción, San Juan de Ávila, Santa Teresa de Jesús) y la Ascética (fray Luis de León, fray Luis de Granada), para entrar en el siglo XVII en decadencia tras una última corriente innovadora, el Quietismo de Miguel de Molinos.
Poesía:
España experimentó una gran ola de italianismo que invadió la literatura y las artes plásticas durante el siglo XVI y que es uno de los rasgos de identidad del Renacimiento: Garcilaso de la Vega, Juan Boscán y Diego Hurtado de Mendoza introdujeron el verso endecasílabo italiano y el estrofismo y los temas del Petrarquismo; Boscán escribió el manifiesto de la nueva escuela en la Epístola a la duquesa de Soma y tradujo El cortesano de Baltasar de Castiglione en perfecta prosa castellana; contra estos se levantaron nacionalistas como Cristóbal de Castillejo o Fray Ambrosio Montesino, partidarios del octosílabo y de las coplas castellanas, pero igualmente renacentistas. En la segunda mitad del siglo XVI ambas tendencias coexistieron y se desarrolló la ascética y la mística, alcanzándose cumbres como las que representan San Juan de la Cruz, Santa Teresa y Fray Luis de León; el petrarquismo siguió siendo cultivado por autores como Fernando de Herrera, y un grupo de jóvenes nuevos autores comenzó a desarrollar un Romancero nuevo, a veces de tema morisco: Lope de Vega, Luis de Góngora y Miguel de Cervantes; el mejor poema de épica culta en español fue compuesto en esta época por Alonso de Ercilla, La Araucana, que narra la conquista de Chile por los españoles, y entre las figuras excepcionales de la lírica figuran poetas tan interesantes como Francisco de Aldana, al lado de figuras como Andrés Fernández de Andrada, los hermanos Bartolomé y Lupercio Leonardo de Argensola, Francisco de Rioja, Rodrigo Caro, Baltasar del Alcázar o Bernardo de Balbuena.
Posteriormente, durante el siglo XVII, la expresión literaria fue dominada por los movimientos estéticos del conceptismo y del culteranismo, expresado el primero en la poesía de Francisco de Quevedo y el segundo en la lírica de Luis de Góngora. El conceptismo se distinguía por la economía en la forma, a fin de expresar el máximo significado en un mínimo de palabras; esta complejidad se expresaba sobre todo en paradojas y elipsis. El culturanismo, por el contrario, extendía la forma de un significado mínimo y se distinguía por la complejidad sintáctica, por el uso constante del hipérbaton, que hace muy difícil la lectura, y por la profusión de los elementos ornamentales y culturalistas en el poema, que debía descifrarse como un enigma. Ambos parecen sin embargo las caras de una misma moneda que intentaba aquilatar la expresión para hacerla más difícil y cortesana. Luis de Góngora atrajo a su estilo a poetas importantes de personalidad muy acusada, como el Conde de Villamediana, Gabriel Bocángel, sor Juana Inés de la Cruz o Juan de Jáuregui, mientras que el conceptismo tuvo a seguidores más templados, como el Conde de Salinas o imbuidos de un culto casticismo, como Lope de Vega o Bernardino de Rebolledo.
Teatro:
El «monstruo de la naturaleza», como lo llamó Cervantes, fue, en el Siglo de Oro, Lope de Vega, también conocido como «el Fénix de los Ingenios», autor de cerca de 1.500 obras teatrales, novelas, poemas épicos y narrativos y varias colecciones de poesía lírica profana, religiosa y humorística. Lope destacó como consumado maestro del soneto. Su aportación al teatro universal fue principalmente una portentosa imaginación, de la que se aprovecharon sus contemporáneos y sucesores extrayendo temas, argumentos, motivos y toda suerte de inspiración. Su teatro, polimétrico, rompe con las unidades de acción, lugar y tiempo, y también con la de estilo, mezclando lo trágico con lo cómico. Expuso su peculiar arte dramático en su Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo (1609). Flexibilizó las normas clasicistas del aristotelismo para adecuarse a su tiempo y abrió con ello las puertas a la renovación del arte dramático. También creó el molde de la llamada comedia de capa y espada.
Junto a él, destacan sus discípulos Guillén de Castro, que prescinde del personaje cómico del gracioso y elabora grandes dramas caballerescos sobre el honor junto a comedias de infelicidad conyugal o tragedias en las que se trata el tiranicidio; Juan Ruiz de Alarcón, que aportó su gran sentido ético de crítica de los defectos sociales y una gran maestría en la caracterización de los personajes; Luis Vélez de Guevara, al que se le daban muy bien los grandes dramas históricos y de honor; Antonio Mira de Amescua, muy culto y fecundo en ideas filosóficas, y Tirso de Molina, maestro en el arte de complicar diabólicamente la trama y crear caracteres como el de Don Juan en El burlador de Sevilla.
El otro gran dramaturgo áureo en crear una escuela propia fue Pedro Calderón de la Barca; sus personajes son fríos razonadores y con frecuencia obsesivos; su versificación reduce conscientemente el repertorio métrico de Lope de Vega y también el número de escenas, porque las estructuras dramáticas están más cuidadas y tienden a la síntesis; se preocupa también más que Lope por los elementos escenográficos y refunde comedias anteriores, corrigiendo, suprimiendo, añadiendo y perfeccionando; es un maestro en el arte del razonamiento silogístico y utiliza un lenguaje abstracto, retórico y elaborado que sin embargo supone una vulgarización comprensible del culteranismo; destaca en especial en el auto sacramental, género alegórico que se avenía con sus cualidades y llevó a su perfección, y también en la comedia.
Tuvo por discípulos e imitadores de estas cualidades a una serie de autores que refundieron obras anteriores de Lope o sus discípulos puliéndolas y perfeccionándolas: Agustín Moreto, maestro del diálogo y la comicidad cortesana; Francisco de Rojas Zorrilla, tan dotado para la tragedia como para la comedia; Antonio de Solís, también historiador y propietario de una prosa que ya es neoclásica, o Francisco Bances Candamo, teorizador sobre el drama, entre otros no menos importantes.
Pueden citarse como obras maestras representativas del teatro Barroco español la Numancia de Miguel de Cervantes, un sobrio drama heroico nacional; de Lope, El caballero de Olmedo, drama poético al borde mismo de lo fantástico y lleno de resonancias celestinescas; Peribáñez y el Comendador de Ocaña, antecedente del drama rural español; El perro del hortelano, deliciosa comedia donde una mujer noble juguetea con las intenciones amorosas de su plebeyo secretario, La dama boba, donde el amor perfecciona a los seres que martiriza, y Fuenteovejuna, drama de honor colectivo, entre otras muchas piezas donde siempre hay alguna escena genial.
Las mocedades del Cid de Guillén de Castro, inspiración para el famoso «conflicto cornelliano» de Le Cid de Pierre Corneille; Reinar después de morir de Luis Vélez de Guevara, sobre el tema de Inés de Castro, que pasó con esta obra al drama europeo; La verdad sospechosa y Las paredes oyen, de Juan Ruiz de Alarcón, que atacan los vicios de la hipocresía y la maledicencia y sirvieron de inspiración para Molière y otros comediógrafos franceses; El esclavo del demonio de Antonio Mira de Amescua, sobre el tema de Fausto; La prudencia en la mujer, que explora el tema de la traición reiterada y donde aparece el recio carácter de la reina regente María de Molina, y El burlador de Sevilla, de Tirso de Molina, sobre el tema del donjuán y la leyenda del convidado de piedra.
De Calderón destacan obras maestras como La vida es sueño, sobre los temas del libre albedrío y el destino; El príncipe constante, donde aparece una concepción existencial de la vida; las dos partes de La hija del aire, la gran tragedia de la ambición en la persona de la reina Semíramis; los grandes dramas de honor sobre personajes enloquecidos por los celos, como El mayor monstruo del mundo, El médico de su honra o El pintor de su deshonra.
De entre sus comedias destacan La dama duende, y cultivó asimismo dramas mitológicos como Céfalo y Procris, de los que él mismo sacó la comedia burlesca del mismo título; también, autos sacramentales como El gran teatro del mundo o El gran mercado del mundo.
Entre sus discípulos tenemos las comedias clásicas de Agustín Moreto, como El desdén con el desdén, El lindo don Diego y San Franco de Sena; Francisco de Rojas Zorrilla con la comedia de figurón Entre bobos anda el juego, el drama de honor Del rey abajo ninguno y la deliciosa y moderna comedia de Abre el ojo. De Antonio de Solís, El amor al uso y Un bobo hace ciento; de Francisco Bances Candamo, las tragedias políticas El esclavo en grillos de oro y La piedra filosofal.
Otro género teatral importante, y a veces descuidado por la crítica, es el entremés, donde mejor y con más objetividad puede estudiarse la sociedad española durante el Siglo de Oro. Se trata de una pieza cómica en un acto, escrita en prosa o verso, que se intercalaba entre la primera y la segunda jornada de las comedias. Corresponde a la farsa europea, y en él destacaron autores como Luis Quiñones de Benavente y Miguel de Cervantes, entre otros.
Prosa:
La prosa en el Siglo de Oro ostenta géneros y autores que han pasado a la historia de la literatura universal. La conquista de América dio lugar al género de las Crónicas, entre las que podemos encontrar algunas obras maestras, como las de Fray Bartolomé de las Casas, el Inca Garcilaso de la Vega, Bernal Díaz del Castillo y Antonio de Solís. También son espléndidas algunas autobiografías de soldados, como las de Alonso de Contreras o Diego Duque de Estrada. La primera obra maestra fue sin duda La Celestina, pieza teatral irrepresentable y originalísima obra de un desconocido autor y de Fernando de Rojas, que marcó para siempre el Realismo en una parte esencial de la literatura española, cuya riqueza abona también ficciones caballerescas tan maravillosas y fantásticas como los libros de caballerías, menos leídos en la actualidad de lo que merecen, habida cuenta de que figuran entre sus piezas más destacadas novelas como Tirante el Blanco, escrita en valenciano, Amadís de Gaula o el Palmerín de Inglaterra; un autor característico del género fue Feliciano de Silva.
La novela picaresca tiene entre sus títulos obras maestras como el anónimo Lazarillo de Tormes, una sátira anticlerical y descarnada de las ínfulas de nobleza y el sentido de la honra de la clase alta; la Vida del pícaro Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán, pesimista reflexión sobre el destino humano; la Vida del escudero Marcos de Obregón de Vicente Espinel, llena por el contrario de alegría de la vida; El Buscón de Francisco de Quevedo, una obra maestra del humor y del lenguaje conceptista, y el anónimo Estebanillo González, que ofrece una visión espléndida de la decadencia de España en el escenario europeo. La novela cortesana suministró las obras maestras que constituyen las Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes, cada una en sí misma un experimento narrativo; su inmortal Don Quijote de la Mancha, de la que habría que escribir capítulo aparte a causa de la riqueza de los contenidos y cuestiones que plantea y que viene a ser la primera novela polifónica de la literatura europea. La novela pastoril cuenta con obras maestras como las Dianas de Jorge de Montemayor y de Gaspar Gil Polo, o Siglo de Oro en las selvas de Erifile de Bernardo de Balbuena. La novela bizantina cuenta con ejemplos como El peregrino en su patria de Lope de Vega, quien realiza la hazaña de incluir todas sus aventuras en la Península, o el Persiles de Cervantes. Novela filosófica emparentada con este género es el Criticón, de Baltasar Gracián, alegoría de la vida humana. La prosa doctrinal, en ciernes ensayística, tiene por autores modélicos a Pero Mexía, Luis Zapata, Fray Antonio de Guevara (Epístolas familiares), Fray Luis de León (De los nombres de Cristo), San Juan de la Cruz (Comentarios al Cántico espiritual y otros poemas), Francisco de Quevedo (Marco Bruto y Providencia de Dios) y Diego Saavedra Fajardo (República literaria y Corona gótica).
Artes plásticas y pintura:
En las artes plásticas destaca la pintura; a la primera fase corresponden los dos Berruguetes, el pintor Pedro y el escultor Alonso, Pedro Machuca, Luis de Morales «el Divino», los leonardescos Juan de Juanes y Fernando Yáñez de la Almedina; a la segunda Vicente Macip, Juan Fernández de Navarrete, «el Mudo», Alonso Sánchez Coello, los dos Herreras (el Viejo y el Mozo), así como El Greco, principal exponente del Manierismo pictórico en Castilla.
Al barroco pertenecen Diego Velázquez, pintor de complejas composiciones intelectualizadas que ahonda en el misterio de la cruda e intensa luz y la perspectiva aérea; los tenebristas caravaggiescos Francisco de Zurbarán, gran pintor de frailes y bodegones, Francisco Ribalta y José de Ribera, formado en Italia, donde era llamado «el Españoleto», y a quien se le daban especialmente bien las tonalidades de la piel; en Sevilla se oscila entre la dulzura de Bartolomé Esteban Murillo y el tenebrismo tétrico de Juan de Valdés Leal, y en Córdoba Antonio del Castillo.
Hay que citar también a Juan Bautista Maíno, pintor de alegorías políticas, Claudio Coello, Juan Carreño de Miranda, Vicente Carducho, el retratista Juan Pantoja de la Cruz; Luis Tristán, uno de los escasos discípulos de El Greco, que añade al estilo del maestro elementos naturalistas; Juan Bautista Martínez del Mazo, Pedro Orrente, Bartolomé González, Juan Sánchez Cotán, famoso por sus bodegones, Eugenio Cajés, Antonio Pereda, autor de El sueño del caballero; Mateo Cerezo, el paisajista Francisco Collantes, Juan Antonio Frías y Escalante, José Antolínez y otros muchos.
En lo tocante a a escultura hay que nombrar por supuesto el correlato de la ascética y la mística del siglo XVI: Gregorio Fernández, Juan de Juni, Alonso Cano, también pintor.
Música:
También para la música española fue este el siglo de oro. La labor de compositores cortesanos, que unían su labor de músico a la de dramaturgo y poeta, tiene un buen ejemplo en Juan del Encina.
Pero más importante aún fue la labor de compositores y organistas que, partiendo del motete y el madrigal italiano de Palestrina, desarrollaron una gran polifonía, al servicio sobre todo de los oficios religiosos. Destacan las figuras de Cristóbal de Morales, Francisco Guerrero y sobre todo la del gran Tomás Luis de Victoria, majestuosa, inspirada y mística. Se ha comparado en su profundidad y emoción ascética a la pintura de El Greco, y hoy, gracias a la labor de estudiosos y difusores de su música como Jordi Savall, es reconocido como uno de los más grandes compositores de todos los tiempos.
Destaca la escuela de vihuela española del siglo XVI. Aparecieron grandes figuras, como Esteban Daza, Miguel de Fuenllana, Luys de Milán, Alonso Mudarra, Luis de Narváez y Enríquez de Valderrábano. Gaspar Sanz, ya en el último cuarto del siglo XVII, dio un impulso definitivo a la guitarra, con su obra Instrucción de música sobre la guitarra española.
Por su obra para teclado ganó fama Antonio de Cabezón.
Todos ellos conformaron un periodo de esplendor para la música española, que, salvo figuras aisladas, no volvió a alcanzar las cotas a las que se llegó en esta época.
Sin embargo gran parte de este patrimonio musical se ha perdido, y al respecto bien vale recordar a Francisco de Salinas, cuya música tanto deleitaba a Fray Luis de León, pero del que no se ha conservado ninguna partitura
Arquitectura:
En el siglo XVI se pasa del estilo plateresco del Renacimiento durante los Reyes Católicos al más plenamente renacentista durante el reinado de Carlos I; después, durante el de su hijo Felipe II, surge el Manierismo de Juan de Herrera, creador del Estilo herreriano y del monumental Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, y durante el siglo XVII domina el Barroco y Churrigueresco.
En España, el Renacimiento comenzó unido a las formas góticas en las últimas décadas del siglo XV. El estilo comenzó a extenderse sobre todo a manos de arquitectos locales: es la razón de un estilo renacentista específicamente español, que reunió la influencia de la arquitectura del sur de Italia, a veces proveniente de libros ilustrados y pinturas, con la tradición gótica y la idiosincrasia local. El nuevo estilo se llama plateresco, debido a las fachadas decoradas en exceso, que recuerdan a los intrincados trabajos de los plateros. Órdenes clásicas y motivos de candeleros (candelieri) se combinan con libertad en conjuntos simétricos.
En este contexto, el Palacio de Carlos V realizado por Pedro Machuca, en Granada, supuso un logro inesperado dentro del Renacimiento más avanzado de la época. El palacio puede ser definido como una anticipación al manierismo, debido a su dominio del lenguaje clásico y sus logros estéticos rupturistas. Fue construido antes de las principales obras de Miguel Ángel y Palladio. Su influencia fue muy limitada y mal entendida, las formas platerescas se imponían en el panorama general.
Según pasaban las décadas, la influencia gótica desaparece y la búsqueda de un clasicismo ortodoxo alcanzó niveles muy altos. Aunque el plateresco es un término usado habitualmente para definir a la mayoría de la producción arquitectónica de finales del siglo XV y primera mitad del siglo XVI, algunos arquitectos adquirieron un gusto más sobrio, como Diego de Siloé, Rodrigo Gil de Hontañón y Gaspar de Vega. Ejemplos de plateresco son las fachadas de la Universidad de Salamanca y del Hostal San Marcos de León.
La cumbre del Renacimiento español está representado por el Real Monasterio de El Escorial, realizado por Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera, en el que una adherencia excesiva al arte de la antigua Roma fue superado por el estilo extremadamente sobrio. La influencia de los techos flamencos, el simbolismo de la escasa decoración y el preciso corte del granito establecieron la base para un estilo nuevo, el herreriano.
Con un estilo más próximo al manierismo, el siglo se cierra con arquitectos como Andrés de Vandelvira (Catedral de Jaén)
Cuando las influencias barrocas italianas llegaron a España, gradualmente sustituyeron en el gusto popular al sobrio gusto clasicista que había estado de moda desde el siglo XVI. Tan pronto como en 1667, las fachadas de la Catedral de Granada de Alonso Cano y la de Jaén de Eufrasio López de Rojas indican la facilidad de su interpretación a la manera barroca de los motivos tradicionales de las catedrales españolas.
El barroco local mantiene raíces en Herrera y en la construcción tradicional en ladrillo, desarrollada en Madrid a lo largo del siglo XVII (Plaza Mayor y Ayuntamiento de Madrid).
En contraste al barroco de la Europa septentrional, el arte español de la época busca agradar a los sentidos más que al intelecto. La familia Churriguera, que se especializó en altares y retablos, se rebelaron contra la sobriedad del clasicismo herreriano y promocionaron un estilo intrincado, exagerado y casi caprichoso de decoración superficial, conocido como churrigueresco. En medio siglo, convirtieron Salamanca en una ciudad churrigueresca ejemplar.
La evolución del estilo pasó por tres fases. Entre 1680 y 1720, los Churriguera popularizaron la mezcla de columna salomónica de Guarini y el orden compuesto, conocido como «orden suprema». Entre 1720 y 1760, la columna churrigueresca o estípite, en forma de cono o obelisco invertido, se estableció como elemento principal de la decoración ornamental. Los años 1760 a 1780 vieron un desplazamiento gradual del interés desde el movimiento retorcido y excesivo de la ornamentación hacia el equilibrio y la sobriedad del neoclásico.
Dos de las más espectaculares creaciones del barroco español son las fachadas de la Universidad de Valladolid (Diego Tomé, 1719) y del Hospicio de San Fernando en Madrid (Pedro de Ribera, 1722), cuya extravagancia curvilínea parece anunciar a Antonio Gaudí y el modernismo. En este caso y en muchos otros, el diseño incluye el juego de techos y elementos decorativos con poca relación con la estructura y función. sin embargo, el barroco churrigueresco ofrece alguna de las combinaciones de luz y espacio más espectaculares, como en la Cartuja de Granada, considerada la apoteosis del churrigueresco aplicado a espacios interiores, y el «transparente» de la Catedral de Toledo de Narciso Tomé, donde escultura y arquitectura se integran para conseguir un efecto dramático de la luz.
El Palacio Real de Madrid y las construcciones del Paseo del Prado (Salón del Prado y Puerta de Alcalá) también en Madrid, merecen ser mencionados. Fueron construidos en el sobrio barroco internacional, a menudo confundido con el neoclásico, por los reyes borbones Felipe V y Carlos III. Los palacios reales de La Granja de San Ildefonso, en Segovia, y el de Aranjuez, en Madrid, son buenos ejemplos de la integración de arquitectura y jardines del barroco, con notable influencia francesa (La Granja es conocido como el «Versalles español»), pero con concepción espacial local, que de alguna manera muestra herencia de la ocupación musulmana.
El rococó se introdujo en España por primera vez en la Catedral de Murcia, en 1733, en su fachada occidental. También en la zona levantina, se destaca la exuberante decoración de la puerta del palacio del Marqués de Dos Aguas en Valencia, diseñada por el pintor y grabador Hipólito Rovira (1740-1744). El mejor representante del estilo fue el maestro español Ventura Rodríguez, responsable de la Santa Capilla de la Virgen del Pilar (1750) en el interior del templo de Nuestra Señora del Pilar en Zaragoza.
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jueves, 17 de julio de 2008
Jean-Paul Sartre. Frases Celebres
Citas:
"Al querer la libertad descubrimos que ella depende enteramente de la libertad de los demás."
"Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad."
"Cuando los ricos se hacen la guerra, son los pobres los que mueren."
"El hombre es una pasión inútil."
"El hombre está condenado a ser libre."
"El hombre nace libre, responsable y sin excusas."
"El infierno son los otros."
"El mundo podría existir muy bien sin la literatura, e incluso mejor sin el hombre."
"En el amor, uno y uno son uno."
"Existo. Es algo tan dulce, tan dulce, tan lento. Y leve; como si se mantuviera solo
en el aire. Se mueve. Por todas partes, roces que caen y se desvanecen. Muy suave, muy suave."
"Habremos de ser lo que hagamos, con aquello que hicieron de nosotros."
"Incluso el pasado puede modificarse."
"Lo más desagradable del mal es que a uno lo acostumbra."
"Los hombres son como los dados, se lanzan al destino."
"Nada, solo existo." (en su libro La Nausea)
"No perdamos nada de nuestro tiempo; quizás los hubo más bellos, pero este es el
nuestro."
"No se es escritor por haber elegido decir ciertas cosas, sino por la forma en que se digan."
"No somos libres de dejar de ser libres."
"Querer a alguien es una hazaña, se necesita energía, generosidad, ceguera, hasta hay un momento, un principio mismo en que es preciso saltar un precipicio, si uno reflexiona, no lo hará."
"Quien es auténtico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es."
"Ser libre no es querer hacer lo que se quiere, sino querer hacer lo que se puede."
"Temblad ante el esclavo cuando rompe sus cadenas, no tembléis ante el hombre libre."
"Todo ha sido descubierto salvo cómo vivir."
"Todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad."
"Todos los medios son buenos cuando son eficaces."
"Trata de amar al prójimo. Ya me dirás el resultado."
"Aquello que cada uno de nosotros es, en cada momento de su vida, es la suma de sus elecciones previas. El hombre es lo que decide ser."
"Al querer la libertad descubrimos que ella depende enteramente de la libertad de los demás."
"Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad."
"Cuando los ricos se hacen la guerra, son los pobres los que mueren."
"El hombre es una pasión inútil."
"El hombre está condenado a ser libre."
"El hombre nace libre, responsable y sin excusas."
"El infierno son los otros."
"El mundo podría existir muy bien sin la literatura, e incluso mejor sin el hombre."
"En el amor, uno y uno son uno."
"Existo. Es algo tan dulce, tan dulce, tan lento. Y leve; como si se mantuviera solo
en el aire. Se mueve. Por todas partes, roces que caen y se desvanecen. Muy suave, muy suave."
"Habremos de ser lo que hagamos, con aquello que hicieron de nosotros."
"Incluso el pasado puede modificarse."
"Lo más desagradable del mal es que a uno lo acostumbra."
"Los hombres son como los dados, se lanzan al destino."
"Nada, solo existo." (en su libro La Nausea)
"No perdamos nada de nuestro tiempo; quizás los hubo más bellos, pero este es el
nuestro."
"No se es escritor por haber elegido decir ciertas cosas, sino por la forma en que se digan."
"No somos libres de dejar de ser libres."
"Querer a alguien es una hazaña, se necesita energía, generosidad, ceguera, hasta hay un momento, un principio mismo en que es preciso saltar un precipicio, si uno reflexiona, no lo hará."
"Quien es auténtico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es."
"Ser libre no es querer hacer lo que se quiere, sino querer hacer lo que se puede."
"Temblad ante el esclavo cuando rompe sus cadenas, no tembléis ante el hombre libre."
"Todo ha sido descubierto salvo cómo vivir."
"Todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad."
"Todos los medios son buenos cuando son eficaces."
"Trata de amar al prójimo. Ya me dirás el resultado."
"Aquello que cada uno de nosotros es, en cada momento de su vida, es la suma de sus elecciones previas. El hombre es lo que decide ser."
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Existencialismo y libertad en Sartre
Recordar a Sartre por estos días aniversarios suyos, de muerto 25 y de nacimiento 100, nos ha puesto en el aprieto de exponer algo nuevo. Pues bien, la verdad es que es muy poco lo novedoso sobre este tema, salvo el sinnúmero de anécdotas, chismes, apresurados detallitos de infidencias, agregados al torrencial reguero de amigas secretas y cartas amorosas que han venido apareciendo y que en la prensa sensacionalista son comidilla favorita y surtidor envidiable de tirajes generosos.
por Germán Uribe
http://laventana.casa.cult.cu/modules.php?name=News&file=article&sid=2681
Alguien decía que al existencialismo no se le podía definir. Pero, ¿es que a algo en este mundo se le puede definir? Tome usted cualquier concepto, cualquier idea, cualquier supuesta definición, y se encontrará que sobre ella se posan innumerables interpretaciones. Cada vez que escucho una definición, y luego de tomarla con algún beneficio de inventario para no frustrarme, la recibo como una aproximación a su contenido, pues me estoy concediendo así un privilegio en la búsqueda de mi verdad. De ahí que lo que se pueda decir sobre el existencialismo, del cual hay numerosas inferencias, no deja de ser una mera cercanía a su real significado.
Hace ya muchos años, específicamente el 2 de noviembre de 1986, tuve oportunidad de referirme ampliamente en Lecturas Dominicales de El Tiempo a la biografía de Sartre que Annie Cohen-Solal acababa de publicar en Gallimard con motivo de conmemorarse entonces cinco años de su muerte.
Pero hace poco, y luego de la decantación minuciosa de tantos años y de un inflexible filtro crítico sobre todo lo sartriano, he vuelto a las páginas de esa portentosa obra que, bien es sabido, supera cualitativa y cuantitativamente la abundante literatura biográfica que sobre él se ha escrito en los últimos treinta o cuarenta años. Y me confieso aquí un tanto injusto cuando dejo voluntariamente de lado la otra monumental e inteligente pero maliciosa biografía, la de Bernard-Henri Lévy, El siglo de Sartre.
El sólo recordar a Sartre por estos días aniversarios suyos, de muerto 25 y de nacimiento 100, nos ha puesto en el aprieto, ya lo he dicho en diversos medios, de exponer algo nuevo. Pues bien, la verdad es que es muy poco lo novedoso sobre este tema ―o lo nuevo, mejor―, salvo el sinnúmero de anécdotas, chismes, apresurados detallitos de infidencias, agregados al torrencial reguero de amigas secretas y cartas amorosas que, con o sin el visto bueno que dejara Simone de Beauvoir después de muerta, han venido apareciendo y que en la prensa sensacionalista son comidilla favorita y surtidor envidiable de tirajes generosos.
Sólo Arlette Elkaïm, la argelina hija adoptiva de Sartre y su heredera universal, nos ha aportado material serio al desempolvar y publicar desde la obra póstuma del gran filósofo de nuestro siglo, hasta los Cuadernos de Guerra, el segundo tomo de la Crítica de la Razón Dialéctica, los Cahiers pour une morale, y de acuerdo a lo que nos informara Joaquín Vallejo Arbeláez en su oportunidad, Verité et existence. Entonces hemos resuelto abordar esta vez al filósofo con algo que sí nos parece realmente nuevo, es decir, darle acceso al lector masivo, a los estudiantes y legos, al pensamiento medular de la obra de Sartre: el existencialismo y su contenido de libertad social e individual. Por ello, como lo hice anteriormente con la mirada del otro, he resuelto simplificarlo de la siguiente manera:
De la angustia individual al compromiso social:
El hombre no es causa de su propia existencia; viene de la nada y en esas condiciones el hecho escueto de existir es absurdo. Ahora bien, como la existencia, que es la consciencia de la vida, precede a la esencia, o sea que el hombre existe antes de ser, la personalidad de un individuo, es decir, su esencia, no se constituye para él en un destino ya que la vida en sí es una contingencia y procede de una sucesión de escogencias libres. El hombre, pues, está condenado a ser libre, lo que se le revierte en angustia metafísica obligándolo a escoger sin razones suficientes y a decidir al arbitrio sobre su vida.
Pero para encontrar sus valores fundamentales y para que éstos sean históricos, debe asumir acciones de compromiso y responsabilidad. Ser, es escogerse en libertad para un compromiso. La actividad humana es libre y esa autonomía de elección que le otorga su libertad no depende de leyes objetivas por lo que entonces, como lo afirma Sartre, el hombre es lo que él hace de sí mismo, o mejor aún, para la realidad humana ser es elegirse, siendo el hombre, él mismo, el único responsable de su ser.
El objeto del existencialismo es el hombre atrapado en la realidad y se constituye en una filosofía del hombre y para el hombre, contra las filosofías de la razón y de las ideas. Sartre, entonces, es de suponer, por lo absurda y ambigua que le parecía la existencia, y sabiendo que no siendo regalada conlleva la carga adicional de que es un proyecto, requiere y demanda que a la existencia se la legitime en la praxis haciéndose cada cual libre en la responsabilidad de sus actos y, en consecuencia, reconociéndose en ellos.
Hay una buena ilustración al respecto de la esencia del existencialismo como explorador del elemento libertad en la condición humana:
La existencia establece el valor de cada realidad individual, cuyo origen ya no es el pensamiento sino la libertad, pero una libertad absoluta que no está ligada a nada que la determine. Cuando algún filósofo existencialista afirma que "la existencia precede a la esencia", lo que quiere decir es que el ser humano no tiene una naturaleza o esencia que oriente su libertad sino que es esa libertad la que le hace ser.
Sartre racionaliza la libertad individual a través de la escogencia y el compromiso. Una vida sin compromiso es una vida desarraigada, afirma, lo que le permitiría al hombre convertirse en ser histórico y, de paso, así lo quiso, no solamente haría del existencialismo un humanismo, sino que eventualmente podría llegar a fusionarlo con el marxismo, como se lo propuso en la Crítica de la Razón Dialéctica. Falta desde luego por conocerse el resultado del juicio de la historia, que dirá si estos relevantes planteamientos no alcanzaron ni alcanzarán más puntos que los que consiguió con él, o su desarrollo aún es pertinente para una sociedad como la nuestra, que en medio de la globalización frenética y la cosificación individual, todavía está compuesta de hombres asustados e indecisos.
Cabe destacar también, que el egoísmo y el desfachatado individualismo del que se acusa tan reiterada y agriamente al existencialismo sartriano, se derrumba todo cuando llegamos a comprender plenamente que lo que Sartre proponía era que, al elegirse el hombre a sí mismo dentro de la libertad, estaba implicada en esa elección la libertad de todos los hombres, y que la libertad individual es también un compromiso social, como la asumió él en vida con tanta beligerancia y lucidez.
Por último, cómo pasar por alto una formidable síntesis de este tema de la libertad en el existencialismo que acabo de leer en la Internet, desafortunadamente sin firma, y que me ayuda con lujo de detalles a refrendar mi insistencia en señalar la profundización sobre la libertad como el más valioso de los múltiples aportes de la filosofía sartriana al estudio de los seres humanos. Dice el estudioso internauta:
La reivindicación sartriana de la libertad es tan radical que le lleva a negar cualquier género de determinismo. No cree en el determinismo teológico, ni biológico ni social: ni Dios nos ha dado un destino irremediable, ni la Naturaleza ni la sociedad determinan absolutamente nuestras posibilidades, nuestra conducta. Somos lo que hemos querido ser y siempre podremos dejar de ser lo que somos. Los fines que perseguimos no nos vienen dados ni del exterior ni del interior, de una supuesta naturaleza, es nuestra libertad la que los elige.
Como dice en “El existencialismo es un humanismo”, no se nace héroe o cobarde, al héroe siempre le es posible dejar de serlo, como al cobarde superar su condición. Estamos condenados a ser libres: condenados porque no nos hemos dado a nosotros mismos la libertad, no nos hemos creado, no somos libres de dejar de ser libres. Aunque todo hombre está en una situación, nunca ella le determina, antes bien, la libertad se presenta como el modo de enfrentarse a la situación (al entorno, el prójimo, el pasado). Ni siquiera los valores, la ética, se presentan como un límite de la libertad, pues en realidad, dice Sartre, los valores no existen antes de que nosotros los queramos, no existen los valores como realidades independientes de nuestra voluntad, los valores morales los crea nuestra determinación de hacer real tal o cual estado de cosas. Al escoger unos valores en vez de otros, la voluntad les da realidad. La libertad se refiere a los actos y voliciones particulares, pero más aún a la elección del perfil básico de mí mismo, del proyecto fundamental de mi existencia, proyecto que se realiza con las voliciones particulares.
Esta idea sartriana tiene dos importantes consecuencias: hace al hombre radicalmente responsable: no tenemos excusas, lo que somos es una consecuencia de nuestra propia libertad de elección; somos responsables de nosotros mismos, pero también del resto de la humanidad; lo que trae consigo el sentimiento de angustia y, en los casos de huida de la responsabilidad, la conducta de mala fe; hace del existencialismo una filosofía de la acción: de forma un tanto paradójica el existencialismo se presenta como una filosofía optimista; paradójica puesto que parecería que al declarar el carácter absurdo de la vida, al ser el hombre “una pasión inútil”, podría fomentar la pasividad, la quietud, pero dado que el hombre es lo que él mismo se ha hecho, dado que se declara que cada hombre es la suma de sus actos y nada más, nos incita a la acción, a ser más de lo que somos: no existe ningún ser que nos haya creado y que dirija nuestra conducta de uno u otro modo.
Finalizando, pues, quiero decir que no ignoro la copiosa tinta regada por estos meses en la prensa mundial alrededor de Sartre y sus aniversarios. Que he leído y repasado múltiples artículos, numerosos de ellos felices en la contradictoria tarea de aprovechar la ocasión no tanto para registrar con objetividad la vida y la obra del filósofo francés, como para, de manera necia y fraudulenta y en un afán publicitario que no logro entender, comer del muerto recapitulando aquellas putrefactas sobras detractoras de hace más de cuarenta años. Y sin sonrojarse.
Pero por fortuna, también son numerosos los escritores e intelectuales serios y honestos que en alemán, inglés, francés, portugués, italiano, español, etc., han venido recordando a Sartre con ojo crítico y severo, pero generoso y fiel a lo que fue y significó para su tiempo. Que sea, entonces, esta rápida referencia al concepto de libertad en el existencialismo sartriano, lo que se constituya en el homenaje que con motivo del centenario de su nacimiento, hoy y a título personal, he querido rendirle.
por Germán Uribe
http://laventana.casa.cult.cu/modules.php?name=News&file=article&sid=2681
Alguien decía que al existencialismo no se le podía definir. Pero, ¿es que a algo en este mundo se le puede definir? Tome usted cualquier concepto, cualquier idea, cualquier supuesta definición, y se encontrará que sobre ella se posan innumerables interpretaciones. Cada vez que escucho una definición, y luego de tomarla con algún beneficio de inventario para no frustrarme, la recibo como una aproximación a su contenido, pues me estoy concediendo así un privilegio en la búsqueda de mi verdad. De ahí que lo que se pueda decir sobre el existencialismo, del cual hay numerosas inferencias, no deja de ser una mera cercanía a su real significado.
Hace ya muchos años, específicamente el 2 de noviembre de 1986, tuve oportunidad de referirme ampliamente en Lecturas Dominicales de El Tiempo a la biografía de Sartre que Annie Cohen-Solal acababa de publicar en Gallimard con motivo de conmemorarse entonces cinco años de su muerte.
Pero hace poco, y luego de la decantación minuciosa de tantos años y de un inflexible filtro crítico sobre todo lo sartriano, he vuelto a las páginas de esa portentosa obra que, bien es sabido, supera cualitativa y cuantitativamente la abundante literatura biográfica que sobre él se ha escrito en los últimos treinta o cuarenta años. Y me confieso aquí un tanto injusto cuando dejo voluntariamente de lado la otra monumental e inteligente pero maliciosa biografía, la de Bernard-Henri Lévy, El siglo de Sartre.
El sólo recordar a Sartre por estos días aniversarios suyos, de muerto 25 y de nacimiento 100, nos ha puesto en el aprieto, ya lo he dicho en diversos medios, de exponer algo nuevo. Pues bien, la verdad es que es muy poco lo novedoso sobre este tema ―o lo nuevo, mejor―, salvo el sinnúmero de anécdotas, chismes, apresurados detallitos de infidencias, agregados al torrencial reguero de amigas secretas y cartas amorosas que, con o sin el visto bueno que dejara Simone de Beauvoir después de muerta, han venido apareciendo y que en la prensa sensacionalista son comidilla favorita y surtidor envidiable de tirajes generosos.
Sólo Arlette Elkaïm, la argelina hija adoptiva de Sartre y su heredera universal, nos ha aportado material serio al desempolvar y publicar desde la obra póstuma del gran filósofo de nuestro siglo, hasta los Cuadernos de Guerra, el segundo tomo de la Crítica de la Razón Dialéctica, los Cahiers pour une morale, y de acuerdo a lo que nos informara Joaquín Vallejo Arbeláez en su oportunidad, Verité et existence. Entonces hemos resuelto abordar esta vez al filósofo con algo que sí nos parece realmente nuevo, es decir, darle acceso al lector masivo, a los estudiantes y legos, al pensamiento medular de la obra de Sartre: el existencialismo y su contenido de libertad social e individual. Por ello, como lo hice anteriormente con la mirada del otro, he resuelto simplificarlo de la siguiente manera:
De la angustia individual al compromiso social:
El hombre no es causa de su propia existencia; viene de la nada y en esas condiciones el hecho escueto de existir es absurdo. Ahora bien, como la existencia, que es la consciencia de la vida, precede a la esencia, o sea que el hombre existe antes de ser, la personalidad de un individuo, es decir, su esencia, no se constituye para él en un destino ya que la vida en sí es una contingencia y procede de una sucesión de escogencias libres. El hombre, pues, está condenado a ser libre, lo que se le revierte en angustia metafísica obligándolo a escoger sin razones suficientes y a decidir al arbitrio sobre su vida.
Pero para encontrar sus valores fundamentales y para que éstos sean históricos, debe asumir acciones de compromiso y responsabilidad. Ser, es escogerse en libertad para un compromiso. La actividad humana es libre y esa autonomía de elección que le otorga su libertad no depende de leyes objetivas por lo que entonces, como lo afirma Sartre, el hombre es lo que él hace de sí mismo, o mejor aún, para la realidad humana ser es elegirse, siendo el hombre, él mismo, el único responsable de su ser.
El objeto del existencialismo es el hombre atrapado en la realidad y se constituye en una filosofía del hombre y para el hombre, contra las filosofías de la razón y de las ideas. Sartre, entonces, es de suponer, por lo absurda y ambigua que le parecía la existencia, y sabiendo que no siendo regalada conlleva la carga adicional de que es un proyecto, requiere y demanda que a la existencia se la legitime en la praxis haciéndose cada cual libre en la responsabilidad de sus actos y, en consecuencia, reconociéndose en ellos.
Hay una buena ilustración al respecto de la esencia del existencialismo como explorador del elemento libertad en la condición humana:
La existencia establece el valor de cada realidad individual, cuyo origen ya no es el pensamiento sino la libertad, pero una libertad absoluta que no está ligada a nada que la determine. Cuando algún filósofo existencialista afirma que "la existencia precede a la esencia", lo que quiere decir es que el ser humano no tiene una naturaleza o esencia que oriente su libertad sino que es esa libertad la que le hace ser.
Sartre racionaliza la libertad individual a través de la escogencia y el compromiso. Una vida sin compromiso es una vida desarraigada, afirma, lo que le permitiría al hombre convertirse en ser histórico y, de paso, así lo quiso, no solamente haría del existencialismo un humanismo, sino que eventualmente podría llegar a fusionarlo con el marxismo, como se lo propuso en la Crítica de la Razón Dialéctica. Falta desde luego por conocerse el resultado del juicio de la historia, que dirá si estos relevantes planteamientos no alcanzaron ni alcanzarán más puntos que los que consiguió con él, o su desarrollo aún es pertinente para una sociedad como la nuestra, que en medio de la globalización frenética y la cosificación individual, todavía está compuesta de hombres asustados e indecisos.
Cabe destacar también, que el egoísmo y el desfachatado individualismo del que se acusa tan reiterada y agriamente al existencialismo sartriano, se derrumba todo cuando llegamos a comprender plenamente que lo que Sartre proponía era que, al elegirse el hombre a sí mismo dentro de la libertad, estaba implicada en esa elección la libertad de todos los hombres, y que la libertad individual es también un compromiso social, como la asumió él en vida con tanta beligerancia y lucidez.
Por último, cómo pasar por alto una formidable síntesis de este tema de la libertad en el existencialismo que acabo de leer en la Internet, desafortunadamente sin firma, y que me ayuda con lujo de detalles a refrendar mi insistencia en señalar la profundización sobre la libertad como el más valioso de los múltiples aportes de la filosofía sartriana al estudio de los seres humanos. Dice el estudioso internauta:
La reivindicación sartriana de la libertad es tan radical que le lleva a negar cualquier género de determinismo. No cree en el determinismo teológico, ni biológico ni social: ni Dios nos ha dado un destino irremediable, ni la Naturaleza ni la sociedad determinan absolutamente nuestras posibilidades, nuestra conducta. Somos lo que hemos querido ser y siempre podremos dejar de ser lo que somos. Los fines que perseguimos no nos vienen dados ni del exterior ni del interior, de una supuesta naturaleza, es nuestra libertad la que los elige.
Como dice en “El existencialismo es un humanismo”, no se nace héroe o cobarde, al héroe siempre le es posible dejar de serlo, como al cobarde superar su condición. Estamos condenados a ser libres: condenados porque no nos hemos dado a nosotros mismos la libertad, no nos hemos creado, no somos libres de dejar de ser libres. Aunque todo hombre está en una situación, nunca ella le determina, antes bien, la libertad se presenta como el modo de enfrentarse a la situación (al entorno, el prójimo, el pasado). Ni siquiera los valores, la ética, se presentan como un límite de la libertad, pues en realidad, dice Sartre, los valores no existen antes de que nosotros los queramos, no existen los valores como realidades independientes de nuestra voluntad, los valores morales los crea nuestra determinación de hacer real tal o cual estado de cosas. Al escoger unos valores en vez de otros, la voluntad les da realidad. La libertad se refiere a los actos y voliciones particulares, pero más aún a la elección del perfil básico de mí mismo, del proyecto fundamental de mi existencia, proyecto que se realiza con las voliciones particulares.
Esta idea sartriana tiene dos importantes consecuencias: hace al hombre radicalmente responsable: no tenemos excusas, lo que somos es una consecuencia de nuestra propia libertad de elección; somos responsables de nosotros mismos, pero también del resto de la humanidad; lo que trae consigo el sentimiento de angustia y, en los casos de huida de la responsabilidad, la conducta de mala fe; hace del existencialismo una filosofía de la acción: de forma un tanto paradójica el existencialismo se presenta como una filosofía optimista; paradójica puesto que parecería que al declarar el carácter absurdo de la vida, al ser el hombre “una pasión inútil”, podría fomentar la pasividad, la quietud, pero dado que el hombre es lo que él mismo se ha hecho, dado que se declara que cada hombre es la suma de sus actos y nada más, nos incita a la acción, a ser más de lo que somos: no existe ningún ser que nos haya creado y que dirija nuestra conducta de uno u otro modo.
Finalizando, pues, quiero decir que no ignoro la copiosa tinta regada por estos meses en la prensa mundial alrededor de Sartre y sus aniversarios. Que he leído y repasado múltiples artículos, numerosos de ellos felices en la contradictoria tarea de aprovechar la ocasión no tanto para registrar con objetividad la vida y la obra del filósofo francés, como para, de manera necia y fraudulenta y en un afán publicitario que no logro entender, comer del muerto recapitulando aquellas putrefactas sobras detractoras de hace más de cuarenta años. Y sin sonrojarse.
Pero por fortuna, también son numerosos los escritores e intelectuales serios y honestos que en alemán, inglés, francés, portugués, italiano, español, etc., han venido recordando a Sartre con ojo crítico y severo, pero generoso y fiel a lo que fue y significó para su tiempo. Que sea, entonces, esta rápida referencia al concepto de libertad en el existencialismo sartriano, lo que se constituya en el homenaje que con motivo del centenario de su nacimiento, hoy y a título personal, he querido rendirle.
Maoísmo
El maoísmo o Pensamiento Mao Tse Tung (chino simplificado: 毛泽东思想, chino tradicional: 毛澤東思想, pinyin: Máo Zédōng Sīxiǎng), también llamado Marxismo-Leninismo-Maoísmo (MLM), es una variante del comunismo (o continuación del leninismo) derivada del pensamiento político de Mao Zedong (1893-1976).
En la República Popular China es la doctrina oficial del Partido Comunista de China. Sin embargo, tras las reformas iniciadas por Deng Xiaoping en 1978, tendientes a una economía de mercado, el socialismo con características chinas ha sido la política aplicada en el país, y la definición oficial y el rol del Pensamiento de Mao Zedong en este país ha sido radicalmente modificado, aunque su imagen todavía preside la Plaza de Tiananmen de Beijing.
Debe decirse que el término maoísmo nunca ha sido empleado oficialmente por el Partido Comunista de China, excepto como palabra derivada. El término preferido ha sido siempre Pensamiento de Mao Tse Tung. De la misma forma, algunos partidos maoístas fuera de China se denominan en ocasiones a sí mismos como marxistas-leninistas y Pensamiento Mao, lo cual refleja su idea de que Mao no modificó sustancialmente los planteamientos de Lenin, sino que los desarrolló y adaptó a la Revolución China.
Sin embargo, otros partidos maoístas consideran que Mao realizó aportes teóricos y prácticos que significaron un desarrollo sustancial del leninismo, por lo que se denominan marxistas-leninistas-maoístas o simplemente maoístas. Por ejemplo, el Partido Comunista de Nepal (Maoísta) se diferencia de otras organizaciones, como el Partido Comunista de Nepal (Marxista-Leninista Unificado), con dicho adjetivo. Hay partidos maoístas que sostienen que hoy es imposible defender la teoría de Marx y de Lenin sin estudiar y defender los aportes de Mao y la experiencia de la Revolución China.
Fuera de China, el término maoísta fue usado desde la década de los 60, generalmente de manera hostil, para describir a los partidos y personas que apoyaban a Mao Zedong y su forma de comunismo, como opuesta a la forma aplicada en la URSS (considerados partidos revisionistas por los maoístas).
Mao y el campesinado:
Al contrario que las primeras formas del marxismo-leninismo, en las cuales el proletariado urbano era visto como la principal fuerza revolucionaria, mientras que los campesinos eran generalmente ignorados, Mao defendió la idea de que el campesinado era una fuerza revolucionaria que podría ser movilizada por el Partido Comunista con su conocimiento y liderazgo. Partía del hecho de que China era un país donde subsistían relaciones semifeudales, con una inmensa masa campesina oprimida por el latifundio, y que esa era la fuerza motor de la revolución, mientras que la fuerza directriz seguía siendo el proletariado y su ideología. Por eso, la Revolución China fue del campo a la ciudad. El modelo para esto fue la lucha armada con bases agrarias durante los años 20 y 30, la cual llevó al Partido Comunista de China al poder.
Asimismo, al contrario que otras formas de marxismo-leninismo en las cuales el desarrollo de la industria pesada era vista como una fuerza positivo, el maoísmo priorizó el desarrollo del campo. Mao opinaba que esta estrategia cobraba sentido durante las primeras etapas del socialismo en un país en el que la mayoría de personas eran campesinos.
Estrategia militar:
El maoísmo contiene una doctrina militar integral, la cual conecta explícitamente a la ideología política con la estrategia militar. Para el maoísmo, el poder nace del fusil (cita de Mao), y el campesinado puede ser movilizado para participar en la guerra popular de la lucha armada a través de una guerra de guerrillas en tres fases.
La primera fase consiste en la movilización del campesinado y el establecimiento de la organización. La segunda fase consiste en el establecimiento de bases rurales y el incremento de la coordinación entre las guerrillas. La tercera fase consiste en la transición a una guerra convencional.
El maoísmo se centra en la movilización masiva revolucionaria con industrias independientes creadas a lo largo del país, que provean a la población china de los recursos necesarios para vivir y de armas. La organización militar de las masas y el poder económico es necesario para defender el área revolucionaria de los ataques exteriores, mientras la centralización previene la corrupción a través de la supervisión y el control.
Los aspectos militares de la teoría maoísta han adquirido mucha más adherencia universal que sus ideas políticas y económicas. Mao es considerado un brillante estratega militar incluso por aquellos que se oponen a otras de sus ideas. Sus escritos sobre la guerra de guerrillas y la noción de guerra popular son ahora consideradas generalmente como lectura esencial para aquellos que desean conducir operaciones de guerrilla y para los que se oponen a la misma.
Las ideas militares maoístas parecen haber adquirido más relevancia al comienzo del siglo XXI en el exterior de China que dentro. Hay un consenso tanto dentro como fuera del Partido Comunista de China en torno a que las condiciones del país son muy diferentes a las de la década de los 30, por lo que existe un debate en torno a cómo podría ser aplicada la doctrina militar de Mao a las ideas miiltares del siglo XXI, especialmente la idea de revolución en asuntos militares.
Mao y la lucha de clases en el socialismo:
Un concepto clave que distingue al maoísmo de otras ideologías comunistas es la afirmación de que tras la toma del poder subsisten las clases sociales y por lo tanto continúa la lucha de clases durante el gobierno socialista (como resultado de la contradicción antagonista fundamental entre el camino capitalista y el comunista). Incluso cuando el proletariado ha alcanzado el poder estatal a través de una revolución socialista, la burguesía tiene la capacidad potencial de restaurar el capitalismo.
Según el análisis maoísta, la experiencia soviética mostraba cómo la burocracia enquistada en el aparato estatal podía convertirse en una burguesía de nuevo tipo y restaurar el capitalismo. Evitar que esto sucediese en China fue la principal razón por la que se organizó la Revolución Cultural, en la cual Mao llamó a profundizar en el socialismo y desenmascarar a los revisionistas que se encontraban dentro del partido. Para los maoístas, fue una enorme lucha por el poder en las condiciones de la dictadura del proletariado, una lucha entre el camino socialista y el camino capitalista. Este fue un gran aporte al marxismo-leninismo.
El maoísmo y la URSS:
Mao analizó los cambios producido en la URSS tras la muerte de Stalin, y afirmó que tras el XX Congreso del PCUS se habían abandonado no sólo las banderas de Stalin, sino las de Lenin y Marx, comenzando así el proceso de restauración capitalista en lo que había sido la patria del socialismo. Mao afirmó que la URSS se había transformado en un país “socialfascista” hacia adentro (es decir: socialista de palabra pero fascista de hecho) y socialimperialista hacia fuera (socialista de palabra, imperialista de hecho); y que el PCUS y todos partidos comunistas alineados se habían convertido en revisionistas e instrumentos de la dominación imperialista por parte de la Unión Soviética. Así comenzó una larga historia de tensión entre China y la URSS.
Para los maoístas, esto permitió esclarecer las razones de la restauración capitalista en la patria de Lenin y Stalin, y posteriormente en la China de Mao.
Mao y la valoración de Stalin:
Para Mao, Stalin fue un defensor del leninismo, y logró grandes avances en la construcción del socialismo. No obstante, consideró que éste había cometido errores, que tenían su base en el no dominio por parte de Stalin del materialismo dialéctico. Esto llevó a Stalin a no ver la subsistencia de las clases sociales dentro del sistema socialista, y por lo tanto a ignorar la lucha de clases. Estos errores habrían sido la causa de una represión indiscriminada, y del surgimiento de una casta burocrática que luego se transformaría en una burguesía de nuevo tipo.
Mao defendió a Stalin, considerando que sus aciertos fueron mayores y más importantes que sus errores. Así, planteó que la tarea de los comunistas con respecto a Stalin es, primero, defenderlo, y luego criticarlo. Tal valoración de Stalin chocó tanto con las opiniones del PCUS y los Partidos Comunistas que de él dependían, como con las del trotskismo y del liberalismo y la socialdemocracia capitalistas, dividiendo aguas en la izquierda internacional.
Maoísmo en China:
Desde la muerte de Mao en 1976 y las reformas de Deng Xiaoping en 1978, el gobierno de la República Popular China ha abandonado en la práctica el maoísmo, aunque el Pensamiento Mao Zedong sigue siendo nominalmente la ideología estatal. Los estatutos del partido han sido reescritos para dar a las ideas de Deng Xiaoping una mayor prominencia que a las de Mao. En dicho país está permitido cuestionar acciones particulares de Mao y criticarlas, pero existe la prohibición de cuestionar públicamente la validez del maoísmo y de las acciones presentes realizadas por el Partido Comunista de China en nombre del maoísmo.
El Partido ahora dice que el maoísmo fue necesario para romper con el pasado feudal del país, pero se considera que las acciones de Mao llevaron a excesos durante la Revolución Cultural. El punto de vista oficial es que China ha superado una fase económica y política, conocida como primera fase del socialismo, en la que el país se enfrenta a problemas nuevos y completamente diferentes a los que lo hizo Mao, por lo que las soluciones aplicadas por Mao ya no resultan operativas. Grupos maoístas, tanto en el mismo Partido Comunista de China como en el exterior, consideran que esta reescritura de la definición del maoísmo es una justificación ideológica para la restauración del capitalismo por Deng y sus sucesores.
Mao es oficialmente reconodido por el Partido Comunista como un gran líder revolucionario por su papel en la lucha contra los japoneses y la creación de la República Popular China, pero el maoísmo es considerado actualmente por el Partido como un desastre económico y político. En los días de Deng, el apoyo al maoísmo ortodoxo era considerado una forma de desviación de izquierdas y una manifestación de culto a la personalidad, aunque dichas manifestaciones son atribuidas a la Banda de los Cuatro más que al propio Mao, quien las combatió.
Aunque estas categorías ideológicas y disputas son vistas como poco relevantes en la actualidad en China, dichas distinciones fueron muy importantes a comienzos de los 80, cuando el gobierno chino reflexionaba sobre cómo permitir reformas económicas sin destruir su propia legitimidad, y hay quienes argumentaron que el éxito de Deng en la reforma económica china fue en parte debido a su capacidad para justificar dichas reformas con una terminología maoísta.
Mucha gente en China continúa defendiendo el maoísmo revolucionario u ortodoxo, en contraste con la corrupción, desigualdades e injusticias del capitalismo que padece en la sociedad china actual. Algunos también consideran que la erosión y precariedad del trabajo, educación, salud, vivienda y otros derechos conquistados en la revolución son derivados de los nuevos planteamientos económicos capitalistas. El 24 de diciembre de 2004 cuatro manifestantes chinos fueron condenados a prisión por distribución panfletos titulados Mao siempre nuestro líder. Dichos panfletos atacaban a los líderes actuales considerándolos revisionistas imperialistas y llamaban a cambiar la línea [del Partido] y volver al camino socialista. Este incidente fue una de las primeras manifestaciones públicas del maoísmo chino difundidas por la prensa internacional, aunque es difícil determinar hasta qué punto se extiende ese sentimiento en la población china.
El maoísmo en el mundo:
Desde 1962 la crítica a la política soviética realizada por el Partido Comunista de China provocó varias divisiones en los partidos comunistas a lo largo del mundo. En un primer momento, el Partido Albanés del Trabajo apoyó a China, como también hicieron muchos partidos comunistas en el sudeste asiático, como el Partido Comunista de Tailandia, el Partido Comunista de Indonesia, etc. Algunos partidos asiáticos, como el Partido Comunista de Vietnam y el Partido de los Trabajadores de Corea intentaron tomar una posición intermedia. En Occidente y el Sur, un buen número de partidos y organizaciones mantenían contactos con el Partido Comunista de China, tomando nombres como Partido Comunista (Marxista-Leninista) o Partido Comunista Revolucionario para distinguirse de los partidos comunistas prosoviéticos tradicionales. Los movimientos maoístas estaban, en la mayoría de los casos, formados principalmente por las oleadas del radicalismo estudiantil durante los años 60 y 70. Bajo el liderazgo del Partido Comunista de China surgió un movimiento comunista internacional paralelo, aunque nunca fue tan homogéneo y formalizado como la tendencia prosoviética.
Tras la muerte de Mao en 1976 y la detención de la Banda de los Cuatro, el movimiento maoísta pasó a denunciar el nuevo liderazgo como traición a la causa del marxismo-leninismo Pensamiento Mao Zedong.
El movimiento maoísta internacional actual agrupa a los que se enfrentaron a Deng, y consideraban que éste se distanciaba del maoísmo, y otros más modernos. Si bien, no son muchos los partidos que se reivindican estrictamente maoístas, en numerosos países de casi todos los continentes se encuentran partidos que defienden los aportes de Mao al marxismo-leninismo, ya considerándose maoístas o “Pensamiento Mao”.
Durante los años 80 surgieron dos movimientos de reagrupación paralelos, uno en el que participaba el Partido Comunista de Filipinas (que dio nacimiento a la Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxistas-Leninistas (Noticiario Internacional)), y el Movimiento Internacionalista Revolucionario (en el que participa el Partido Comunista del Perú). Ambas tendencias reivindicaban el marxismo-leninismo-Pensamiento Mao Zedong, aunque el Movimiento Internacionalista Revolucionario pasó después a emplear el término marxismo-leninismo-maoísmo.
Hoy las organizaciones maoístas, agrupadas en el Movimiento Internacionalista Revolucionario, tiene sus principales focos en el sur de Asia, con luchas armadas desarrolladas en Nepal, India y Bangladesh. Paralelamente a esta internacional se ha fundado una estructura regional, el Comité de Coordinación de los Partidos y Organizaciones Maoístas del Sur de Asia.
En todos los países de América del Sur hay partidos maoístas o marxistas- leninistas-pensamiento Mao Tse Tung . El Partido Comunista Marxista Leninista de Ecuador organiza anualmente el Seminario Problemas de la Revolución en América Latina y el Mundo, que cuenta con la participación de decenas de partidos y movimientos de todo el mundo.
Algunos de los partidos que se consideran maoístas o pensamiento Mao en América del Sur , son los siguientes:
Partido Comunista Revolucionario de la Argentina
Partido Comunista Maoísta de Bolivia
Partido Comunista Revolucionario de Brasil
Partido Comunista de Colombia Maoísta
Partido del Trabajo de Colombia (maoísta)
Partido Comunista Chileno (Acción Proletaria)
Partido Comunista Marxista Leninista de Ecuador
Movimiento Popular Revolucionario Paraguay Piahurá
Partido Comunista del Perú - Patria Roja
Partido Comunista del Perú (Sendero Luminoso)
Partido Comunista Revolucionario del Uruguay
Existe un grupo maoísta, el Movimiento Internacionalista Maoísta (MIM), radicado en Estados Unidos, con sus propias interpretaciones del maoismo. Quienes se oponen al Movimiento Internacionalista Revolucionario, principalmente por el liderazgo que sobre él ejerce el Partido Comunista Revolucionario, partido con el que ha polemizado dura y repetidamente el MIM.
Entre los teóricos maoístas occidentales destaca el francés Charles Bettelheim, quien influyó en los movimientos rebeldes de Francia de los años '60 y '70, y publicó ensayos sobre la transición a la fase socialista. Actualmente Bob Avakian, el Presidente del Partido Comunista Revolucionario, EU, tiene influencia dentro del movimento maoísta y está abordando muchas cuestiones de importancia para el movimiento revolucionario internacional.
En la República Popular China es la doctrina oficial del Partido Comunista de China. Sin embargo, tras las reformas iniciadas por Deng Xiaoping en 1978, tendientes a una economía de mercado, el socialismo con características chinas ha sido la política aplicada en el país, y la definición oficial y el rol del Pensamiento de Mao Zedong en este país ha sido radicalmente modificado, aunque su imagen todavía preside la Plaza de Tiananmen de Beijing.
Debe decirse que el término maoísmo nunca ha sido empleado oficialmente por el Partido Comunista de China, excepto como palabra derivada. El término preferido ha sido siempre Pensamiento de Mao Tse Tung. De la misma forma, algunos partidos maoístas fuera de China se denominan en ocasiones a sí mismos como marxistas-leninistas y Pensamiento Mao, lo cual refleja su idea de que Mao no modificó sustancialmente los planteamientos de Lenin, sino que los desarrolló y adaptó a la Revolución China.
Sin embargo, otros partidos maoístas consideran que Mao realizó aportes teóricos y prácticos que significaron un desarrollo sustancial del leninismo, por lo que se denominan marxistas-leninistas-maoístas o simplemente maoístas. Por ejemplo, el Partido Comunista de Nepal (Maoísta) se diferencia de otras organizaciones, como el Partido Comunista de Nepal (Marxista-Leninista Unificado), con dicho adjetivo. Hay partidos maoístas que sostienen que hoy es imposible defender la teoría de Marx y de Lenin sin estudiar y defender los aportes de Mao y la experiencia de la Revolución China.
Fuera de China, el término maoísta fue usado desde la década de los 60, generalmente de manera hostil, para describir a los partidos y personas que apoyaban a Mao Zedong y su forma de comunismo, como opuesta a la forma aplicada en la URSS (considerados partidos revisionistas por los maoístas).
Mao y el campesinado:
Al contrario que las primeras formas del marxismo-leninismo, en las cuales el proletariado urbano era visto como la principal fuerza revolucionaria, mientras que los campesinos eran generalmente ignorados, Mao defendió la idea de que el campesinado era una fuerza revolucionaria que podría ser movilizada por el Partido Comunista con su conocimiento y liderazgo. Partía del hecho de que China era un país donde subsistían relaciones semifeudales, con una inmensa masa campesina oprimida por el latifundio, y que esa era la fuerza motor de la revolución, mientras que la fuerza directriz seguía siendo el proletariado y su ideología. Por eso, la Revolución China fue del campo a la ciudad. El modelo para esto fue la lucha armada con bases agrarias durante los años 20 y 30, la cual llevó al Partido Comunista de China al poder.
Asimismo, al contrario que otras formas de marxismo-leninismo en las cuales el desarrollo de la industria pesada era vista como una fuerza positivo, el maoísmo priorizó el desarrollo del campo. Mao opinaba que esta estrategia cobraba sentido durante las primeras etapas del socialismo en un país en el que la mayoría de personas eran campesinos.
Estrategia militar:
El maoísmo contiene una doctrina militar integral, la cual conecta explícitamente a la ideología política con la estrategia militar. Para el maoísmo, el poder nace del fusil (cita de Mao), y el campesinado puede ser movilizado para participar en la guerra popular de la lucha armada a través de una guerra de guerrillas en tres fases.
La primera fase consiste en la movilización del campesinado y el establecimiento de la organización. La segunda fase consiste en el establecimiento de bases rurales y el incremento de la coordinación entre las guerrillas. La tercera fase consiste en la transición a una guerra convencional.
El maoísmo se centra en la movilización masiva revolucionaria con industrias independientes creadas a lo largo del país, que provean a la población china de los recursos necesarios para vivir y de armas. La organización militar de las masas y el poder económico es necesario para defender el área revolucionaria de los ataques exteriores, mientras la centralización previene la corrupción a través de la supervisión y el control.
Los aspectos militares de la teoría maoísta han adquirido mucha más adherencia universal que sus ideas políticas y económicas. Mao es considerado un brillante estratega militar incluso por aquellos que se oponen a otras de sus ideas. Sus escritos sobre la guerra de guerrillas y la noción de guerra popular son ahora consideradas generalmente como lectura esencial para aquellos que desean conducir operaciones de guerrilla y para los que se oponen a la misma.
Las ideas militares maoístas parecen haber adquirido más relevancia al comienzo del siglo XXI en el exterior de China que dentro. Hay un consenso tanto dentro como fuera del Partido Comunista de China en torno a que las condiciones del país son muy diferentes a las de la década de los 30, por lo que existe un debate en torno a cómo podría ser aplicada la doctrina militar de Mao a las ideas miiltares del siglo XXI, especialmente la idea de revolución en asuntos militares.
Mao y la lucha de clases en el socialismo:
Un concepto clave que distingue al maoísmo de otras ideologías comunistas es la afirmación de que tras la toma del poder subsisten las clases sociales y por lo tanto continúa la lucha de clases durante el gobierno socialista (como resultado de la contradicción antagonista fundamental entre el camino capitalista y el comunista). Incluso cuando el proletariado ha alcanzado el poder estatal a través de una revolución socialista, la burguesía tiene la capacidad potencial de restaurar el capitalismo.
Según el análisis maoísta, la experiencia soviética mostraba cómo la burocracia enquistada en el aparato estatal podía convertirse en una burguesía de nuevo tipo y restaurar el capitalismo. Evitar que esto sucediese en China fue la principal razón por la que se organizó la Revolución Cultural, en la cual Mao llamó a profundizar en el socialismo y desenmascarar a los revisionistas que se encontraban dentro del partido. Para los maoístas, fue una enorme lucha por el poder en las condiciones de la dictadura del proletariado, una lucha entre el camino socialista y el camino capitalista. Este fue un gran aporte al marxismo-leninismo.
El maoísmo y la URSS:
Mao analizó los cambios producido en la URSS tras la muerte de Stalin, y afirmó que tras el XX Congreso del PCUS se habían abandonado no sólo las banderas de Stalin, sino las de Lenin y Marx, comenzando así el proceso de restauración capitalista en lo que había sido la patria del socialismo. Mao afirmó que la URSS se había transformado en un país “socialfascista” hacia adentro (es decir: socialista de palabra pero fascista de hecho) y socialimperialista hacia fuera (socialista de palabra, imperialista de hecho); y que el PCUS y todos partidos comunistas alineados se habían convertido en revisionistas e instrumentos de la dominación imperialista por parte de la Unión Soviética. Así comenzó una larga historia de tensión entre China y la URSS.
Para los maoístas, esto permitió esclarecer las razones de la restauración capitalista en la patria de Lenin y Stalin, y posteriormente en la China de Mao.
Mao y la valoración de Stalin:
Para Mao, Stalin fue un defensor del leninismo, y logró grandes avances en la construcción del socialismo. No obstante, consideró que éste había cometido errores, que tenían su base en el no dominio por parte de Stalin del materialismo dialéctico. Esto llevó a Stalin a no ver la subsistencia de las clases sociales dentro del sistema socialista, y por lo tanto a ignorar la lucha de clases. Estos errores habrían sido la causa de una represión indiscriminada, y del surgimiento de una casta burocrática que luego se transformaría en una burguesía de nuevo tipo.
Mao defendió a Stalin, considerando que sus aciertos fueron mayores y más importantes que sus errores. Así, planteó que la tarea de los comunistas con respecto a Stalin es, primero, defenderlo, y luego criticarlo. Tal valoración de Stalin chocó tanto con las opiniones del PCUS y los Partidos Comunistas que de él dependían, como con las del trotskismo y del liberalismo y la socialdemocracia capitalistas, dividiendo aguas en la izquierda internacional.
Maoísmo en China:
Desde la muerte de Mao en 1976 y las reformas de Deng Xiaoping en 1978, el gobierno de la República Popular China ha abandonado en la práctica el maoísmo, aunque el Pensamiento Mao Zedong sigue siendo nominalmente la ideología estatal. Los estatutos del partido han sido reescritos para dar a las ideas de Deng Xiaoping una mayor prominencia que a las de Mao. En dicho país está permitido cuestionar acciones particulares de Mao y criticarlas, pero existe la prohibición de cuestionar públicamente la validez del maoísmo y de las acciones presentes realizadas por el Partido Comunista de China en nombre del maoísmo.
El Partido ahora dice que el maoísmo fue necesario para romper con el pasado feudal del país, pero se considera que las acciones de Mao llevaron a excesos durante la Revolución Cultural. El punto de vista oficial es que China ha superado una fase económica y política, conocida como primera fase del socialismo, en la que el país se enfrenta a problemas nuevos y completamente diferentes a los que lo hizo Mao, por lo que las soluciones aplicadas por Mao ya no resultan operativas. Grupos maoístas, tanto en el mismo Partido Comunista de China como en el exterior, consideran que esta reescritura de la definición del maoísmo es una justificación ideológica para la restauración del capitalismo por Deng y sus sucesores.
Mao es oficialmente reconodido por el Partido Comunista como un gran líder revolucionario por su papel en la lucha contra los japoneses y la creación de la República Popular China, pero el maoísmo es considerado actualmente por el Partido como un desastre económico y político. En los días de Deng, el apoyo al maoísmo ortodoxo era considerado una forma de desviación de izquierdas y una manifestación de culto a la personalidad, aunque dichas manifestaciones son atribuidas a la Banda de los Cuatro más que al propio Mao, quien las combatió.
Aunque estas categorías ideológicas y disputas son vistas como poco relevantes en la actualidad en China, dichas distinciones fueron muy importantes a comienzos de los 80, cuando el gobierno chino reflexionaba sobre cómo permitir reformas económicas sin destruir su propia legitimidad, y hay quienes argumentaron que el éxito de Deng en la reforma económica china fue en parte debido a su capacidad para justificar dichas reformas con una terminología maoísta.
Mucha gente en China continúa defendiendo el maoísmo revolucionario u ortodoxo, en contraste con la corrupción, desigualdades e injusticias del capitalismo que padece en la sociedad china actual. Algunos también consideran que la erosión y precariedad del trabajo, educación, salud, vivienda y otros derechos conquistados en la revolución son derivados de los nuevos planteamientos económicos capitalistas. El 24 de diciembre de 2004 cuatro manifestantes chinos fueron condenados a prisión por distribución panfletos titulados Mao siempre nuestro líder. Dichos panfletos atacaban a los líderes actuales considerándolos revisionistas imperialistas y llamaban a cambiar la línea [del Partido] y volver al camino socialista. Este incidente fue una de las primeras manifestaciones públicas del maoísmo chino difundidas por la prensa internacional, aunque es difícil determinar hasta qué punto se extiende ese sentimiento en la población china.
El maoísmo en el mundo:
Desde 1962 la crítica a la política soviética realizada por el Partido Comunista de China provocó varias divisiones en los partidos comunistas a lo largo del mundo. En un primer momento, el Partido Albanés del Trabajo apoyó a China, como también hicieron muchos partidos comunistas en el sudeste asiático, como el Partido Comunista de Tailandia, el Partido Comunista de Indonesia, etc. Algunos partidos asiáticos, como el Partido Comunista de Vietnam y el Partido de los Trabajadores de Corea intentaron tomar una posición intermedia. En Occidente y el Sur, un buen número de partidos y organizaciones mantenían contactos con el Partido Comunista de China, tomando nombres como Partido Comunista (Marxista-Leninista) o Partido Comunista Revolucionario para distinguirse de los partidos comunistas prosoviéticos tradicionales. Los movimientos maoístas estaban, en la mayoría de los casos, formados principalmente por las oleadas del radicalismo estudiantil durante los años 60 y 70. Bajo el liderazgo del Partido Comunista de China surgió un movimiento comunista internacional paralelo, aunque nunca fue tan homogéneo y formalizado como la tendencia prosoviética.
Tras la muerte de Mao en 1976 y la detención de la Banda de los Cuatro, el movimiento maoísta pasó a denunciar el nuevo liderazgo como traición a la causa del marxismo-leninismo Pensamiento Mao Zedong.
El movimiento maoísta internacional actual agrupa a los que se enfrentaron a Deng, y consideraban que éste se distanciaba del maoísmo, y otros más modernos. Si bien, no son muchos los partidos que se reivindican estrictamente maoístas, en numerosos países de casi todos los continentes se encuentran partidos que defienden los aportes de Mao al marxismo-leninismo, ya considerándose maoístas o “Pensamiento Mao”.
Durante los años 80 surgieron dos movimientos de reagrupación paralelos, uno en el que participaba el Partido Comunista de Filipinas (que dio nacimiento a la Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxistas-Leninistas (Noticiario Internacional)), y el Movimiento Internacionalista Revolucionario (en el que participa el Partido Comunista del Perú). Ambas tendencias reivindicaban el marxismo-leninismo-Pensamiento Mao Zedong, aunque el Movimiento Internacionalista Revolucionario pasó después a emplear el término marxismo-leninismo-maoísmo.
Hoy las organizaciones maoístas, agrupadas en el Movimiento Internacionalista Revolucionario, tiene sus principales focos en el sur de Asia, con luchas armadas desarrolladas en Nepal, India y Bangladesh. Paralelamente a esta internacional se ha fundado una estructura regional, el Comité de Coordinación de los Partidos y Organizaciones Maoístas del Sur de Asia.
En todos los países de América del Sur hay partidos maoístas o marxistas- leninistas-pensamiento Mao Tse Tung . El Partido Comunista Marxista Leninista de Ecuador organiza anualmente el Seminario Problemas de la Revolución en América Latina y el Mundo, que cuenta con la participación de decenas de partidos y movimientos de todo el mundo.
Algunos de los partidos que se consideran maoístas o pensamiento Mao en América del Sur , son los siguientes:
Partido Comunista Revolucionario de la Argentina
Partido Comunista Maoísta de Bolivia
Partido Comunista Revolucionario de Brasil
Partido Comunista de Colombia Maoísta
Partido del Trabajo de Colombia (maoísta)
Partido Comunista Chileno (Acción Proletaria)
Partido Comunista Marxista Leninista de Ecuador
Movimiento Popular Revolucionario Paraguay Piahurá
Partido Comunista del Perú - Patria Roja
Partido Comunista del Perú (Sendero Luminoso)
Partido Comunista Revolucionario del Uruguay
Existe un grupo maoísta, el Movimiento Internacionalista Maoísta (MIM), radicado en Estados Unidos, con sus propias interpretaciones del maoismo. Quienes se oponen al Movimiento Internacionalista Revolucionario, principalmente por el liderazgo que sobre él ejerce el Partido Comunista Revolucionario, partido con el que ha polemizado dura y repetidamente el MIM.
Entre los teóricos maoístas occidentales destaca el francés Charles Bettelheim, quien influyó en los movimientos rebeldes de Francia de los años '60 y '70, y publicó ensayos sobre la transición a la fase socialista. Actualmente Bob Avakian, el Presidente del Partido Comunista Revolucionario, EU, tiene influencia dentro del movimento maoísta y está abordando muchas cuestiones de importancia para el movimiento revolucionario internacional.
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