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viernes, 29 de agosto de 2008

Charles Baudelaire

Charles Pierre Baudelaire (9 de abril de 1821 - † 31 de agosto de 1867) fue un poeta, crítico de arte y traductor francés. Fue llamado poeta maldito, debido a su vida de bohemia y excesos, y a la visión del mal que impregna su obra. Barbey d'Aurevilly, periodista francés, dijo de él que fue el Dante de una época decadente. Fue el poeta de mayor impacto en el simbolismo francés. Las influencias más importantes sobre él fueron Théophile Gautier, Joseph de Maistre (de quien dijo que le había enseñado a pensar) y, en particular, Edgar Allan Poe, a quien tradujo extensamente.

Biografía:

Infancia:

Nació en París el 9 de abril de 1821. Su padre, Joseph François Baudelaire, ex-seminarista, antiguo preceptor, fue también profesor de dibujo, pintor y funcionario jefe del Despacho de la Cámara de los Pares. Joseph le enseñó las primeras letras. Cuando nació Charles, su padre tenía la edad de sesenta años, y un hijo, Claude Alphonse, fruto de su primer matrimonio. Su madre fue Caroline Archimbaut-Dufays, quien no llegaba a los treinta años al nacer Baudelaire. Era hija de emigrantes franceses a Londres durante la revolución de 1793. Enseñó Inglés a su hijo.

Fue criado por la sirvienta de la familia. Se conoce muy poco sobre ella, Mariette, pero se intuye que debió de tener gran peso en la familia. Baudelaire la recuerda en un poema aparecido en Las flores del mal.

Joseph François Baudelaire falleció en 1827, cuando Charles tenía seis años. Dejó una pequeña herencia. Su madre cambió de residencia y, a los veinte meses, Caroline se casó por conveniencia con Jacques Aupick, un vecino suyo de cuarenta años que llegará a ser general comandante de la plaza fuerte de París. Es probable que fuesen amantes antes de contraer matrimonio. Baudelaire con ello recibió un gran impacto emocional, viviéndolo como un abandono. Nunca llegó a tener buenas relaciones con Aupick, a quien siempre odió.

Tras las jornadas revolucionarias de 1830, Aupick es ascendido a teniente coronel por su participación en la campaña de Argelia. Dos años más tarde es nombrado jefe del Estado Mayor y se traslada con su familia a Lyon; allí permanecerán cuatro años, estudiando Baudelaire en el Collège Royal de Lyon, de cuyo ambiente no guardará buenos recuerdos. El futuro poeta se aburre y escapa de su encierro.

Su madre, impregnándose de la personalidad de Aupick, se va volviendo cada vez más rígida y puritana. En 1836 su marido asciende a general del Estado Mayor. Vuelven a París, donde Baudelaire es internado en el Collège Louis-le-Grand; allí permanecerá durante dos años y medio. En esa época lee a Sainte-Beuve, a Chenier y Musset, a quien más tarde criticará. Consigue el título de Bachiller superior pero, por una falta aún desconocida, es expulsado.

Juventud y bohemia:

En 1840 Baudelaire se matricula en la Facultad de Derecho. Comienza a frecuentar a la juventud literaria del Barrio Latino y conoce a nuevas amistades, como Gustave Levavasseur y Ernest Prarond. También entabla amistad con Gérard de Nerval, con Sainte-Beuve, Théodore de Banville y Balzac. Intima igualmente con Louis Ménard, que se dedica a la taxidermia y vivisección de animales. Comienza a llevar una vida despreocupada; los altercados con la familia son constantes debido a su adicción a las drogas y al ambiente bohemio. Frecuenta prostíbulos y mantiene relaciones con Sarah, una prostituta judía del Barrio Latino. Charles la denomina La Louchette (la bizca). Además de torcer la vista, era calva. Probablemente fue ella quien le contagió la sífilis. Dentro de su obra capital, Las flores del mal, Baudelaire se refiere a Sarah en un poema, probablemente escrito en el momento en que dejó de verla asiduamente, reanudando sus relaciones con su otra amante, Jeanne Duval.

Une nuit que j'étais près d'une affreuse Juive,
Comme au long d'un cadavre un cadavre étendu,
Je me pris à songer près de ce corps vendu
A la triste beauté dont mon désir se prive


(Una noche en que estaba con una horrible Judía
como un cadáver tendido junto a otro, pensaba
al lado de aquel cuerpo vendido, en esta triste
belleza de la cual mi deseo se priva).

La conducta de Baudelaire, que rechaza entrar en la carrera diplomática, horroriza a su familia. Su padrastro, descontento con la vida libertina que lleva, trata de distanciarle de los ambientes bohemios de París. En marzo de 1841 un consejo de familia lo envía a Burdeos para que embarque con destino a los Mares del Sur, a bordo de un paquebote. La travesía, que duró dieciocho meses, le llevó hasta Calcuta, en compañía de comerciantes y oficiales del Ejército.

De regreso en Francia, se instaló de nuevo en la capital, volviendo a sus antiguas costumbres desordenadas.

Empezó a frecuentar los círculos literarios y artísticos y escandalizó a todo París por sus relaciones con la joven Jeanne Duval, la hermosa mulata que le inspiraría algunas de sus más brillantes y controvertidas poesías. Destacó pronto como crítico de arte: El Salón de 1845, su primera obra, llamó ya la atención de sus contemporáneos, mientras que su nuevo Salón, publicado un año después, llevó a la fama a Delacroix (pintor, entonces todavía muy discutido) e impuso la concepción moderna de la estética de su autor.

Buena muestra de su trabajo como crítico son sus Curiosidades estéticas, recopilación póstuma de sus apreciaciones acerca de los salones, al igual que El arte romántico (1868), obra que reunió todos sus trabajos de crítica literaria. Fue asimismo pionero en el campo de la crítica musical, donde destaca sobre todo la opinión favorable que le mereció la obra de Richard Wagner, que consideraba como la síntesis de un arte nuevo.

En literatura, los autores Hoffmann y Edgar Allan Poe, del que realizó numerosas traducciones (todavía canónicas en francés), alcanzaban, también según el criterio de Baudelaire, esta síntesis vanguardista; la misma que persiguió él asimismo en La Fanfarlo (1847), su única novela, y en sus distintos esbozos de obras teatrales.

Últimos años:

Comprometido por su participación en la revolución de 1848, la publicación de Las flores del mal, en 1857, acabó de desatar la violenta polémica gestada en torno a su persona. Los poemas (las flores) fueron considerados «ofensas a la moral pública y las buenas costumbres» y su autor fue procesado. Ante tales acusaciones Baudelaire respondió:

Todos los imbéciles de la burguesía que pronuncian las palabras inmoralidad, moralidad en el arte y demás tonterías me recuerdan a Louise Villedieu, una puta de a cinco francos, que una vez me acompañó al Louvre donde ella nunca había estado y empezó a sonrojarse y a taparse la cara. Tirándome a cada momento de la manga, me preguntaba ante las estatuas y cuadros inmortales cómo podían exhibirse públicamente semejantes indecencias.


Sin embargo, ni la orden de suprimir seis de los poemas del volumen ni la multa de trescientos francos que le fue impuesta impidieron la reedición de la obra, en 1861. En esta nueva versión aparecieron, además, unos treinta y cinco textos inéditos. El mismo año de la publicación de Las flores del mal, e insistiendo en la misma materia, emprendió la creación de los Pequeños poemas en prosa, editados en versión íntegra en 1869 (en 1864, el diario Le Figaro había publicado algunos textos bajo el título de El spleen de París). En esta época también vieron la luz Los paraísos artificiales (1858-1860), en los cuales se percibe una notable influencia del inglés De Quincey; el estudio Richard Wagner et Tannhäuser à Paris, aparecido en la Revue européenne en 1861; y El pintor de la vida moderna, un artículo sobre Constantin Guys, publicado por Le Figaro en 1863.

En 1864 viaja a Bélgica y residirá dos años en Bruselas. Allí intenta ganarse la vida dictando conferencias sobre arte, pero son un fracaso. En la primavera se encuentra con su editor. Sólo consigue dar tres conferencias sobre Delacroix, Gautier y Los paraísos artificiales, con escasa asistencia de público. Intenta una edición de su obra completa, pero fracasa; se venga de la falta de aceptación escribiendo un panfleto titulado ¡Pobre Bélgica! La sífilis que padecía le causó un primer conato de parálisis en (1865), y los síntomas de afasia y hemiplejia, que arrastraría hasta su muerte, aparecieron con violencia en marzo de 1866, cuando sufrió un ataque en la iglesia de Saint Loup de Namur. Trasladado urgentemente por su madre a una clínica de París, permaneció sin habla, pero lúcido, hasta su fallecimiento, en agosto del año siguiente. Fue enterrado en el Cementerio de Montparnasse, junto a la tumba de su padrastro. Su epistolario se publicó en 1872; los Journaux intimes (que incluyen Cohetes y Mi corazón al desnudo), en 1909; y la primera edición de sus obras completas, en 1939. Charles Baudelaire es considerado el padre, o gran profeta, de la poesía moderna.

Fue una figura bastante popular en los círculos artísticos de París. Manet incluyó su efigie en su famoso cuadro Música en las Tullerías, y en 1865 grabó dos retratos de él, uno de ellos basado en una fotografía de Nadar.

Las flores del mal:

Las flores del mal es una obra de concepción clásica en su estilo, y oscuramente romántica por su contenido, en la que los poemas se disponen de forma orgánica (aunque esto no es tan evidente en las ediciones realizadas tras la censura y el añadido de nuevos poemas). En ella, Baudelaire expone la teoría de las correspondencias y, sobre todo, la concepción del poeta moderno como un ser maldito, rechazado por la sociedad burguesa, a cuyos valores se opone. El poeta se entrega al vicio (singularmente la prostitución y la droga), pero sólo consigue el hastío (spleen, como se decía en la época), al mismo tiempo que anhela la belleza y nuevos espacios ("El viaje"). Es la "conciencia del mal".

Influencia:

Baudelaire fue para algunos la crítica y síntesis del Romanticismo, para otros el precursor del simbolismo, y tal vez haya sido ambas cosas al mismo tiempo. También es considerado el padre espiritual del decadentismo que aspira a épater la bourgeoisie (escandalizar a la burguesía). Los críticos coinciden al señalar que formalmente abrió el camino de la poesía moderna. Su oscilación entre lo sublime y lo diabólico, lo elevado y lo grosero, el ideal y el aburrimiento angustioso (el Spleen) se corresponde con un espíritu nuevo, y precursor, en la percepción de la vida urbana. Además, estableció para la poesía una estructura basada en las antedichas "Correspondencias" o trasvases perceptivos entre los distintos sentidos, idea ésta que desarrolla en el poema de ese título con el que abre "Las flores del mal". Las correspondencias equivalen a audaces imágenes sensoriales que representan la caótica vida espiritual del hombre moderno.Recibe el titulo de Conde de Detif, del quimérico reino de La Araucanía y La Patagonia, el mismo que hoy ostenta el escritor Antonio Gil, primer chileno en recibir títulos de esa Casa Real.

El simbolismo de Rimbaud, Verlaine y Mallarmé, avanzando por el camino de una poesía autónoma, que se representara sólo a sí misma, es especialmente deudor de esta profunda concepción estética de Baudelaire. El trabajo de amplificación expresiva que realizó con la metáfora contribuyó en todo caso a indicar el terreno ilimitado en el que podía expandirse el sistema de representación de la poesía. Todo lo cual fue de importancia decisiva para el desarrollo de la poesía en el siglo XX, junto con la experimentación de Arthur Rimbaud, el principal de los poetas "malditos", quizá el mejor heredero de Baudelaire.

Obra:

Cronología:

Le Salon de 1845 (1845)

Le Salon de 1846 (1846)

Le Salon de 1859 (1859)

Journaux intimes (1851-1862)

Les Paradis artificiels / Los paraísos artificiales(1860)

Curiosités esthétiques / Curiosidades estéticas(1868)

Réflexions sur quelques-uns de mes contemporains (1862)

Richard Wagner et Tannhaüser à Paris (1862)

Le Peintre de la vie moderne (1863)

L'œuvre et la vie d'Eugène Delacroix (1863)

Mon cœur mis à nu (1864)

L'art romantique / El arte romántico (1869)

La Fanfarlo (1847)

Du vin et du haschisch (1851)

Les Fleurs du mal / Las flores del mal (1857)

Petits poèmes en prose, Le Spleen de Paris / Los pequeños poemas en prosa (1869)

Fusées (1867)

Les Épaves / Los despojos (1866)

miércoles, 13 de agosto de 2008

Lord Byron

George Gordon Byron, sexto Lord Byron (Londres, 22 de enero de 1788 – Missolonghi, Grecia, 19 de abril de 1824) fue un poeta inglés, considerado uno de los escritores más versátiles e importantes del Romanticismo.

Su fama se debe no únicamente a sus escritos sino también a su modo de vida algo extravagante y lleno de escándalos, como por ejemplo sus numerosas amantes, deudas, separaciones, acusaciones de incesto y sodomía. Lady Caroline Lamb dejó escrito sobre él: «Loco, malo, y peligroso de conocer». Se involucró en revoluciones en Italia y en Grecia, en donde murió de malaria en la ciudad de Missolonghi.

Su hija Ada Lovelace contribuyó en la invención de la máquina analítica junto con Charles Babbage.

Biografía:

Familia:

Fue hijo del capitán John «Mad Jack» Byron (quinto Lord Byron de la familia, cuya nobleza provenía del reinado de Enrique VIII de Inglaterra), y de la segunda esposa de éste, Lady Catherine Gordon. Su abuelo fue John Byron, también llamado «Foulweather», vicealmirante británico que navegó por todo el mundo. Su padre falleció en 1791 (a los tres años de vida de George) en la localidad de Valenciennes, en Francia, en una pequeña residencia propiedad de su hermana, a donde había huido tiempo atrás de sus acreedores y del terrible temperamento de su esposa. En su estancia allí, el padre había mantenido a varias amantes y derrochó a su antojo lo que le quedaba del dinero de la familia. Así, a esa edad y en compañía de su madre en Aberdeen, George heredó de su progenitor poco más que deudas y los gastos de su funeral.

No obstante, si la herencia material del padre fue poco más que un disgusto para el hijo, no se puede decir lo mismo de la herencia espiritual, pues el joven conservaría su amor por la belleza, el culto a la galantería, y su inclinación hacia la vida licenciosa. De su madre, en cambio, heredaría el cariño que ésta le ofreció, su dulzura, pero también su atroz temperamento.

George nació con una pequeña deformidad en el pie derecho. Era patihendido, significando esto que sus dedos en el pie estaban vueltos hacia dentro. Byron siempre apostó a que tal deformación había sido debida a la mojigatería de su madre, quien había rechazado asistencia médica en el parto. Por este problema, su padre dijo que jamás llegaría a andar. Pero el pequeño Byron, quien tuvo que calzar un zapato ortopédico durante toda su infancia, se rebeló a la creencia del padre, y aprendió a correr antes que a caminar, y aun cuando anduvo cojo, presumía de andar más rápido que muchos. En el futuro, al alcanzar la juventud, sus maneras y modales le servirían para disimular su cojera, haciéndola parecer un caminar excéntrico a la vez que distinguido.

Tuvo que soportar muchas burlas y rechazos por su deformidad, pero aprendió con el tiempo a defenderse bajo la máxima de que «cuando un miembro se debilita siempre hay otro que lo compensa». Palabras a las que en su vida siempre haría honor. Además de la cojera sufrió mucho por el frío, ya que sus huesos siempre fueron frágiles, lo que le causó gran malestar.

Infancia:

La relación de sus padres, que marcó a Byron de forma importante, podría definirse como tempestuosa. Si bien Byron jamás pudo considerar a su padre como un auténtico amante de su madre, ésta, a pesar de su rencor por lo ilícito de la vida de su marido, se volvió triste e inconsolable tras su pérdida. Byron describiría la relación que vivió con su madre Catalina como una aventura de golpes y besos. Catalina llamaba con frecuencia al pequeño Byron cojo bribón o pequeño diablo, mientras él la llamaba vieja o la viuda. Pese a esta relación de amor-odio, Byron diría posteriormente que su madre fue la única que lo había entendido.

Cuando cumplía la edad de nueve años, su madre lo puso en manos de una joven institutriz y enfermera escocesa, devota calvinista, apodada Mary Gray, quien lo inició en la lectura de la Biblia y en el sexo, ya que en aquel entonces, y pese a lo breve de su edad, tuvo sus primeras relaciones sexuales con ella. Junto a ella pasó el verano en el valle del Dee, en una casa de campo cercana a Abergeldie, y contempló las aficiones alcohólicas y orgiásticas de Mary Gray. De aquella época, además del mundo que se le descubrió a través de la sexualidad con la joven Mary Gray, a quien guardaría para siempre a fuego en su memoria, Byron recordó también la belleza de las montañas septentrionales escocesas, la cual admiró durante su estancia, indagando en sus recovecos a diario en sus continuas escapadas y a muy pesar de su latente cojera.

Byron no guardó recuerdo amargo de aquellas primeras relaciones sexuales y lecturas religiosas, ni contó al respecto que le hubieran perjudicado de modo alguno. Contrariamente, afirmó que la experiencia en el valle del Dee le ayudó a madurar y comprender de forma precoz el sentimiento de la melancolía.

Ocurrió esto mientras vivía en la ciudad escocesa de Aberdeen, donde se inició en latín e historia con la ayuda de un preceptor presbiteriano hasta su entrada en la Aberdeen Grammar School. Fue mientras cursaba el cuarto grado en la histórica escuela cuando su presencia fue requerida en Inglaterra debido al fallecimiento de su tío abuelo William Byron, quinto Lord Byron.

Una vez allí, con la muerte de su tío abuelo, se le reconoció su aristocracia, y aunque nunca le tuvo excesivo aprecio al título que le correspondía, la experiencia le hizo ampliar sus horizontes, y creyó crecer de golpe al imaginarse en un futuro en la Cámara de los Lores. Vivieron madre, hijo e institutriz en el lugar, en la recién heredada Newstead Abbey ('abadía'), la cual, para su sorpresa, frente a sus aspiraciones de nueva riqueza, estaba cargada de deudas y en muy mal estado. Su madre contrató, para gestión y administración de bienes, al abogado londinense Hanson, quien se haría cargo de los asuntos familiares hasta que el pequeño George contase con la edad suficiente. Byron recordaría gratamente que ésta fue la mejor residencia que tuvo. Allí conoció y se enamoró de su prima Mary Duff, quien lo rechazó por ser un chico muy joven para ella. Esta situación, que lo dejó desolado, lo animó a empezar a realizar sus primeras composiciones.

Cabe decir que el tío abuelo de George había pasado los últimos años de su vida viviendo casi como un ermitaño, actitud que no iba de acorde con los años que vivió anteriormente a su reclusión. De esos años se recuerda que lo llamaban El Villano, y que también los vivió de un modo bastante licencioso. Algunas de sus proezas fueron el intento de asesinato de su esposa lanzándola a un lago tras una discusión doméstica, o la muerte en duelo de William Charworth, de Annesley Hall, tras una discusión al respecto de los métodos para la caza. De este hombre heredó George su título familiar, sus deudas y la misma espada con la que atravesó a su rival.

El pequeño Byron fue enviado al colegio del doctor Glennie, en Dulwich. Allí sus estudios se vieron interrumpidos constantemente por las manías de su afectada madre, quien continuamente interrumpía su estancia para llevarlo consigo durante largos periodos de tiempo. Durante esta época es cuando Byron lee una de sus obras predilectas, Las mil y una noches. Ya era un ávido lector desde hacía años.

Pero en 1801, gracias en parte a una pensión de trescientas libras que había recibido la madre del joven por parte del rey, Byron fue admitido en Harrow, donde completaría sus estudios primarios.

En 1802 tuvo su primera tragedia amorosa, al morirse su prima Margaret Parker, de la que también estaba enamorado.

Juventud:

En 1805 se trasladó a la universidad de Cambridge. Aquí, además de ser un brillante estudiante, destacaría por sus trajes extravagantes y su vida licenciosa y despilfarradora. Pese a ello, se ganó el sobrenombre de buen chico y tuvo grandes amigos, como Lord Broghton, John Hobhouse, quien sería líder del Partido liberal. Fue muy aficionado a escribir versos ya en esta época, y aprendió boxeo y esgrima, siendo un gran experto en ambas artes de lucha, gracias a sus amigos Jackson y Angelo. Dejaría la universidad por falta de dinero y se mudaría a la calle Picadilly 16 de Londres, en donde fue amante de una prostituta. Luego, ya sin dinero, volvería con su madre a Southwell y se dedicaría en cuerpo y alma a la poesía. Ese año publicó su primer libro de poesías, intitulado Composiciones fugaces, gracias a una amiga suya, Elisabeth Pigot, la cual le pasó en limpio sus escritos y los editó. Sin embargo, el párroco de la zona no dejó que saliera a la venta y lo quemó, porque en uno de los poemas salía mal parada una tal Mary.

En 1807 se publicó en la prestigiosa revista Edinburgh Review su libro de poemas Horas de ocio, que suscitó dispares opiniones. Ante la crítica siempre respondía de forma combativa o escribiendo una nueva obra. En 1809 ocupó un escaño en la Cámara de los Lores, escribió la sátira Bardos ingleses y críticos escoceses y emprendió un viaje de dos años por España, en donde le cautivó la belleza de las españolas (escribió el poema La chica de Cádiz) y tuvo una entrevista con el General Castaños en plena Guerra de la independencia. Viajó también por Portugal, Albania, Malta y Grecia, en donde atravesó el Helesponto a nado, junto con su amigo Hobhouse, y donde escribió las sátiras Hints from Horace y La maldición de Minerva. También estuvo en Turquía, donde intentó descubrir Troya. Durante estos viajes tuvo varias relaciones, tanto con mujeres como con hombres. En 1811 murieron su madre y dos de sus amigos en tan sólo un mes, cosa que influyó mucho sobre su ánimo, ya que se obsesionó con la muerte. En esta época se refugió en su hermanastra Augusta Leigh, manteniendo una relación con ella, lo que provocó que se le acusara por incesto.

Madurez:

La publicación en 1812 de los dos primeros cantos de Las peregrinaciones de Childe Harold, poemas que narran sus viajes por Europa, lo llevaron a la fama. Además realizó otra series de obras como El Giaour, La novia de Abidos, El corsario y Lara, estableciendo lo que se llamó el héroe de Byron. Por esta época conoció al que sería su biógrafo Thomas Moore, con quien, según se dice, también tuvo relaciones sexuales. También fue famoso su affair con la aristócrata Lady Caroline Lamb. Fue poco querido por los demás componentes de la nobleza por sus continuos amoríos y críticas (como al duque de Wellington). Incluso fue insultado públicamente en la cámara de los Lores, a causa de haber defendido el ludismo y a los católicos. Pero a él realmente le importaba muy poco e incluso le gustaba que lo odiaran pues, en su opinión, también le temían. En 1815, año en que publicó Melodías hebreas, se casó con Anna Isabella Milbanke, a quien le dijo en la noche de bodas: «Te arrepentirás de haberte casado con el diablo»; posteriormente, en su luna de miel, cuando pasaban por un pueblo, sonaron las campanas por un fallecido, a lo que Byron dijo: «Seguro que esas campanas tocan por nosotros». Tras conocerse que Byron no le era fiel, Anna Isabella lo abandonó en 1816, tras dar a luz a la única hija legítima del poeta, Augusta Ada. Los rumores sobre sus relaciones incestuosas con su hermanastra Augusta, sus poemas antipatrióticos, su acusación de sodomía y las dudas sobre su cordura provocaron su ostracismo social. Amargado profundamente, Byron abandonó Inglaterra en 1816 y nunca volvió.

A partir de ese año 1816, comenzaría una suerte de viajes por casi toda Europa que no acabarían hasta su muerte. En 1816 llegó a visitar Waterloo, lugar turístico por excelencia en aquella época, cuando tan sólo hacía un año desde que se celebrara allí la famosa batalla.

En el año de 1816 se trasladó a Suiza y estuvo viviendo algún tiempo junto a Percy Shelley, Mary Shelley y su médico personal (Byron fue muy propenso a las enfermedades y fue otra de las causas de sus depresiones), John William Polidori. En una tormentosa noche de verano de 1816 se reunieron los cuatro en Villa Diodati, propiedad de Byron, y decidieron escribir relatos de terror dignos de aquella noche lúgubre. Inspirados ambos en la personalidad de Byron, Mary Shelley escribió Frankenstein y Polidori su relato El Vampiro. En su estancia suiza Byron redactó El prisionero de Chillón, El himno a la belleza intelectual, El sueño y Estancias a Augusta.

Desde 1817 hasta 1822 estuvo viajando por Italia, recorriendo ciudades como Pisa, Génova y Roma, donde tuvo una aventura con Margarita Cogni y vivió en el palacio Nani-Mocenigo, residencia que fue casi un harén para él, frecuentando las tertulias de las condesas Benzoni y Albrizzi. En 1821 participó en la revuelta de los carbonarios en Rávena y se enroló en los movimientos contra el Papa (publicó por entonces su obra crítica La profecía de Dante) y contra Austria. También llegó a vivir un tiempo en Venecia, donde, según fanfarroneaba, había tenido 250 relaciones sexuales con mujeres, y donde vivió con la condesa Teresa Guiccioli, recién separada de su anciano marido. Se apasionó con la lectura del Fausto de Johann Wolfgang Goethe, escritor a quien admiraba y con quien se carteó varias veces. Esta admiración era recíproca, ya que Goethe escribió que Byron era «el poeta del presente». A finales de 1821 escribió Manfredo, influido por Goethe; acabó varios cantos de su Don Juan y creó un periódico con Percy Shelley llamado El Liberal.

En abril de 1822 murió su hija ilegítima Allegra (nacida de su relación con Claire Clairmont, hermanastra de Mary Shelley) cuando apenas había cumplido cinco años y a la que Byron tenía gran aprecio. Además, mientras hacía un viaje junto a su gran amigo Percy en goleta (la de Byron se llamaba «Bolívar» y la de Percy «Don Juan»), éste último murió en un naufragio ocurrido el 8 de julio junto al capitán Williams. En septiembre se instaló en Génova, queriéndose dedicar a la política sin éxito.

Aventura en Grecia y muerte:

En marzo de 1823 lo designaron miembro del Comité de Londres para la independencia de Grecia, marchando allí en 1824 en la goleta Hercules para luchar por la independencia del país, entonces parte del Imperio Otomano. Allí escribió su última composición A mis treinta y seis años; dio 4.000 libras y se le designó un regimiento; contactó con los bandidos de Suliotas y luchó junto a ellos; fue recibido como un héroe por los griegos, quienes querían hacerlo comandante, y planeó un ataque junto con el príncipe Alejandro Mavrocordatos, pero tuvo un ataque epiléptico y contrajo la malaria. Los médicos le prescribieron unas sangrías, a lo que él se negó. Días después, extenuado por la enfermedad y llamándolos asesinos, permitió a los médicos sacarle toda la sangre que desearan. El 16 de abril practicaron la primera sin buen resultado. Al día siguiente realizaron otras dos. Murió el día 19 de abril en Missolonghi, sin haber cumplido su sueño de independencia griega. Testigos presenciales aseguraron que, en total, le habían extraído unos dos litros de sangre, aproximadamente. Murió como todos los Lores Byron, a los 36 años de edad, cumpliéndose así la supuesta maldición que caía sobre ellos. «Los amados de los dioses mueren jóvenes», habían dejado escrito los clásicos griegos.

Goethe escribió, ante la noticia de su muerte: «Descansa en paz, amigo mío; tu corazón y tu vida han sido grandes y hermosos».

Un suburbio de Atenas fue llamado Vyronia en su honor.

Su cuerpo primero fue enterrado en la Iglesia de Santa María Magdalena de Hucknall, Nottinghamshire (cerca de Newstead Abbey), junto a su madre, pero 145 años más tarde sería trasladado a la Abadía de Westminster, en el Rincón de los Poetas.

Obra poética:

Byron fue un escritor prolífico. En 1833 su editor John Murray publicó 17 volúmenes sobre toda su obra, incluyendo la biografía de Thomas Moore. Su gran obra, Don Juan, un poema de 17 cantos, fue uno de los más importantes poemas largos publicados en Inglaterra, desde El paraíso perdido de John Milton. Don Juan influyó a nivel social, política, literaria e ideológicamente. Sirvió de inspiración para los autores victorianos.

Influyó en los autores románticos del siglo XIX, sobre todos por sus héroes o antihéroes (véase: Héroe de Byron). Sus personajes presentan una idealizado pero defectuoso carácter cuyos atributos incluían:

un gran talento
gran exhibición de pasión
aversión por la sociedad y por las instituciones sociales
frustración por un amor imposible debido a los límites impuestos por la sociedad o la muerte
rebeldía
exilio
oscuro pasado
comportamiento autodestructivo.
Las obras Las peregrinaciones de Childe Harold, Lara, Manfredo y Don Juan son claramente autobiográficas.

En la España absolutista del rey Fernando VII de España y en una América hispana que luchaba por su emancipación, la vida y obra de Byron tuvieron una gran influencia y sirvieron de inspiración a los poetas del Romanticismo.

Fue un autor admirado por muchos de sus contemporáneos, como Goethe, Alphonse de Lamartine, Jan Potocki y por otros de generaciones inmediatas, como Edgar Allan Poe (quien basó muchas de sus Narraciones extraordinarias en personajes de Byron), Mijaíl Lermontov, Alejandro Pushkin, José Mármol, Víctor Hugo, Alejandro Dumas y Charles Nodier.

Carácter:

Lord Byron tuvo un particular magnetismo personal. Consiguió la reputación de no ser convencional, ser excéntrico, polémico, ostentoso y controvertido. Muchos han atribuido sus capacidades extraordinarias a un trastorno bipolar, también conocido con el nombre de depresión maníaca. Siempre fue ácido y cruel. Se inclinó por los desheredados, los marginados, los miserables como los corsarios y los cosacos, y todo lo demás era hipocresía: nobleza, sociedad, etc. Siempre defendió a los más débiles y a los oprimidos, por lo que apoyó a España frente a la invasión napoleónica, a la independencia de las naciones latinoamericanas y, por supuesto, a la libertad de su querida Grecia. Fue un gran admirador de Rousseau. Tuvo gran afición por la compañía de los animales, como por su perro Terranova «Boatswain», en cuya tumba escribió:

Aquí reposan
los restos de una criatura
que fue bella sin vanidad
fuerte sin insolencia,
valiente sin ferocidad
y tuvo todas las virtudes del hombre
y ninguno de sus defectos.
Byron, mientras estudiaba en Cambridge, guardó un oso en una institución en donde estaban prohibidos los animales domésticos. En otras épocas de su vida tuvo de compañía a un zorro, monos, loros, gatos, un águila, un halcón, gallinas de Guinea, un tejón, gansos, una grulla egipcia y una garza.

Obra:

Horas ociosas
Bardos ingleses, críticos escoceses (1809)
Las peregrinaciones de Childe Harold (1812–1818)
La novia de Abidos (1813)
Giaour (1813)
El corsario (1814)
Lara (1814)
Melodías hebreas (1815)
El sitio de Corintio (poema) (1816)
Parisina (1816)
El prisionero de Chillon (1816)
El sueño (1816)
Prometeo (1816)
Oscuridad (1816)
Manfredo (1817)
Las lamentaciones por el Tasso (1817)
Beppo (1817)
Mazeppa (1818)
La profecía de Dante (1819)
Marino Faliero (1820)
Sardanápalo (1821)
Los dos Foscari (1821)
Caín (1821)
La visión del juicio (1821)
Cielo y tierra (1821)
Werner (1822)
El deformado transformado (1821)
La Edad de Bronce (1823)
La isla (1823)
A mis treinta y seis años (1824)
Don Juan (1819–1824), incompleto a causa de su muerte.

martes, 12 de agosto de 2008

Victor Hugo

Victor-Marie Hugo (pronunciado, en francés, /vik'tɔʁ ma'ʁi y'gɔ/) (Besanzón, 26 de febrero de 1802 – París, 22 de mayo de 1885) poeta precoz, además es el más importante de los escritores románticos en francés.

Su obra es muy variada: novelas, poesías, obras de teatro en verso y en prosa, discursos políticos en la Asamblea Nacional, y una abundante correspondencia. El conjunto de lo que ha perdurado de sus escritos (algunas cartas personales fueron destruidas voluntariamente por sus ejecutores testamentarios Paul Meurice y Auguste Vacquerie) fue publicado en la editorial de Jean-Jacques Pauvert y cuenta con casi cuarenta millones de caracteres. Fue un escritor prolífico que se autoimponía escribir, llegándose a levantar a las 3 de la madrugada en verano para escribir y a las 5 en invierno, hasta el mediodía, a veces hasta de pie.

En materia de novelas escribió más de 18.000 páginas.

Biografía:

Nacido en Besanzón el 28 de febrero de 1802, aunque su infancia transcurre en París. Sus estancias en Nápoles y España, acompañando a su padre, general napoleónico destinado a España desde 1808 hasta 1812, le marcarán bastante. Allí fue paje de José I Bonaparte. Durante su infancia tuvo gran afición a dibujar a cualquier hora y en cualquier sitio, afición que conservaría toda su vida. Ya con 14 años decidió ser escritor y escribió: Seré Chateaubriand o nada. Junto con sus hermanos funda en 1819 una revista, El Conservador literario, en la que ya se destaca su talento y en la que él es el único participante en ella pero utilizando hasta once seudónimos. El mismo año, gana el concurso de la Academia de los Juegos Florales. En estos primeros años también se dedicó a pintar, algo que hacía con gran facilidad.

A los 14 años decide ser un escritor, y a los 16 años publica su primera obra, luego publicó su libro de poemas, Odas, que apareció en 1821: cuenta entonces con veinte años y sus estudios en el Liceo Louis-le-Grand le permiten que pronto se dé a conocer. Participa en las reuniones del Cenáculo de Charles Nodier en la Biblioteca del Arsenal, cuna del romanticismo, que tendrán una gran influencia en su desarrollo. En las discusiones allí dadas era capaz de callar y convencer a un contertulio con tan solo una frase. En 1820 escribirá su primer volumen de poesías que tuvo gran éxito en la corte de Luis XVIII. Tres años después era nombrado Caballero de la Legión de Honor. El estallido se producía con Cromwell, publicado en 1827. En el prólogo de este drama, se opone a las convenciones clásicas, en especial a la unidad de tiempo y a la unidad de lugar, aunque sólo lo pondrá en práctica del todo en la obra Hernani (que posteriormente en 1844 fue adaptada por Giuseppe Verdi en su ópera Ernani, además de El rey se divierte que la adaptó a su ópera Rigoletto). Ante esta última obra musical Víctor Hugo se disgustó con Verdi por no haberle pedido permiso para realizar esa obra, por lo que luchó por los derechos de autor durante toda su vida. Antes había escrito Marion de Lorme, una obra considerada demasiado liberal, por lo cual fue censurada.

Entre 1826 y 1837, pasa varias temporadas en el Castillo de Roches en Bièvres, popiedad de Bertin l'Aîné, director de Le Journal des débats. En el curso de estas estancias, conoce a Berlioz, Chateaubriand, Liszt, Giacomo Meyerbeer y elabora libros de poesías entre los que se encuentra el famoso Hojas de otoño. Durante esta época es nombrado oficial de la Legión Francesa y poco después Par de Francia. Escribió su drama Lucrèce Borgia en el cual distorsionaba la imagen de dicha mujer reflejando en ella a una envenenadora que no fue tal, pero aunque lo que escribiera no fuera cierto los lectores le creían y admiraban.

Hasta una edad muy avanzada, tuvo numerosas amantes. La más conocida, la actriz Juliette Drouet, que le consagró su vida, le libró de la cárcel tras el golpe de estado de Napoleón III. Escribe muchos poemas para ella. Pasaban siempre juntos el aniversario de su encuentro, y para la ocasión, año tras año, un cuaderno común que llamaban el libro del aniversario. Ella siempre soportó sus excesos de fiestas y de brutales comidas que engullía y llegaron a hacer varios viajes por el río Rhin y el canal de la Mancha (donde vivieron en varias islas). Antes se había casado con Adèle Foucher en 1822, matrimonio muy feliz mientras duró, pero en 1831 acabó con una infidelidad de ella con un crítico literario, harta de la ajetreada vida del escritor. Tuvieron cinco hijos, Leopoldo, que murió poco después de nacer, Leopoldine, que moriría en las aguas del Sena en su noche de bodas, Charles y Adèle.

En el mismo año que se separó de su mujer Adèle, escribió por orden de un editor Nuestra Señora de París, obra que le costó muchas horas escribir y que le llegó a dejar con mal aspecto y delgado, pero el esfuerzo valió la pena ya que fue bien valorada por los críticos y un éxito entre los lectores, hecho que alivió su mal estado económico, en esa época Victor Hugo tenía 28 años.

Educado por su madre, originaria de la levantisca región de la Vendée, leal al realismo, se va convenciendo poco a poco de las virtudes de la democracia («Crecí»), como demuestra a lo largo de su obra. Su opinión es que «donde el conocimiento sólo está en un hombre, se impone la monarquía. Donde está en un grupo de hombres, debe dejar su sitio a la aristocracia. Y cuando todos tienen acceso a las luces del saber, es que ha llegado el tiempo de la democracia». Una vez convertido a la democracia liberal y humanitario, es elegido diputado de la Segunda República en 1848, y apoya la candidatura del príncipe Luis-Napoleón, pero va al exilio tras el golpe de Estado del 2 de diciembre de 1851 que condena con vigor por razones morales (Historia de un crimen y Napoleón el pequeño). En esta época sus hijos fueron incluso encarcelados, absueltos tras su exilio.

Bajo el Segundo Imperio, opuesto a Napoleón III, vive exiliado en Bruselas primero, y luego en Jersey y Guernesey. Es uno de los pocos proscritos que rechaza la amnistía que se concede poco tiempo después («Y cuando sólo quede uno, ése seré yo»). La pérdida de su hija Léopoldine en Villequier en 1843 le afecta bastante, planteándose incluso el suicidio, y en Jersey tiene escarceos con el espiritismo, de lo que nos deja testimonio en una extraña obra, Las mesas que dan vueltas de Jersey.

Durante la década de 1860, atraviesa en varias ocasiones el Gran Ducado de Luxemburgo como turista, de camino hacia el Rin alemán (1862, 1863, 1864, 1865). En 1871, tras la Comuna de París, al ser expulsado de Bélgica por haber prestado refugio a comuneros perseguidos en la capital francesa, encuentra asilo durante tres meses y medio en el Gran Ducado (1 de junio – 23 de septiembre). Luego vuelve a París y será una de las figuras tutelares de la III República. En 1862 escribió su gran éxito Los Miserables, magna obra de la literatura francesa.

Durante su exilio conoció a Oscar Wilde y Hans Christian Andersen. Anteriormente había conocido a Alejandro Dumas y a Jules Verne.

Volvió de nuevo de su exilio en 1870 con la proclamación de la tercera república. Al llegar a París la gente salió por la calle para recibirle con todos los honores. Fue de nuevo elegido diputado. En 1871 se le hizo un homenaje por el 50 aniversario de Nuestra señora de París, en el cual asistieron 600.000 parisinos. Intentó de nuevo ser miembro de la Academia francesa, aunque falleció sin poder realizar el que era su último sueño en su vida.

Murió el 22 de mayo de 1885 a causa de una pulmonía y antes de este hecho dio 50.000 francos a los pobres. De acuerdo a su última voluntad, se le entierra en el Panteón de París, al que llega en el «coche fúnebre de los pobres». Su ataúd había permanecido durante bastantes días bajo el Arco de Triunfo, donde se dice que fue visitado por unos tres millones de personas. Fue designado como el Rey Sol de la literatura, aunque, años más tarde, Jean Cocteau también se refirió a él con esta frase: «Víctor Hugo era un loco que se hacía pasar por Víctor Hugo».

Su pensamiento político:

A partir de 1849, Victor Hugo consagra la tercera parte de su obra a la política, un tercio a la religión y el otro a la filosofía humana y social. El pensamiento de Victor Hugo, complejo y a veces errático, rechaza cualquier condena de las personas y cualquier maniqueísmo, pero no por ello deja de juzgar severamente la sociedad de su tiempo.

Política interior:

Reformista, desea cambiar la sociedad, pero no de sociedad. A pesar de justificar enriquecimiento, denuncia con vehemencia el sistema de desigualdad social. Está contra los ricos que capitalizan sus beneficios sin reinvertirlos en la producción. La élite burguesa no se lo perdonará. También se opone a la violencia cuando ésta se ejerce contra un poder democrático pero la justifica contra un poder ilegítimo. Así, en 1851, hace un llamamiento a las armas («Cargar el fusil y estar atentos») que no es escuchado. Mantiene esa posición hasta 1870. Al estallar la guerra franco-prusiana, Hugo la condena: «guerra de capricho» y no de libertad. Luego, una vez caído el Imperio la guerra prosigue contra la República; el llamamiento de Hugo en favor de la fraternidad no es escuchado. El 17 de septiembre, publica un llamamiento a la insurrección y a la resistencia. Los republicanos moderados están aterrorizados: «¡Mejor Bismarck que los rebeldes!». El pueblo de París, por su parte, se moviliza.

La Comuna:

Siendo consecuente consigo mismo, Hugo no podía ser seguidor de la Comuna: «Lo que representa la Comuna es inmenso, podría hacer grandes cosas, sólo hace las pequeñas. Y cosas pequeñas que son cosas odiosas, es lamentable. Que se me entienda bien, soy un hombre de revolución. Acepto pues las grandes necesidades, con una sola condición: y es que sean la confirmación de los principios y no su quiebra. Todo mi pensamiento oscila entre esos dos polos: civilización-revolución. La construcción de una sociedad igualitaria solo podría derivar de una recomposición de la misma sociedad liberal». Sin embargo, ante la represión que sufren los comuneros, el poeta manifiesta su asqueo: «Unos bandidos han matado a 64 rehenes. ¡Se les responde matando 6.000 prisioneros!».

La cuestión social:

Hugo no se cansó de denunciar la segregación social y las desigualdades que se acrecentaban en su pueblo. Tras la última reunión pública que preside declara: «Queda la cuestión social. Es terrible, pero sencilla, ¡es la cuestión de los que tienen y la de los que no tienen!». Se trataba de hecho de recaudar fondos que permitieran a 126 delegados obreros acudir al primer Congreso socialista de Francia, en Marsella.

Fue considerado como el padre de la novela social en Francia, como Charles Dickens lo era en Inglaterra.

Discursos:

Victor Hugo pronunció a lo largo de su carrera política varios grandes discursos:

Uno sobre la defensa del litoral.

Uno sobre la condición de la mujer.

Uno contra la enseñanza religiosa y a favor de la escuela laica y gratuita.

Varias diatribas contra la pena de muerte («¿Qué dice la sociedad? "No me matarás". ¿Cómo lo dice? ¡Matando!»).

Varios discursos a favor de la paz.

Uno a favor del sufragio universal.

La paz a través del comercio:

Se manifiesta como ardiente defensor de una colonización humanista, aunque matiza que debe ser provisional y durar sólo el tiempo necesario, que sustituya a las antiguas guerras de conquista. Así, el 18 de mayo de 1879, tras un banquete que celebraba la abolición de la esclavitud, Victor Hugo pronuncia un discurso en favor de la colonización llevada por la Tercera República: «El Mediterráneo es un lago de civilización; no es casualidad que el Mediterráneo tenga en una de sus orillas el viejo universo y en la otra el universo ignoto, es decir, a un lado toda la civilización y al otro toda la barbarie [...]. Dios ofrece África a Europa. Tomadla. Tomadla, no para el cañón, sino para el arado; no para el sable, sino para el comercio; no para la batalla, sino para la industria; no para la conquista, sino para la fraternidad. Verted vuestros excedentes en esta África, y de paso resolved vuestros problemas sociales, haced que vuestros proletarios sean propietarios. ¡Venga, haced! Haced carreteras, haced puertos, haced ciudades; cruzad, cultivad, colonizad, multiplicad».

Insiste continuamente en el hecho de que el comercio sustituirá a la guerra, sin llegar a prever sin embargo, como hará amargamente más adelante Georges Bernanos, que acabaremos «peleando por la clientela a cañonazos». En esa visión del orden comercial que sustituye al orden militar, se anticipa al filósofo Alain.

Esa visión positiva de la misión del hombre se condensa en uno de sus versos más conocidos: «Colabora con Dios. Prevé. Provee. Ten cuidado».

Sin embargo, nada nos permite suponer que Hugo, a pesar de su entusiasmo por la colonización por pioneros idealistas, no hubiera condenado, si lo hubiera intuido, el orden colonialista tan diferente que siguieron los países colonizadores en las décadas siguientes. Su lucha social y su defensa a ultranza de las minorías oprimidas (intervino para pedir el indulto de John Brown, guerrillero abolicionista norteamericano) en ese sentido es bastante clara.

Los Estados Unidos de Europa:

Una esperanza que nunca abandona es la de los futuros Estados Unidos de Europa. Sus contemporáneos juzgan absurda esa idea: se considera que la rivalidad entre Francia y Alemania no puede desaparecer. Habrá que esperar hasta la segunda mitad del Siglo XX para que esta idea se retome y se admita, llegando incluso a concretarse con la generalización del euro: el comercio ha sustituido a la guerra, como Victor Hugo previó.

Obras:

Obras publicadas:

Odas y poesías varias (1822)

Nuevas Odas (1824)

Bug-Jargal (1826)

Odas y baladas (1826)

Cromwell (1827)

Las Orientales (1829)

El último día de un condenado (1829)

Marion de Lorme (1829)

Hernani (1830)

Nuestra Señora de París (1831)

Marion Delorme (1831)

Las hojas de otoño (1831)

El rey se divierte (1832)

Lucrecia Borgia (1833)

María Tudor (1833)

Estudio sobre Mirabeau (1834)

Literatura y filosofía mezcladas (1834)

Claude Gueux (1834)

Angelo (1835)

Los Cantos de crepúsculo (1835)

Las voces interiores (1837)

Ruy Blas (1838)

Los rayos y las sombras (1840)

El Rhin (1842)

Les Burgraves (1843)

Napoleón el Bajito (1852)

Los castigos (1853)

Cartas a Luis Bonaparte (1855)

Las contemplaciones (1856)

La leyenda de los siglos (Primera serie) (1859)

Los miserables (1862)

William Shakespeare (1864)

Las canciones de las calles y de los bosques (1865)

Los trabajadores del mar (1866)

París-Guía (1867)

El hombre que ríe (1869)

El año terrible (1872)

Noventa y tres (1874)

Mis hijos (1874)

Actos y palabras — Antes del exilio (1875)

Actos y palabras — Durante el exilio (1875)

Actos y palabras — A partir del exilio (1876)

La leyenda de los siglos (Nueva serie) (1877)

El arte de ser abuelo (1877)

Histoire de un crimen — 1ª parte (1877)

Histoire de un crimen — 2ª parte (1878)

El Papa (1878)

Religiones y religión (1880)

El asno (1880)

Los cuatro vientos del alma (1881)

Torquemada (1882)

La leyenda de los siglos (Serie complementaria) (1883)

El Archipiélago de la Mancha (1883)


Obras póstumas:

Teatro en libertad (1886)

El fin de Satán (1886)

Cosas vistas — 1ª serie (1887)

Toda la Lira (1888)

Alpes y Pirineos (1890)

Dios (1891)

Francia y Bélgica (1892)

Toda la Lira (nueva serie) (1893)

Correspondencia — Tomo I (1896)

Correspondencia — Tomo II (1898)

Los años funestos (1898)

Cosas vistas — 2ª serie (1900)

Post-scriptum de mi vida (1901)

Última cosecha (1902)

Mil francos de recompensa (1934)

Océan. Montón de piedras (1942)

Piedras (1951)

Mélancholia

El Diablo mundo

martes, 29 de julio de 2008

Honoré de Balzac

Honoré de Balzac (Honorato de Balzac) (Tours, 20 de mayo de 1799 - París, 18 de agosto de 1850) fue el novelista francés más importante de la primera mitad del siglo XIX, y el principal representante, junto con Flaubert, de la llamada novela realista.

Trabajador infatigable, elaboró una obra monumental, la Comedia humana; ciclo coherente de varias decenas de novelas cuyo objetivo es describir de modo casi exhaustivo a la sociedad francesa de su tiempo; según su famosa frase, hacerle "la competencia al registro civil".

Biografía:

Nace en Tours, y llega a París en 1816. En 1819, abandona sus estudios de Derecho para dedicarse a la literatura y empieza a escribir bajo seudónimos. En 1825, sus fracasos le animan a entrar en diversos negocios relacionados con el mundo editorial, que también fracasan y le llenan de deudas. A pesar de la ayuda de Madame de Berny, quince años mayor que él, con la que tuvo relaciones y que le abrió las puertas del mundo parisino, pasó por graves dificultades financieras.

En 1829, a la edad de 29 años encuentra por casualidad un episodio de la Guerra de los Chuanes, del cual hace tema para una novela. Recuerda a un amigo de su padre, el general barón de Pommereul, le escribe y va a verlo a Fougéres. Es allí donde escribirá la primera novela que firme con su nombre. La novela, que aparece con el título El último chuan, se vende mal, pero le permite llamar la atención. En unos pocos años se convierte en el personaje de moda y en el autor más prolífico de París. Su asombroso rendimiento se debía a su hábito de escribir alrededor de 15 horas diarias, en la tranquilidad de la noche, y bebiendo litros de café negro. Lo hacía en completo aislamiento, por lo que la crítica se ha cuestionado tradicionalmente de dónde podía obtener el autor el aluvión de datos de todo tipo (sociedad, economía, sucesos, habladurías...) que saturan sus novelas.

Sus primeros éxitos ante el público datan de 1831: La piel de zapa, y tres años después, Papá Goriot, que es un éxito extraordinario cuando aparece en La Revue de Paris. Es la primera vez en la que se le ocurre hacer reaparecer a sus personajes de una novela en otra.

Conoce al gran amor de su vida, Eveline Hanska, condesa de origen polaco, en 1833. Con ella mantendrá relaciones esporádicas, que le llevarán incluso a viajar a Rusia, hasta que la condesa enviuda en 1842. Balzac se casará con Eveline Hanska el 14 de mayo de 1850, pocos meses antes de la muerte del escritor (18 de agosto).

En 1842 Balzac adopta el título de Comedia humana, pensando en la de Dante, para el conjunto de sus novelas. De este magno proyecto, 50 de las 137 novelas que debían componerlo quedaron incompletas.

Balzac pensaba que cada individuo cuenta con una reserva de energía limitada: si se vive intensamente, se quema la vida. Este destino ilustró dramáticamente el símbolo de La piel de zapa.

Está enterrado en el Cementerio de Père-Lachaise de París, y su figura se conmemora mediante una monumental estatua encargada al escultor Auguste Rodin, la cual se sitúa en la intersección de los bulevares de Raspail y Montparnasse.

Víctor Hugo pronunció las siguientes palabras en su funeral: A partir de ahora los ojos de los hombres se volverán a mirar los rostros, no de aquellos que han gobernado, sino de aquellos que han pensado. Al funeral acudieron asimismo Frédéric Lemaître, Gustave Courbet, Alejandro Dumas padre e hijo, y otros muchos.

Principales obras:

La piel de zapa, 1831
Eugenia Grandet, 1833
La búsqueda del absoluto, 1834
Papá Goriot, 1834
El Coronel Chabert, 1835
La muchacha de los ojos de oro, 1835
El lirio en el valle, 1836
La Misa del ateo, 1836
Cesar Birotteau, 1837
Las ilusiones perdidas (I, 1837; II, 1839; III, 1843)
La prima Bette, 1846
El primo Pons, 1847
Esplendor y miseria de las cortesanas, 1847
La duquesa de Langeais

domingo, 15 de junio de 2008

Umberto Eco

Umberto Eco (Alessandria, Piamonte; 5 de enero de 1932). Escritor y filósofo italiano, experto en semiótica.

Biografía:

Se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad de Turín en 1954 con un trabajo que publicó dos años más tarde con el título de El problema estético en Santo Tomás de Aquino (1956). Trabajó como profesor en las universidades de Turín y Florencia antes de ejercer durante dos años en la de Milán. Después se convirtió en profesor de Comunicación visual en Florencia en 1966. Fue en esos años cuando publicó sus importantes estudios de semiótica Obra Abierta (1962) y La estructura ausente (1968), de sesgo ecléctico. Desde 1971 ocupa la cátedra de Semiótica en la Universidad de Bolonia. En febrero de 2000 creó en esta ciudad la Escuela Superior de Estudios Humanísticos, iniciativa académica sólo para licenciados de alto nivel destinada a difundir la cultura universal. También cofundó en 1969 la Asociación Internacional de Semiótica, de la que es secretario.

Sin embargo, su nominación más popular es la de sátrapa del Colegio de Patafísica en 2001.

Toda su obra justifica esta nominación, pero sus escritos más patafísicos no son los más populares. Sin embargo, la tercera parte de Como viajar con un salmón expone de una manera particularmente lúdica y clara algunas de sus experiencias en la Patafísica.

Se consagró como narrador con El nombre de la rosa (1980), novela histórica culturalista susceptible de múltiples lecturas (como novela filosófica, novela histórica o novela policíaca). Se articula en torno a una fábula detectivesca ambientada en un monasterio de la Edad Media el año 1327; sonoro éxito editorial, fue traducida a muchos idiomas y llevada al cine en 1986 por el director francés Jean-Jacques Annaud. Escribió además otras novelas como El péndulo de Foucault (1988), fábula sobre una conspiración secreta de sabios en torno a temas esotéricos, La isla del día de antes (1994), parábola kafkiana sobre la incertidumbre y la necesidad de respuestas, Baudolino (2000), una novela picaresca -también ambientada en la Edad Media- que constituye otro rotundo éxito y su última obra, La Misteriosa Llama de la Reina Loana (2004). Ha cultivado también otros géneros como el ensayo, donde destaca notablemente con títulos como Obra abierta (1962), Diario mínimo (1963), Apocalípticos e integrados ante la cultura de masas (1965), La estructura ausente (1968), Il costume di casa (1973), La forma y el contenido (1971), El signo (1973), Tratado de semiótica general (1975), El super-hombre de masas (1976), Desde la periferia al imperio (1977), Lector in fabula (1979), Semiótica y filosofía del lenguaje (1984), Los límites de la interpretación (1990), Seis paseos por los bosques narrativos (1990), La búsqueda de la lengua perfecta (1994), Kant y el ornitorrinco (1997) y Cinco escritos morales, (1998).

Es miembro del Foro de Sabios de la Mesa del Consejo Ejecutivo de la UNESCO y Doctor Honoris Causa por más de treinta universidades de todo el mundo, entre ellas, la Complutense (1990), la de Tel Aviv (1994), la de Atenas (1995), la de Varsovia (1996), la de Castilla-La Mancha (1997) y la Universidad Libre de Berlín (1998). En 2000 recibió el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades y es caballero de la Legión de Honor francesa. Desde abril de 2008 es miembro honorario del Institutum Pataphysicum Granatensis, con el rango, entre otros, de Sátrapa Transcendente.

Novelas:

Distinguido crítico literario, semiólogo y comunicólogo, Umberto Eco empezó a publicar sus obras narrativas en edad madura (aunque en conferencias recientes cuenta de sus experimentos juveniles, los que incluyen la edición artesanal de un cómic en la adolescencia). Hasta el momento ha publicado cinco novelas:

El nombre de la rosa (1980) - Novela de misterio ambientada en la edad media. Versión cinematográfica interpretada por Sean Connery, Christian Slater y Ron Perlman.
El péndulo de Foucault (1988) - Novela de complot, esoterismo y magia ambientada en la actualidad.
La isla del día de antes (1994) - Historia de un noble del siglo XVII que naufraga en la línea de cambio de fecha.
Baudolino (2000) - Historia de un joven labriego del Piamonte adoptado por el emperador Federico I Barbaroja y de sus increíbles aventuras.
La misteriosa llama de la reina Loana (2004) - Esta novela esta dominada por la niebla. En la niebla se despierta Yambo, después de sufrir un incidente que le hace perder la memoria. Acompañándole en la lenta recuperación, su mujer le convence de volver a la casa de campo donde se conservan los libros que leyó de niño, los cuadernos de escuela y los discos que escuchaba entonces.
Tras la publicación de La misteriosa llama de la reina Loana, Umberto Eco aseguró que no volvería a publicar más novelas.

Umberto Eco ha escrito principalmente en las áreas de semiótica, lingüística, estética y moralidad.

“El problema estético en Santo Tomás” (1956),
“Obra abierta” (1962),
"Diario mínimo" (1963),
“Apocalípticos e Integrados” (1964) Umberto Eco realiza un estudio sobre la cultura popular y los medios de comunicación. La obra parte de dos posiciones opuestas ante la cultura: la apocalíptica y la integrada.
"La definición del arte" (1968),
"La estructura ausente" (1968),
"Las formas del contenido" (1971),
Tratado de Semiótica General. Ensayo en el que intenta unificar sus investigaciones semióticas desarrolladas hasta hoy para elaborar una teoría global de todos los sistemas de significación y de comunicación. Editorial Lumen, Colección Palabra en el Tiempo. 1975. Quinta Edición 2000, 460 págs, España.
"El superhombre de masa" (1976),
"Lector in fábula" (1979),
"Siete años de deseo" (1983)
"Semiótica y filosofía del lenguaje" (1984),
"De los espejos y otros ensayos" (1985),
"Los límites de la interpretación" (1990),
"El segundo Diario Mínimo" (1990),
"La búsqueda de la lengua perfecta" (1993),
"Seis paseos por los bosques narrativos" (1994),
"Kant y el ornitorrinco" (1997).
"Cinco escritos morales" (1997).
"La bustina de Minerva" (2000).
“La Historia de la Belleza”. Editorial: Lumen. Marzo 2005. 440 pg. ISBN: 84-264-1468-0 Clasificación: Arte, Arquitectura y Diseño.
“La Historia de la Fealdad”. Editorial: Lumen. Marzo 2007
“Decir casi lo mismo. La traducción como experiencia" (2008)

Umberto Eco ha escrito principalmente en las áreas de semiótica, lingüística, estética y moralidad.


Curiosidades:

Eco es considerado también un bondólogo, expresión creada en Escandinavia para designar al experto en James Bond. Es, en efecto, un destacado estudioso del agente secreto 007, el famoso personaje creado por Ian Fleming. Sobre Bond ha escrito "Il Caso Bond" (The Bond Affair) (1966), con Oreste Del Buono.
Eco es también Trascendente Sátrapa del Colegio de Patafísica (elegido en 2001).
Ha sido nombrado Duque de la Isla del Día de Antes por el Rey Xavier I de Redonda al recibir el VIII Premio Reino de Redonda en 2008.
Con E. Raimondi y otros ha dado inicio a la Cacopedia. (!)
En 1961 el artista Piero Manzoni firma 71 esculturas vivientes entre ellas, Umberto Eco.
El personaje de Bobo del dibujante italiano Sergio Staino se asemeja a Umberto Eco.
Le interesa profundamente Sherlock Holmes y participó en el libro que trata sobre la técnica deductiva del detective, El signo de los tres: Dupin, Holmes, Peirce, además encontramos diversas referencias a Arthur Conan Doyle y sus personajes en muchas de sus novelas, principalmente en El nombre de la rosa.
Es también un admirador confeso de Jorge Luis Borges, del que ha escrito varios textos, y quien inspiró, inclusive, al personaje de Jorge de Burgos, de "El Nombre de la Rosa".

viernes, 13 de junio de 2008

Severo Sarduy, explicación de una obra

LA EMIGRACIÓN

DE LOS TATUAJES


Sobre, Los nombres del aire, de Alberto Ruy Sánchez.

A la sombra de los obscuros dátiles, cuando cae entre los minaretes donde los temerosos vociferan el Nombre y las cúpulas azules jaspeadas el resplandor anaranjado del crepúsculo, detrás de los mucharabíes, nimbada por una luz blanca, como la odalisca tatuada de Gustave Moreau, aparece una esclava de ojos rasgados. La siguen sus hermanas, que tienen idénticos trazos y nombres de vientos. Las cuatro van a abandonar la corte, el feroz ejército y la biblioteca donde se encuentra la interpretación de los arabescos que rigen, sin que ellos sospechen, el destino de todos los hombres. Antes de partir, la Señora va a marcarlas: que lleven para siempre, como halcones el anillo de sus príncipes, la firma de tinta roja, el sello indeleable del cautiverio. Ordena que cada una lleve el vientre, tatuada, la cuarta parte de una araña roja, dorada y negra.

Derivan los cuerpos cifrados, se van marchitando, desfallecen, hasta que mueren pronunciando un nombre; las tatuajes se borran.

O no: como si temieran degradarse con la piel que los soporta, los tatuajes frente a la muerte, con ese instinto que atraviesa toda escritura, se han exilado, han emigrado hacia otro cuerpo, vital y fornido, pájaros de tinta hacia el verano.

Van a reaparecer, pues, los cuatro fragmentos, pero ensamblados en una sola araña tentacular, brillante y devoradora que se ha posado en el sexo turgente de Ahmed Allabí —comparable al de Farruluque, en Paradiso, y objeto de idéntica veneración.

La mancha colorida crece con la erección, vampiriza la energía que antes del estallido blanco irriga el canal, hasta que termina, con una orquídea aniquilando a su huésped, enemizando la fuerza fabulosa de Ahmed. Muere el tatuado a su pesar, ya sin la potencia itifálica que lo había torturado, y confiesa en su agonía el sueño que tuvo la noche en que comenzó tan luciferina turgencia: el de la esclava y sus tres hermanas.

Se trata de uno de los tatuajes descritos por Alberto Ruy Sánchez en Los nombres del aire y, en el interior de la descripción, soñado; ello no impide que, al recorrer un repertorio de la iconografía dérmica como el de Michel Thévoz —Le corps peint, Skira, 1984— podamos reconocer esos ramajes de tinta proliferantes y arácnidos, en los maquillajes para fiestas religiosas o matrimonios, de la banda costera de la región Tihama, en Yemen. Aunque el paisaje que enmarca el relato nos hace pensar, con más probabilidad, en los tatuajes que marcan verticalmente desde el labio inferior hasta el mentón, y reaparecen en el antebrazo de las mujeres de Ait Hadiddou o Ait Brahim, en Marruecos, y en los dibujos, hechos con henna verde, en el reverso de las manos de las mujeres de Marrakech.

El paisaje que enmarca el relato: una isla de Mogador onírica, no exenta de esa alambicada ornamentación islámica, siempre presta a bascular en su exceso, en su kitsch, ni tampoco —por onírica— de relaciones con la isla real, la que se encuentra situada no lejos de la ciudad de Essaouira —la antigua Mogador—, que fue edificada en una península, y abriga en la bahía a las Insulae Purpurariae, donde el rey Juba II, a finales del siglo I antes de Cristo hizo construir una fábrica de púrpura.

Teniendo en cuenta ese contexto podemos volver a los tatuajes. Si la elucidación que de ellos hace Michel Thévoz, a partir de sus orígenes en el período pre-islámico y hasta en el neolítico es operante en este caso de emigración, veremos que no es asombroso el sitio que escogieron para posarse, el destino físico de su fuga, ya que: “el efecto de la prohibición coránica sólo fue la substitución de la significación ritual de los tatuajes por una función terapéutica, profiláctica o curativa, sobre todo contra las afecciones de la vista, la esterilidad y las enfermedades venéreas. Las madres tatuaban por eso a sus hijos o recurrían a un tatuador profesional, siempre para obtener lo mismo”.

No pretendo con estas citas, por supuesto, dar una verosimilitud etnológica a la minuciosa ficción que se despliega en Los nombres del aire; pretendo, eso sí, anclarla en lo real.

Ya que si los signos —los de tinta y los otros — emigran continuamente en el relato, se desplazan de un soporte a otro, donde se entregan a un diferente sentido y a una nueva constelación, siempre lo hacen a partir de un alfabeto real, de una heráldica precisa, cuya semiología no sólo es realizable sino que está repertoriada. Lo extraordinario no está en los sistemas de signos, sino en la luz que arroja su emigración. Así sucede también cuando las nueve cartas de la baraja que la adivina despliega en forma de espiral, situando en su centro cuatro cartas más que corresponden a los ángulos de un cuadrado imaginario, dibujan instantáneamente no sólo el destino secreto de la consultante, sino también el mapa de la ciudad de Mogador, que para sus habitantes es una imagen precisa del mundo: la calle del Caracol, esa que dando giros va desde las murallas exteriores hasta la plaza central, donde se encuentran, formando un cuadrado, los baños públicos y los tres templos que corresponden a las religiones practicadas en el lugar.

Si he fijado los amarres con lo real, es para que se despliegue mejor, como un velamen, la enigmática iniciación del personaje principal del relato, Fatma, que no es ni una fuente de pasiones, ni una voluntad de lenguaje, sino más bien otro espacio físico, otro lugar a donde van a emigrar los signos: los del deseo, esos que han marcado, desde los míticos zejeleros, la lírica del Islam, una voluptuosidad cuya firma es la voluta, el arabesco, el arco generoso que corona las aberturas de la casa, en oposición a la severa ortogonal que asfixia a las de la arquitectura occidental.

En Fatma se posan los deseos, ella los recibe como una pura transparencia: los ve pasar a través de su cuerpo y a veces vibra con ellos, pero jamás los conserva. Es la morada de lo efímero, de lo que el erotismo tiene de inapresable y siempre huyente. Su cuerpo —dicen las mujeres de Mogador— aloja extraños y peligrosos visitantes; mas esa residencia es pasajera, como los hechizos que las viejas que llevan al cuello una piedra plana de dos colores —el emblema de una fortaleza— saben, conjurar.

Así pasan los deseos de un joven afiebrado, y luego los de un obeso vendedor de pescado con un pañolón rojo en el cuello de toro, tan maniático en cuanto a los colores de los peces que prohibe la yuxtaposición del verde y el amarillo. ante la indiferencia de Fatma su desconsuelo es tal que frota su falo entre dos peces, hasta herirlo con el roce de las escamas. Finalmente, en el hammam, donde una bruma púrpura sube por los muslos de las mujeres, surge el deseo de Kadiya; su mano adquiere entonces la majestad hierática de un fetiche omnipresente: una mano que mira, un gesto que alucina el laberinto del hammam. “¿Qué era el Hammam por la mañana? Torbellino secreto: grito, pastilla de jabón disuelta en agua, cabellera enredada, yerbas de olor evaporadas, un gajo de naranja en una fuente de semillas de granada, menta y hashish en labios gruesos, depilaciones apresuradas, sandalias de madera hinchada, tierra roja para teñir el pelo, un durazno mordido, flores obesas, azulejos vivos, desnudez sumergida que se mueve como reflejo de la luna en el agua”.

Nombrar el aire es también hacerlo ver: lo que logró Delacroix en las Mujeres de Argel; lo que siempre pretende esa tradición de pintores “arabistas”, que, desde las escuelas coránicas tan en boga en el siglo XIX francés hasta Matisse, irradia la tela de una luz reconocible, la de un sur mítico. Fortuny o Claudio Bravo, con sus marabutos perdidos en la arena brillante o sus adolescentes en chilaba en medio de apartamentos excesivamente bruñidos, no están lejos de esta herencia; tampoco, en otro ámbito, Pierre Loti.

Alberto Ruy Sánchez ha escrito, con Los nombres del aire, más que una novela: una semiología de la movilidad; el libro se va convirtiendo, mientras desciframos —no sólo con el conocimiento, sino también con la piel, con la invención táctil— las voluptuosas aventuras de Fatma, en una heráldica del desplazamiento. Es decir, en otro modo, el de la fulguración, seguramente más idóneo, de aprender a leer.

Severo Sarduy (1937-1993) es uno de los más importantes escritores latinoamericanos del siglo XX. Nació en Cuba y vivió en París dos terceras partes de su vida. Entre sus libros están: Gestos; De dónde son los cantantes; Cobra; Maitreya; Colibrí; Cocuyo; Escrito sobre un cuerpo; Barroco; Simulación y Pájaros en la playa. Sus Obras Completas, en dos volúmenes, han sido publicadas por la Unesco en su Colección Archivos. En esa edición, Vol.II, páginas 1431-1434 se incluye este texto "Los tatuajes emigrantes".Hay ensayos de Alberto Ruy Sánchez sobre Severo Sarduy en sus libros Diálogos con mis fantasmas y en Cuatro escritores Rituales.

Severo Sarduy

Severo Sarduy (Camagüey, Cuba, 1937 - París, 1993), fue un narrador, poeta, periodista, crítico de literatura y arte cubano

Estudió el bachillerato en Camagüey. En 1956 se trasladó a La Habana, donde empezó a estudiar medicina. Con el triunfo de la revolución colaboró en Diario libre y Lunes de revolución, viajó a París en 1960 para realizar estudios de Historia del Arte y nunca regresó a su país. Estuvo vinculado al círculo de pensadores y escritores que hicieron la revista Tel Quel y trabajó como lector en Editions du Seuil, y como redactor en la Radiotelevisión francesa. Murió de sida en París en 1993.

Obras:

Gestos. 1963. Novel.
De donde son los cantantes. 1967
Escrito sobre un cuerpo. 1969. Essays
Flamenco. 1970. Poems.
Mood Indigo. 1970. Poemas.
La playa. 1971. Pieza radiofónica
La caída. 1971. Pieza radiofónica
Relato. 1971.. Pieza radiofónica
Los matadores de Hormigas. 1971. Pieza radiofónica
Flamenco. 1971. Poemas
Mood Indigo. 1971. Poemas
Cobra. 1972. Novela.
Barroco. 1974. Ensayos
Para la voz. 1977. Pieza radiofónica
Big Bang. 1974. Poemas
Maitreya. 1978. Novela.
Daiquiri. 1980 . Poems
La simulación. 1982.Ensayo.
Colibrí. 1984. Novela.
Un testigo fugaz y disfrazado. 1985 Poemas
El cristo de la Rue Jacob.1987. Ensayos
Nueva inestabilidad. 1987. Ensayos
Ensayos generales sobre el barroco. 1987. Ensayos
Cocuyo. 1990. Novela.
Pájaros de la playa . 1993. Póstumo, un mes después de su muerte.
Obra Completa, Two volumes. 1999. Editado por Francois Wahl. Unesco. Paris.

En 1972 obtuvo el premio Médicis por su novela Cobra

jueves, 12 de junio de 2008

Julio Cortázar Frases Celebres

"Yo creo que desde muy pequeño mi desdicha y mi dicha al mismo tiempo fue el no aceptar las cosas como dadas. A mí no me bastaba con que me dijeran que eso era una mesa, o que la palabra "madre" era la palabra "madre" y ahí se acaba todo. Al contrario, en el objeto mesa y en la palabra madre empezaba para mi un itinerario misterioso que a veces llegaba a franquear y en el que a veces me estrellaba."
"En suma, desde pequeño, mi relación con las palabras, con la escritura, no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas."

Rayuela:

Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos."
(1)
"A cada sucesiva derrota hay un acercamiento a la mutación final, y que el hombre no es sino que busca ser, proyecta ser, manoteando entre palabras y conducta y alegría salpicada de sangre y otras retóricas como esta."
(62)
"La risa ella sola ha cavado más túneles útiles que todas las lágrimas de la tierra."
(71)
"Nada está perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que todo esta perdido y que hay que empezar de nuevo."
(71)
"Y así es como los que nos iluminan son los ciegos. Así es como alguien, sin saberlo, llega a mostrarte irrefutablemente un camino que por su parte sería incapaz de seguir."
(98)
"La vida, como un comentario de otra cosa que no alcanzamos, y que está ahí al alcance del salto que no damos."
(104)
"Sólo en sueños, en la poesía, en el juego -encender una vela, andar con ella por el corredor- nos asomamos a veces a lo que fuimos antes de ser esto que vaya a saber si somos."
(105)
"Cuando me hayan devuelto mi casa y mi vida, entonces encontraré mi verdadero rostro."
(152)
"Estar vivo parece el precio de algo."



"No renuncio a nada, simplemente hago lo que puedo para que las cosas me renuncien a mi."



Todo dura siempre un poco más de lo que debería.



La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose.
Lo que mucha gente llama amor consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio.

Historias de cronopios y famas:

Piensa en ésto, cuando te regalan un reloj te regalan algo que es tuyo pero que no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan la tendencia a comparar un reloj con los demás relojes,... no te regalan un reloj, tú eres el regalado. "
(Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj )
Mi secretaria lloraba, leyendo el decreto por el cual me dejaban cesante. Para consolarme decidí abstraer sus fuentes cristalinas que nacían en el aire y se aplastaban en los biblioratos, el secante y el boletín oficial. La vida está llena de hermosuras así.
Posibilidades de la abstracción

Otros escritos:

El amor de Cuba por el Che me hizo sentir extrañamente argentino el 2 de enero, cuando el saludo de Fidel en la plaza de la Revolución al comandante Guevara, allí donde esté, desató en 300.000 hombres una ovación que duró diez minutos."
Nota: Carta a su amigo Francisco Porrúa de febrero de 1967.
"En realidad las cosas verdaderamente difíciles son todo lo que la gente cree poder hacer a cada momento."
"¿Hasta cuándo vamos a seguir creyendo que lo maravilloso no es más que uno de los juegos de la ilusión?"
(La tos de una Señora Alemana)
"Lo que llamamos absurdo es nuestra ignorancia. "
(Los Premios)
"Me basta mirarte para saber que con vos me voy a empapar el alma."
(Un tal Lucas)
"Si no nos salvamos nosotros como pueblo no nos salvaremos más."
"No tiene importancia lo que yo pienso de Mafalda. Lo importante es lo que Mafalda piensa de mí."
"Ven a dormir conmigo: no haremos el amor. El nos hará."
"Probablemente Ícaro creía tocar el cielo cuando se hundía en el mar epónimo."
"La humanidad empezará verdaderamente a merecer su nombre el día en que haya cesado la explotación del hombre por el hombre."
"Se puede vivir sin pensar." (de Casa Tomada)

Obtenido de "http://es.wikiquote.org/wiki/Julio_Cort%C3%A1zar"

Julio Cortázar

Jules Florencio Cortázar (Ixelles, Bruselas, Bélgica, 26 de agosto de 1914 - París, Francia 12 de febrero de 1984), escritor e intelectual argentino, es considerado uno de los escritores más innovadores y originales de su tiempo, maestro del cuento, la prosa poética y la narración breve en general, comparable a Jorge Luis Borges, Chejov o Edgar Allan Poe y creador de importantes novelas que inauguraron una nueva forma de hacer literatura en Latinoamérica, rompiendo los moldes clásicos mediante narraciones que escapan de la linealidad temporal y donde los personajes adquieren una autonomía y una profundidad psicológica pocas veces vista hasta entonces.

Biografía:

Nació en la embajada de Argentina en Bélgica, en Ixelles, distrito de Bruselas, el 26 de agosto de 1914. Fue anotado entonces como Jules Florencio Cortázar. Años después diría: "Mi nacimiento fue producto del turismo y la diplomacia", implicando cierta relación de su padre con el cuerpo diplomático argentino lo cual, a la luz de los nuevos descubrimientos de Eduardo Montes-Bradley en Cortázar sin barba (Random House Mondadori, Debate, 2004), es producto de la mitología familiar, al igual que el supuesto y posterior abandono del padre. Sus padres, María Herminia Descotte y Julio José Cortázar, eran argentinos. Hacia fines de la Primera Guerra Mundial, los Cortázar lograron pasar a Suiza gracias a la condición alemana de la abuela materna de Julio, y de allí, poco tiempo más tarde a Barcelona, donde vivieron año y medio. Jugó con frecuencia en el Parque Güell con otros niños y las mayólicas coloridas perduraron en su memoria. A los cuatro años volvieron a Argentina y pasó el resto de su infancia en Banfield, Buenos Aires, junto a su madre, una tía y Ofelia, su única hermana (un año menor que él). Vivió en una casa con fondo (Los Venenos, Deshoras, están basados en sus recuerdos infantiles), pero no fue totalmente feliz. “Mucha servidumbre, excesiva sensibilidad, una tristeza frecuente”. (Carta a Graciela M. de Sola, París, 4 de noviembre de 1963). Conoció, gracias a su madre, al escritor a quien admiraría por el resto de su vida: Julio Verne.

“Pasé mi infancia en una bruma de duendes, de elfos, con un sentido del espacio y del tiempo diferente al de los demás” (revista Plural n°44, México 5/1975). Cortázar fue un niño enfermizo y pasó mucho tiempo en cama, por lo que la lectura fue su gran compañera. Su madre le seleccionaba lo que podía leer, convirtiéndose en la gran iniciadora de su camino de lector, primero, y de escritor después. Declaró: ”Mi madre dice que empecé a escribir a los ocho años, con una novela que guarda celosamente a pesar de mis desesperadas tentativas por quemarla” (revista Siete Días, Buenos Aires, 12/l973). Leía tanto que algún médico llegó a recomendarle leer menos durante cinco o seis meses y salir más a tomar un poco de sol. Muchos de sus cuentos son autobiográficos, como Bestiario, Final del juego, Los venenos o La Señorita Cora, entre otros.

Se recibe de Maestro Normal en 1932 y Profesor Normal en Letras en 1935 en la Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta, de aquellos años surgieron La Escuela de Noche (Deshoras). En aquella época, comenzó a frecuentar los estadios a ver box, donde ideó una especie de filosofía del box “eliminando el aspecto sangriento y cruel que provoca tanto rechazo y cólera” ("La fascinación de las palabras"). Admiraba al hombre que siempre iba para adelante y a pura fuerza y coraje conseguía ganar (Torito, Final del juego).

Un día caminando por el centro de Buenos Aires, se topó con un libro de Jean Cocteau, un total desconocido para él hasta aquel momento, titulado Opio, Diario de una desintoxicación. Aquella lectura lo marcaría para el resto de su vida: “sentí que toda una etapa de vida literaria estaba irrevocablemente en el pasado… desde ese día leí y escribí de manera diferente, ya con otras ambiciones, con otras visiones” (“La fascinación de las palabras”, 1997).

Comenzó en la Universidad de Buenos Aires la carrera de Filosofía y Letras, pero comprendió que debía utilizar el título que ya tenía para trabajar y ayudar a su madre. Dictó clases en Bolívar y luego en Chivilcoy. Vivió en cuartos solitarios de pensiones aprovechando todo el tiempo libre para leer y escribir. En el año 1938, con una tirada de 250 ejemplares, editó el poemario Presencia bajo el seudónimo de Julio Denis.

En una entrevista con Elena Poniatowska para la revista el nº 44 México de mayo de 1975 confesó: ”fueron mis años de mayor soledad. Fui un erudito, toda mi información libresca fue de esos años, mis experiencias fueron siempre literarias. Vivía lo que leía, no vivía la vida. Leí millares de libros encerrado en la pensión: estudié, traduje. Descubrí a los demás solo muy tarde”. A partir de Julio de 1944 enseñó en Mendoza literatura francesa y de Europa septentrional en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo.

Pocos meses después renunció a su cargo por desavenencias con el peronismo y su política universitaria. Se empleó en la Cámara del Libro en Buenos Aires y realizó trabajos de traducción. Hacia 1947 escribió "Casa tomada", el primer cuento de la serie de Bestiario, que una amiga le envió a Jorge Luis Borges, quien lo publicó en la revista Anales de Buenos Aires (con dos dibujos de su hermana Norah) comenzando así una relación infrecuente con él.

Luego le solicitaría más textos para su revista, siendo publicados “Los Reyes” y “Las puertas del cielo”. Cortázar manifestó en diversas ocasiones que comenzó a escribir cuentos por Edgar Allan Poe, quien “me enseñó lo que es la gran literatura y lo que es el cuento” (Plural n° 44, México, 5/1975). En el año 1948 se recibió de traductor público de inglés y de francés. En 1950 terminó de escribir “El examen”, que ningún editor se animó a publicar por su lenguaje ofensivo. En 1951, a los 37 años de edad, se instaló definitivamente en París, ya que había recibido una beca del gobierno francés para estudiar 10 meses en París, de octubre a julio de 1952. Dicha beca consistía en investigar la novela y la poesía francesa contemporánea en sus conexiones con las letras inglesas. Tenía una vasta experiencia como traductor, había traducido a Gilbert Keith Chesterton, André Gide, las cartas de Keats, Marguerite Yourcenar, entre otros. Obtuvo trabajo de traductor en la UNESCO y de ello vivió varios años.

Se casó con Aurora Bernárdez en 1953, una traductora argentina. Vivían en París en condiciones económicas penosas y le surgió el ofrecimiento de traducir la obra completa, en prosa, de Edgar Allan Poe para la Universidad de Puerto Rico. Dicho trabajo sería considerado luego por los críticos como la mejor traducción de la obra del escritor estadounidense. Juntos se fueron a vivir a Italia por el año que demoró el trabajo y luego viajaron a Buenos Aires en barco y se pasó el trayecto escribiendo en su máquina portátil para una nueva novela. “La revolución cubana… me mostró de una manera cruel y que me dolió mucho el gran vacío político que había en mí, mi inutilidad política… los temas políticos se fueron metiendo en mi literatura...” ("La fascinación de las palabras"). En 1963 visitó Cuba invitado por Casa de las Américas para ser jurado en un concurso. Ya nunca dejaría de interesarse por la política latinoamericana. En ese mismo año aparece lo que sería su mayor éxito editorial y le valdría el reconocimiento de ser parte del boom latinoamericano Rayuela, la que se convirtió en un clásico de la literatura argentina. Según declaró en una carta a Manuel Antín en agosto de 1964, ese no iba a ser el nombre de su novela sino Mandala: "de golpe comprendí que no hay derecho a exigirle a los lectores que conozcan el esoterismo búdico o tibetano"; pero no estaba arrepentido por el cambio.

En 1967, rompe su vínculo con Bernárdez y toma por pareja a la lituana Ugné Karvelis, con quien nunca contrajo matrimonio, pero quien le inculcó un gran interés por la política.

Los derechos de autor de varias de sus obras fueron donados para ayudar a los presos políticos de varios países, entre ellos Argentina. En una carta a su amigo Francisco Porrúa de febrero de 1967, confesó: "el amor de Cuba por el Che me hizo sentir extrañamente argentino el 2 de enero, cuando el saludo de Fidel en la plaza de la Revolución al comandante Guevara, allí donde esté, desató en 300.000 hombres una ovación que duró diez minutos". Esa fascinación por Cuba y su revolución no duraría eternamente.

En noviembre de 1970 viajó a Chile, donde se solidarizó con el gobierno de Salvador Allende y pasó unos días para visitar a su madre y amigos, “y ahí el delirio fue una especie de pesadilla diurna” contó en una carta a Gregory Rabassa.

En 1971 fue "excomulgado" por Fidel Castro, junto a otros escritores, por pedir información sobre el arresto del poeta Heberto Padilla. A pesar de su desilusión con la actitud de Castro, siguió de cerca la situación política de latinoamérica. En 1973, fue galadornado con el Premio Médicis por su Libro de Manuel y destinó sus derechos a la ayuda de los presos políticos en Argentina. En 1974, fue miembro del Tribunal Bertrand Russell II reunido en Roma para examinar la situación política en América Latina, en particular las violaciones de los Derechos Humanos.

A pesar de ser reconocido por su prosa, escribió gran cantidad de poemas; colaboró en muchas publicaciones en distintos países, grabó sus poemas y cuentos, escribió letras de tangos y le puso textos a libros de fotografías e historietas.

Con su tercera pareja y segunda esposa, la escritora canadiense Carol Dunlop, realizó numerosos viajes, uno de los primeros fue a Polonia, donde participó de un congreso de solidaridad con Chile. Otro de los viajes que hizo junto a Carol Dunlop fue plasmado en el libro Los Autonautas de la Cosmopista que cuenta el trayecto de la pareja por la autopista París-Marsella.

En 1976, viaja a Costa Rica donde se encuentra con Sergio Ramírez y Ernesto Cardenal y emprende un viaje clandestino y plagado de peripecias hacia la localidad de Solentiname en Nicaragua. Este viaje lo marcará para siempre y será el comienzo de una serie de visitas a este país.

Justamente luego del triunfo de la revolución sandinista viaja reiteradas veces a dicho país y conoce de cerca el proceso y la realidad nicaragüense y latinoamericana. Estas experiencias darán como resultado una serie de textos que serán recopilados en el libro Nicaragua, tan violentamente dulce.

En agosto de 1981 sufrió una hemorragia gástrica y salvó su vida por milagro. Nunca dejó de escribir, fue su pasión aún en los momentos más difíciles. Carol Dunlop falleció el 2 de noviembre de 1982 y Cortázar falleció el 12 de febrero de 1984 a causa de una leucemia. Fue enterrado en el cementerio de Montparnasse, en la misma tumba donde yacía Carol; es tradicional dejar una copa o un vaso de vino y una hoja de papel o un tiquete de metro con una rayuela dibujada junto a la tumba de Cortázar.

En Buenos Aires, la pequeña plaza situada en la intersección de las calles Serrano y Honduras también lleva su nombre. En 2006 los alumnos de la escuela secundaria básica Nº 13 mediante un voto, deciden nombrar a la institución "Julio Cortázar", en honor a él. La escuela pertenece al partido de Ituzaingó, Gran Bs.As., zona oeste.

En 2007 el alcalde socialista de París, Bertrand Delanoë dio oficialmente el nombre de Plaza Julio Cortázar a la pequeña plazoleta en el extremo occidental de la Île Saint Louis donde transcurre el relato Las Babas del Diablo

Obras:

Presencia, 1938.
La otra orilla, 1945.
Los reyes, 1949.
Bestiario, 1951.
Final del juego, 1956.
Las armas secretas, 1959.
Los premios, 1960.
Historias de cronopios y de famas, 1962.
Rayuela, 1963.
La autopista del Sur, 1964
Todos los fuegos el fuego, 1966.
La vuelta al día en ochenta mundos, 1967.
El perseguidor y otros cuentos, 1967
Buenos Aires, Buenos Aires, 1967
62/modelo para armar, 1968.
Casa tomada, 1969.
Último round, 1969.
Relatos, 1970.
Viaje alrededor de una mesa, 1970.
La isla a mediodía y otros relatos, 1971.
Pameos y meopas, 1971.
Prosa del observatorio, 1972.
Libro de Manuel, 1973.
La casilla de los Morelli, 1973.
Octaedro, 1974.
Fantomas contra los vampiros multinacionales, cómic, 1975.
Estrictamente no profesional, 1976.
Alguien que anda por ahí, 1977.
Territorios, 1979.
Un tal Lucas, 1979.
Queremos tanto a Glenda, 1980.
Deshoras, 1982.
Los autonautas de la cosmopista, 1982.
Nicaragua tan violentamente dulce, 1983.
Silvalandia (basado en ilustraciones de Julio Silva), 1984.
Salvo el crepúsculo, 1985 (obra póstuma).
Divertimento, 1986 (obra póstuma).
El examen, 1986 (obra póstuma).
Diario de Andrés Fava, 1995.
Adiós Robinson y otras piezas breves, 1995.

Frases Celbres de Joyce

"History, said Stephen, is a nightmare from which I am trying to awake."
Traducción: "La historia, dijo Stephen, es una pesadilla de la que intento despertar."
Nota: De Ulises.
"Los genios no cometen errores. Sus errores son siempre voluntarios y originan algún descubrimiento."
"Me dan miedo esas grandes palabras que nos hacen tan infelices."
"Mi niñez se inclina a mi lado. Demasiado lejos para que yo apoye una mano en ella por una vez ligeramente."
"Ya que no podemos cambiar de pais, cambiemos de tema" (cita del ulises)
"¿Cuál es la razón de que palabras como estas me resulten tan torpes y tan frías? ¿Será que no hay palabra lo suficientemente tierna para describirte?" (Los Muertos, Dublineses)

Obtenido de "http://es.wikiquote.org/wiki/James_Joyce"

James Joyce

James Augustine Aloysius Joyce (en irlandés, Séamus Seoighe; 2 de febrero de 1882 – 13 de enero de 1941) fue un escritor irlandés, reconocido mundialmente como uno de los más importantes e influyentes del siglo XX. Joyce es aclamado por su obra maestra Ulises (1922), y por su controvertida obra posterior Finnegans Wake (1939), así como por una serie de historias breves publicadas bajo el título Dublineses (1914) y su semi-autobiográfica novela Retrato del artista adolescente (1916).

Vida y obra:

Dublín (1882-1904)

En 1882, James Joyce nace en Rathgar Square en Rathgar, un suburbio de clase media de Dublín, en el seno de una familia católica; James fue el mayor de los diez hermanos sobrevivientes, seis mujeres y cuatro varones. Uno de los hermanos fallecidos hubiera sido mayor, puesto que nació y murió en 1881.[1] La familia de su padre, originaria de Fermoy, fue concesionaria de una explotación de sal y piedra caliza en Carrigeeny, cerca de Cork, que luego vendieron por quinientas libras en 1842, aunque siguieron manteniendo una empresa como "fabricantes y vendedores de sal y caliza", que quebró en 1852. Tanto su padre como su abuelo contrajeron matrimonio con mujeres de familias adineradas. En 1887 el padre de James, John Stanislaus Joyce, fue nombrado recaudador de impuestos de varios distritos por la Oficina de Recaudación del Ayuntamiento de Dublín, lo que permitió a la familia a trasladarse a Bray, un pequeño pueblo de cierta categoría residencial, a 19 kilómetros de Dublín. Ese mismo año el pequeño James es atacado por un perro, lo que le acarrea una fobia de por vida con estos animales; las tormentas también le causan pavor debido a su profunda fe religiosa, que hace que las considere como un signo de la ira de Dios.[2]

En 1891, con 9 años, Joyce escribe el poema titulado Et tu, Healy, el cual trata acerca de la muerte del político irlandés Charles Stewart Parnell, y envía una copia a la Biblioteca Vaticana. En noviembre de ese mismo año, su padre John ve su nombre registrado en la Stubbs Gazette, un boletín de impagos y quiebras, y es retirado de su trabajo.[3] Dos años más tarde es despedido coincidiendo con una severa reorganización de la Oficina de Recaudación, que suponía una importante reducción de personal; John Joyce, con antecedentes de gestión poco cuidadosa, sufrió especialmente la crisis, e incluso estuvo a punto de ser despedido sin una renta-indemnización, algo que consiguió evitar su esposa. Este fue el inicio de la crisis económica de la familia, debida a la incapacidad del padre para gestionar sus finanzas, y también a su alcoholismo.[4]

En 1898 James se matriculó en el University College de Dublín para estudiar lenguas. Allí comenzó a interesarse por la gramática comparada, a la vez que continuaba dedicándose a la lectura, tomando parte muy activa en las actividades literarias de la universidad. Pese a haber reinvindicado siempre su formación jesuita, que le insufló un espíritu riguroso y metódico reflejado incluso en sus composiciones literarias más innovadoras y experimentales, empezó en esta época a apartarse del catolicismo y de la política. En 1900, como colaborador de la revista Forthnighly Review, publica su primer ensayo sobre la obra de Ibsen.

Continuó en estos años escribiendo poemas e inició la línea experimental que sería característica de su obra posterior. También manifestó en esta época, por un lado, cierto rechazo por la búsqueda nacionalista de los orígenes de la identidad irlandesa, y por otro, su voluntad de preservar la propia experiencia lingüística, que guiaría todo su trabajo literario; esto le condujo a reivindicar su lengua materna, el inglés, en detrimento de una lengua gaélica que estimaba readoptada y promovida artificialmente.

En 1902, tras su graduación, se instaló en París con el propósito de estudiar medicina, pero la ruina de su familia (que se vio obligada a vender todos sus enseres e instalarse en una pensión) le hizo desistir de sus propósitos y buscar trabajo como periodista y profesor. Su situación financiera era tan precaria entonces como la de su familia. Volvió a Dublín en 1903 para asistir a su madre, enferma terminal de cáncer. Antes de morir, ésta le rogó que no renegara de su religión y que se hiciera cargo de su padre, al que las desgracias económicas habían llevado al alcoholismo. La muerte de su madre le sumió en un desasosiego que le llevó a la búsqueda de amistades en los bajos fondos dublineses. Esta mala experiencia, de la que supo salir, le sirvió de gran bagaje y motivo de reflexión acerca de los errores como puerta de entrada al arte. Fueron días difíciles en los que probó numerosos oficios, escribió novelas y trató de subsistir, en parte gracias a los préstamos de los amigos.

Algunos de sus biógrafos apuntan que la fecha en la que originalmente transcurre su principal novela, Ulysses, 16 de junio de 1904, fecha emblemática para muchos irlandeses, es la fecha de su primera cita con Nora Barnacle, una camarera de la que se enamoró y con la que compartió su vida, aunque no se casaron hasta 1931. Con ella emprendió un largo peregrinaje por Europa. Vivieron primero en Zurich, hasta 1906, y luego en Trieste, donde dio clases de inglés en una academia de idiomas.

En 1907 apareció su primer libro, el volumen de poemas de amor Música de cámara (Chamber Music) y ese mismo año enfermó de iritis, una enfermedad de los ojos que con los años le dejaría casi ciego.

En 1912 volvió a su país con la intención de publicar una serie de quince relatos cortos dedicados a la gente de Dublín, Dublineses ("Dubliners"), que apareció finalmente en 1914, y de hacerse cargo del primer cine de la ciudad, el Volta, proyecto en el que fracasó igualmente, por lo que volvió a Trieste a seguir ganándose la vida como profesor de inglés. Es en esta ciudad donde nacieron sus hijos, Giorgio y Lucía.

Al estallar la Primera Guerra Mundial marchó a Zurich y más tarde a Locarno, donde vivió pobremente junto a su mujer y sus dos hijos. Afortunadamente para ellos su obra empezó a ser reconocida y recibieron un cierto apoyo de mecenas como los Rockefeller. En 1914, como ya se ha dicho, se publica Dublineses y en 1916 apareció su novela semiautobiográfica Retrato del artista adolescente (Portrait of the Artist as a Young Man,) monólogo interior de sentido profundamente irónico, en el que Joyce demuestra su maestría en el retrato psicológico. Aunque había empezado a escribir esta obra con el título de Stephen Hero en 1904, comenzó a publicarse en 1914, en la revista The Egoist, y apareció dos años después en forma de libro en Nueva York, lo que le dio a conocer a un público más amplio.

Su consagración literaria le vino a resultas de la publicación, en 1922, de su obra maestra, Ulises (Ulysses), novela experimental en la que intentó que cada uno de sus episodios o aventuras no sólo condicionara, sino también «generara» su propia técnica literaria: así, al lado del «flujo de conciencia» o monólogo interior, (técnica que había usado ya en su novela anterior), se encuentran capítulos escritos al modo periodístico, teatral, el ensayo científico, o incluso imitando las series de preguntas y respuestas de los catecismos.

Ulises es una novela llena de simbología, en la que el autor experimenta además continuamente con el lenguaje. Sus ataques a las instituciones, principalmente Iglesia católica y Estado, son continuas, y muchos de sus pasajes fueron declarados obscenos por sus contemporáneos. Inversión irónica de la Odisea de Homero, la novela explora meticulosamente veinticuatro horas, 16 de junio de 1904, en la vida de tres dublineses de la clase media baja: el judío Leopold Bloom, que vaga por las calles dublinesas para evitar volver a casa en la que sabe que su mujer, Molly, le está siendo infiel, y el joven poeta, Stephen Dedalus, que presenta un perfil ya más maduro que el del protagonista de su obra anterior: Retrato del artista adolescente. El Ulises es definitivamente un retrato psicológico de nuestro tiempo, y numerosos críticos durante todos estos años han tratado de rastrear en él las conexiones con la literatura inmediatamente anterior (Zola, Mallarmé), y con la clásica (Homero, Shakespeare), en un intento de interpretar sus múltiples facetas.

A comienzos de los años 20 Joyce se instala en París con su familia. Por entonces ya era un autor de prestigio y vivían con relativa comodidad, pero la enfermedad de los ojos seguía su curso implacable. El dolor le incapacita para leer y su salud merma; por lo que las visitas a Irlanda se hacen cada vez menos frecuentes. Una breve estancia en Inglaterra, en 1922, le sugirió el tema de una nueva obra, que emprendió en 1923 y de la que fue publicando extractos durante muchos años (esta obra era conocida como "Work in Progress", 'trabajo en marcha'), pero que no alcanzaría su forma definitiva hasta 1939, fecha de su publicación, con el título de Finnegans Wake. Unos años antes, en 1931, atendiendo a los ruegos de su hija y padre, contrae matrimonio con su compañera, Nora Barnacle, con la que llevaba casi 30 años conviviendo.

Finnegans Wake no fue bien acogida por la crítica, aunque ha habido grandes estudiosos, de la talla de Harold Bloom, que la han defendido a capa y espada. En esta novela, la tradicional aspiración literaria al «estilo propio» es llevada al extremo y, con ello, casi hasta el absurdo, pues, partiendo del vanguardismo característico de Ulises, el lenguaje deriva experimentalmente, y sin ninguna restricción, desde el inglés llano hacia un idioma apenas inteligible, muchas veces sólo referente al propio texto y autor. Para su composición, Joyce amalgamó elementos de hasta sesenta lenguas diferentes, vocablos insólitos y formas sintácticas completamente nuevas. (Puede dar una idea de su dificultad el hecho de que, pese a su importancia, hasta hoy (2007), la novela no está vertida en su totalidad al castellano.)

La dureza de los comentarios sobre Finnegans Wake y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, con la entrada de los nazis en París, supusieron un duro mazazo para Joyce. Se trasladó de nuevo a Zurich, donde al poco tiempo le diagnosticaron una úlcera de duodeno. Murió el 13 de enero de 1941, durante una operación de peritonitis.

Poemas:

Stephen el Héroe (Stephen Hero), 1904.
Música de Cámara (Chamber Music), 1907.
Dublineses (Dubliners), 1914.
Exiliados (Exiles), 1915.
Retrato del artista adolescente (Portrait of the artist as a young man), 1916.
Ulises (Ulysses), 1922.
Poemas Manzanas o Poemas a penique (Pomes Pennyeach), 1927.
Finnegans Wake, 1939.

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