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En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más altanero y falaz de la Historia Universal: pero, a fin de cuentas, sólo un minuto. Tras breves respiraciones de la naturaleza, el astro se heló y los animales inteligentes hubieron de perecer. Alguien podría inventar una fábula semejante pero, con todo, no habría ilustrado suficientemente cuán lastimoso, cuán sombrío y caduco, cuán estéril y arbitrario es el estado en el que se presenta el intelecto humano dentro de la naturaleza. Hubo eternidades en las que no existía; cuando de nuevo se acabe todo para él no habrá sucedido nada, puesto que para ese intelecto no hay ninguna misión ulterior que conduzca más allá de la vida humana. No es sino humano, y solamente su poseedor y creador lo toma tan patéticamente como si en él girasen los goznes del mundo. Pero, si pudiéramos comunicarnos con la mosca, llegaríamos a saber que también ella navega por el aire poseída de ese mismo pathos, y se siente el centro volante de este mundo. Nada hay en la naturaleza, por despreciable e insignificante que sea, que, al más pequeño soplo de aquel poder del conocimiento, no se infle inmediatamente como un odre; y del mismo modo que cualquier mozo de cuerda quiere tener su admirador, el más soberbio de los hombres, el filósofo, está completamente convencido de que, desde todas partes, los ojos del universo tienen telescópicamente puesta su mirada en sus obras y pensamientos.
Es digno de nota que sea el intelecto quien así obre, él que, sin embargo, sólo ha sido añadido precisamente como un recurso de los seres más infelices, delicados y efímeros, para conservarlos un minuto en la existencia, de la cual, por el contrario, sin ese aditamento tendrían toda clase de motivos para huir tan rápidamente como el hijo de Lessing. Ese orgullo, ligado al conocimiento y a la sensación, niebla cegadora colocada sobre los ojos y los sentidos de los hombres, los hace engañarse sobre el valor de la existencia, puesto que aquél proporciona la más aduladora valoración sobre el conocimiento mismo. Su efecto más general es el engaño pero también los efectos más particulares llevan consigo algo del mismo carácter.
El intelecto, como medio de conservación del individuo, desarrolla sus fuerzas principales fingiendo, puesto que éste es el medio, merced al cual sobreviven los individuos débiles y poco robustos, como aquellos a quienes les ha sido negado servirse, en la lucha por la existencia, de cuernos, o de la afilada dentadura del animal de rapiña. En los hombres alcanza su punto culminante este arte de fingir; aquí el engaño, la adulación, la mentira y el fraude, la murmuración, la farsa, el vivir del brillo ajeno, el enmascaramiento, el convencionalismo encubridor, la escenificación ante los demás y ante uno mismo, en una palabra, el revoloteo incesante alrededor de la llama de la vanidad es hasta tal punto regla y ley, que apenas hay nada tan inconcebible como el hecho de que haya podido surgir entre los hombres una inclinación sincera y pura hacia la verdad. Se encuentran profundamente sumergidos en ilusiones y ensueños; su mirada se limita a deslizarse sobre la superficie de las cosas y percibe formas, su sensación no conduce en ningún caso a la verdad, sino que se contenta con recibir estímulos, como si jugase a tantear el dorso de las cosas. Además, durante toda una vida, el hombre se deja engañar por la noche en el sueño, sin que su sentido moral haya tratado nunca de impedirlo, mientras que parece que ha habido hombres que, a fuerza de voluntad, han conseguido eliminar los ronquidos. En realidad, ¿qué sabe el hombre de sí mismo? ¿Sería capaz de percibirse a sí mismo, aunque sólo fuese por una vez, como si estuviese tendido en una vitrina iluminada? ¿Acaso no le oculta la naturaleza la mayor parte de las cosas, incluso su propio cuerpo, de modo que, al margen de las circunvoluciones de sus intestinos, del rápido flujo de su circulación sanguínea, de las complejas vibraciones de sus fibras, quede desterrado y enredado en una conciencia soberbia e ilusa? Ella ha tirado la llave, y ¡ay de la funesta curiosidad que pudiese mirar fuera a través de una hendidura del cuarto de la conciencia y vislumbrase entonces que el hombre descansa sobre la crueldad, la codicia, la insaciabilidad, el asesinato, en la indiferencia de su ignorancia y, por así decirlo, pendiente en sus sueños del lomo de un tigre! ¿De dónde procede en el mundo entero, en esta constelación, el impulso hacia la verdad?
En un estado natural de las cosas, el individuo, en la medida en que se quiere mantener frente a los demás individuos, utiliza el intelecto y la mayor parte de las veces solamente para fingir, pero, puesto que el hombre, tanto por la necesidad como por hastío, desea existir en sociedad y gregariamente, precisa de un tratado de paz y, de acuerdo con este, procura que, al menos, desaparezca de su mundo el más grande bellum omnium contra omnes. Este tratado de paz conlleva algo que promete ser el primer paso para la consecución de ese misterioso impulso hacia la verdad. En este mismo momento se fija lo que a partir de entonces ha de ser verdad, es decir, se ha inventado una designación de las cosas uniformemente válida y obligatoria, y el poder legislativo del lenguaje proporciona también las primeras leyes de verdad, pues aquí se origina por primera vez el contraste entre verdad y mentira. El mentiroso utiliza las designaciones válidas, las palabras, para hacer aparecer lo irreal como real; dice, por ejemplo, soy rico cuando la designación correcta para su estado sería justamente pobre. Abusa de las convenciones consolidadas haciendo cambios discrecionales, cuando no invirtiendo los nombres. Si hace esto de manera interesada y que además ocasione perjuicios, la sociedad no confiará ya más en él y, por este motivo, lo expulsará de su seno. Por eso los hombres no huyen tanto de ser engañados como de ser perjudicados mediante el engaño; en este estadio tampoco detestan en rigor el embuste, sino las consecuencias perniciosas, hostiles, de ciertas clases de embustes. El hombre nada más que desea la verdad en un sentido análogamente limitado: ansía las consecuencias agradables de la verdad, aquellas que mantienen la vida; es indiferente al conocimiento puro y sin consecuencias e incluso hostil frente a las verdades susceptibles de efectos perjudiciales o destructivos. Y, además, ¿qué sucede con esas convenciones del lenguaje? ¿Son quizá productos del conocimiento, del sentido de la verdad? ¿Concuerdan las designaciones y las cosas? ¿Es el lenguaje la expresión adecuada de todas las realidades?
Solamente mediante el olvido puede el hombre alguna vez llegar a imaginarse que está en posesión de una verdad en el grado que se acaba de señalar. Si no se contenta con la verdad en forma de tautología, es decir, con conchas vacías, entonces trocará continuamente ilusiones por verdades. ¿Qué es una palabra? La reproducción en sonidos de un impulso nervioso. Pero inferir además a partir del impulso nervioso la existencia de una causa fuera de nosotros, es ya el resultado de un uso falso e injustificado del principio de razón. ¡Cómo podríamos decir legítimamente, si la verdad fuese lo único decisivo en la génesis del lenguaje, si el punto de vista de la certeza lo fuese también respecto a las designaciones, cómo, no obstante, podríamos decir legítimamente: la piedra es dura, como si además captásemos lo duro de otra manera y no solamente como una excitación completamente subjetiva! Dividimos las cosas en géneros, caracterizamos el árbol como masculino y la planta como femenino: ¡qué extrapolación tan arbitraria! ¡A qué altura volamos por encima del canon de la certeza! Hablamos de una serpiente: la designación cubre solamente el hecho de retorcerse; podría, por tanto, atribuírsele también al gusano. ¡Qué arbitrariedad en las delimitaciones! ¡Qué parcialidad en las preferencias, unas veces de una propiedad de una cosa, otras veces de otra! Los diferentes lenguajes, comparados unos con otros, ponen en evidencia que con las palabras jamás se llega a la verdad ni a una expresión adecuada pues, en caso contrario, no habría tantos lenguajes. La cosa en sí (esto sería justamente la verdad pura, sin consecuencias) es totalmente inalcanzable y no es deseable en absoluto para el creador del lenguaje. Éste se limita a designar las relaciones de las cosas con respecto a los hombres y para expresarlas apela a las metáforas más audaces. ¡En primer lugar, un impulso nervioso extrapolado en una imagen! Primera metáfora. ¡La imagen transformada de nuevo en un sonido! Segunda metáfora. Y, en cada caso, un salto total desde una esfera a otra completamente distinta. Se podría pensar en un hombre que fuese completamente sordo y jamás hubiera tenido ninguna sensación sonora ni musical; del mismo modo que un hombre de estas características se queda atónito ante las figuras acústicas de Chladni en la arena, descubre su causa en las vibraciones de la cuerda y jurará entonces que, en adelante, no se puede ignorar lo que los hombres llaman sonido, así nos sucede a todos nosotros con el lenguaje. Creemos saber algo de las cosas mismas cuando hablamos de árboles, colores, nieve y flores y no poseemos, sin embargo, más que metáforas de las cosas que no corresponden en absoluto a las esencias primitivas. Del mismo modo que el sonido configurado en la arena, la enigmática x de la cosa en sí se presenta en principio como impulso nervioso, después como figura, finalmente como sonido. Por tanto, en cualquier caso, el origen del lenguaje no sigue un proceso lógico, y todo el material sobre el que, y a partir del cual, trabaja y construye el hombre de la verdad, el investigador, el filósofo, procede, si no de las nubes, en ningún caso de la esencia de las cosas.
Pero pensemos especialmente en la formación de los conceptos. Toda palabra se convierte de manera inmediata en concepto en tanto que justamente no ha de servir para la experiencia singular y completamente individualizada a la que debe su origen, por ejemplo, como recuerdo, sino que debe encajar al mismo tiempo con innumerables experiencias, por así decirlo, más o menos similares, jamás idénticas estrictamente hablando; en suma, con casos puramente diferentes. Todo concepto se forma por equiparación de casos no iguales. Del mismo modo que es cierto que una hoja no es igual a otra, también es cierto que el concepto hoja se ha formado al abandonar de manera arbitraria esas diferencias individuales, al olvidar las notas distintivas, con lo cual se suscita entonces la representación, como si en la naturaleza hubiese algo separado de las hojas que fuese la hoja, una especie de arquetipo primigenio a partir del cual todas las hojas habrían sido tejidas, diseñadas, calibradas, coloreadas, onduladas, pintadas, pero por manos tan torpes, que ningún ejemplar resultase ser correcto y fidedigno como copia fiel del arquetipo. Decimos que un hombre es honesto. ¿Por qué ha obrado hoy tan honestamente?, preguntamos. Nuestra respuesta suele ser así: a causa de su honestidad. ¡La honestidad! Esto significa a su vez: la hoja es la causa de las hojas. Ciertamente no sabemos nada en absoluto de una cualidad esencial, denominada honestidad, pero sí de una serie numerosa de acciones individuales, por lo tanto desemejantes, que igualamos olvidando las desemejanzas, y, entonces, las denominamos acciones honestas; al final formulamos a partir de ellas una qualitas occulta con el nombre de honestidad.
La omisión de lo individual y de lo real nos proporciona el concepto del mismo modo que también nos proporciona la forma, mientras que la naturaleza no conoce formas ni conceptos, así como tampoco ningún tipo de géneros, sino solamente una x que es para nosotros inaccesible e indefinible. También la oposición que hacemos entre individuo y especie es antropomórfica y no procede de la esencia de las cosas, aun cuando tampoco nos aventuramos a decir que no le corresponde: en efecto, sería una afirmación dogmática y, en cuanto tal, tan demostrable como su contraria.
¿Qué es entonces la verdad? Una hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas y adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes; las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son; metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su troquelado y no son ahora ya consideradas como monedas, sino como metal.
No sabemos todavía de dónde procede el impulso hacia la verdad, pues hasta ahora solamente hemos prestado atención al compromiso que la sociedad establece para existir: ser veraz, es decir, utilizar las metáforas usuales; por tanto, solamente hemos prestado atención, dicho en términos morales, al compromiso de mentir de acuerdo con una convención firme, mentir borreguilmente, de acuerdo con un estilo vinculante para todos. Ciertamente, el hombre se olvida de que su situación es ésta; por tanto, miente de la manera señalada inconscientemente y en virtud de hábitos seculares y precisamente en virtud de esta inconsciencia, precisamente en virtud de este olvido, adquiere el sentimiento de la verdad. A partir del sentimiento de estar comprometido a designar una cosa como roja, otra como fría y una tercera como muda, se despierta un movimiento moral hacia la verdad; a partir del contraste del mentiroso, en quien nadie confía y a quien todo el mundo excluye, el hombre se demuestra a sí mismo lo honesto, lo fiable y lo provechoso de la verdad. En ese instante, el hombre pone sus actos como ser racional bajo el dominio de las abstracciones; ya no tolera más el ser arrastrado por las impresiones repentinas, por las intuiciones; generaliza en primer lugar todas esas impresiones en conceptos más descoloridos, más fríos, para uncirlos al carro de su vida y de su acción. Todo lo que eleva al hombre por encima del animal depende de esa capacidad de volatilizar las metáforas intuitivas en un esquema; en suma, de la capacidad de disolver una figura en un concepto. En el ámbito de esos esquemas es posible algo que jamás podría conseguirse bajo las primitivas impresiones intuitivas: construir un orden piramidal por castas y grados; instituir un mundo nuevo de leyes, privilegios, subordinaciones y delimitaciones, que ahora se contrapone al otro mundo de las primitivas impresiones intuitivas como lo más firme, lo más general, lo mejor conocido y lo más humano y, por tanto, como una instancia reguladora e imperativa. Mientras que toda metáfora intuitiva es individual y no tiene otra idéntica y, por tanto, sabe siempre ponerse a salvo de toda clasificación, el gran edificio de los conceptos ostenta la rígida regularidad de un columbarium romano e insufla en la lógica el rigor y la frialdad peculiares de la matemática. Aquel a quien envuelve el hálito de esa frialdad, se resiste a creer que también el concepto, óseo y octogonal como un dado y, como tal, versátil, no sea más que el residuo de una metáfora, y que la ilusión de la extrapolación artística de un impulso nervioso en imágenes es, si no la madre, sí sin embargo la abuela de cualquier concepto. Ahora bien, dentro de ese juego de dados de los conceptos se denomina verdad al uso de cada dado según su designación; contar exactamente sus puntos, formar las clasificaciones correctas y no violar en ningún caso el orden de las castas ni la sucesión jerárquica. Así como los romanos y los etruscos dividían el cielo mediante rígidas líneas matemáticas y conjuraban en ese espacio así delimitado, como en un templum, a un dios, cada pueblo tiene sobre él un cielo conceptual semejante matemáticamente repartido y en esas circunstancias entiende por mor de la verdad, que todo dios conceptual ha de buscarse solamente en su propia esfera. Cabe admirar en este caso al hombre como poderoso genio constructor, que acierta a levantar sobre cimientos inestables y, por así decirlo, sobre agua en movimiento una catedral de conceptos infinitamente compleja: ciertamente, para encontrar apoyo en tales cimientos debe tratarse de un edificio hecho como de telarañas, suficientemente liviano para ser transportado por las olas, suficientemente firme para no desintegrarse ante cualquier soplo de viento. Como genio de la arquitectura el hombre se eleva muy por encima de la abeja: ésta construye con la cera que recoge de la naturaleza; aquél, con la materia bastante más delicada de los conceptos que, desde el principio, tiene que fabricar por sí mismo. Aquí él es acreedor de admiración profunda pero no ciertamente por su inclinación a la verdad, al conocimiento puro de las cosas. Si alguien esconde una cosa detrás de un matorral, a continuación la busca en ese mismo sitio y, además, la encuentra, no hay mucho de qué vanagloriarse en esa búsqueda y ese descubrimiento; sin embargo, esto es lo que sucede con la búsqueda y descubrimiento de la verdad dentro del recinto de la razón. Si doy la definición de mamífero y a continuación, después de haber examinado un camello, declaro: he aquí un mamífero, no cabe duda de que con ello se ha traído a la luz una nueva verdad, pero es de valor limitado; quiero decir; es antropomórfica de cabo a rabo y no contiene un solo punto que sea verdadero en sí, real y universal, prescindiendo de los hombres. El que busca tales verdades en el fondo solamente busca la metamorfosis del mundo en los hombres; aspira a una comprensión del mundo en tanto que cosa humanizada y consigue, en el mejor de los casos, el sentimiento de una asimilación. Del mismo modo que el astrólogo considera a las estrellas al servicio de los hombres y en conexión con su felicidad y con su desgracia, así también un investigador tal considera que el mundo en su totalidad está ligado a los hombres; como el eco infinitamente repetido de un sonido original, el hombre; como la imagen multiplicada de un arquetipo, el hombre. Su procedimiento consiste en tomar al hombre como medida de todas las cosas; pero entonces parte del error de creer que tiene estas cosas ante sí de manera inmediata,como objetos puros. Por tanto, olvida que las metáforas intuitivas originales no son más que metáforas y las toma por las cosas mismas.
Sólo mediante el olvido de este mundo primitivo de metáforas, sólo mediante el endurecimiento y petrificación de un fogoso torrente primordial compuesto por una masa de imágenes que surgen de la capacidad originaria de la fantasía humana, sólo mediante la invencible creencia en que este sol, esta ventana, esta mesa son una verdad en sí, en resumen: gracias solamente al hecho de que el hombre se olvida de sí mismo como sujeto y, por cierto, como sujeto artísticamente creador, vive con cierta calma, seguridad y consecuencia; si pudiera salir, aunque sólo fuese un instante, fuera de los muros de esa creencia que lo tiene prisionero, se terminaría en el acto su conciencia de sí mismo. Le cuesta trabajo reconocer ante sí mismo que el insecto o el pájaro perciben otro mundo completamente diferente al del hombre y que la cuestión de cuál de las dos percepciones del mundo es la correcta carece totalmente de sentido, ya que para decidir sobre ello tendríamos que medir con la medida de la percepción correcta, es decir, con una medida de la que no se dispone. Pero, por lo demás, la percepción correcta es decir, la expresión adecuada de un objeto en el sujeto me parece un absurdo lleno de contradicciones, puesto que entre dos esferas absolutamente distintas, como lo son el sujeto y el objeto, no hay ninguna causalidad, ninguna exactitud, ninguna expresión, sino, a lo sumo, una conducta estética, quiero decir: un extrapolar alusivo, un traducir balbuciente a un lenguaje completamente extraño, para lo que, en todo caso, se necesita una esfera intermedia y una fuerza mediadora, libres ambas para poetizar e inventar. La palabra fenómeno encierra muchas seducciones, por lo que, en lo posible, procuro evitarla, puesto que no es cierto que la esencia de las cosas se manifieste en el mundo empírico. Un pintor que careciese de manos y quisiera expresar por medio del canto el cuadro que ha concebido, revelará siempre, en ese paso de una esfera a otra, mucho más sobre la esencia de las cosas que en el mundo empírico. La misma relación de un impulso nervioso con la imagen producida no es, en sí, necesaria; pero cuando la misma imagen se ha producido millones de veces y se ha transmitido hereditariamente a través de muchas generaciones de hombres, apareciendo finalmente en toda la humanidad como consecuencia cada vez del mismo motivo, acaba por llegar a tener para el hombre el mismo significado que si fuese la única imagen necesaria, como si la relación del impulso nervioso original con la imagen producida fuese una relación de causalidad estricta; del mismo modo que un sueño eternamente repetido sería percibido y juzgado como algo absolutamente real. Pero el endurecimiento y la petrificación de una metáfora no garantizan para nada en absoluto la necesidad y la legitimación exclusiva de esta metáfora.
Sin duda, todo hombre que esté familiarizado con tales consideraciones ha sentido una profunda desconfianza hacia todo idealismo de este tipo, cada vez que se ha convencido con la claridad necesaria de la consecuencia, ubicuidad e infalibilidad de las leyes de la naturaleza; y ha sacado esta conclusión: aquí, cuanto alcanzamos en las alturas del mundo telescópico y en los abismos del mundo microscópico, todo es tan seguro, tan elaborado, tan infinito, tan regular, tan exento de lagunas; la ciencia cavará eternamente con éxito en estos pozos, y todo lo que encuentre habrá de concordar entre sí y no se contradirá. Qué poco se asemeja esto a un producto de la imaginación; si lo fuese, tendría que quedar al descubierto en alguna parte de la apariencia y la irrealidad. Al contrario, cabe decir por lo pronto que, si cada uno de nosotros tuviese una percepción sensorial diferente, podríamos percibir unas veces como pájaros, otras como gusanos, otras como plantas, o si alguno de nosotros viese el mismo estímulo como rojo, otro como azul e incluso un tercero lo percibiese como un sonido, entonces nadie hablaría de tal regularidad de la naturaleza, sino que solamente se la concebiría como una creación altamente subjetiva. Entonces, ¿qué es, en suma, para nosotros una ley de la naturaleza? No nos es conocida en sí, sino solamente por sus efectos, es decir, en sus relaciones con otras leyes de la naturaleza que, a su vez, sólo nos son conocidas como sumas de relaciones. Por consiguiente, todas esas relaciones no hacen más que remitir continuamente unas a otras y nos resultan completamente incomprensibles en su esencia; en realidad sólo conocemos de ellas lo que nosotros aportamos: el tiempo, el espacio, por tanto las relaciones de sucesión y los números. Pero todo lo maravilloso, lo que precisamente nos asombra de las leyes de la naturaleza, lo que reclama nuestra explicación y lo que podría introducir en nosotros la desconfianza respecto al idealismo, reside única y exclusivamente en el rigor matemático y en la inviolabilidad de las representaciones del espacio y del tiempo. Sin embargo, esas nociones las producimos en nosotros y a partir de nosotros con la misma necesidad que la araña teje su tela; si estamos obligados a concebir todas las cosas solamente bajo esas formas, entonces no es ninguna maravilla el que, a decir verdad, sólo captemos en todas las cosas precisamente esas formas, puesto que todas ellas deben llevar consigo las leyes del número, y el número es precisamente lo más asombroso de las cosas. Toda la regularidad de las órbitas de los astros y de los procesos químicos, regularidad que tanto respeto nos infunde, coincide en el fondo con aquellas propiedades que nosotros introducimos en las cosas, de modo que, con esto, nos infundimos respeto a nosotros mismos. En efecto, de aquí resulta que esta producción artística de metáforas con la que comienza en nosotros toda percepción, supone ya esas formas y, por tanto, se realizará en ellas; sólo por la sólida persistencia de esas formas primigenias resulta posible explicar el que más tarde haya podido construirse sobre las metáforas mismas el edificio de los conceptos. Este edificio es, efectivamente, una imitación, sobre la base de las metáforas, de las relaciones de espacio, tiempo y número.
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Como hemos visto, en la construcción de los conceptos trabaja originariamente el lenguaje; más tarde la ciencia. Así como la abeja construye las celdas y, simultáneamente, las rellena de miel, del mismo modo la ciencia trabaja inconteniblemente en ese gran columbarium de los conceptos, necrópolis de las intuiciones; construye sin cesar nuevas y más elevadas plantas, apuntala, limpia y renueva las celdas viejas y, sobre todo, se esfuerza en llenar ese colosal andamiaje que desmesuradamente ha apilado y en ordenar dentro de él todo el mundo empírico, es decir, el mundo antropomórfico. Si ya el hombre de acción ata su vida a la razón y a los conceptos para no verse arrastrado y no perderse a sí mismo, el investigador construye su choza junto a la torre de la ciencia para que pueda servirle de ayuda y encontrar él mismo protección bajo ese baluarte ya existente. De hecho necesita protección, puesto que existen fuerzas terribles que constantemente le amenazan y que oponen a la verdad científica verdades de un tipo completamente diferente con las más diversas etiquetas.
Ese impulso hacia la construcción de metáforas, ese impulso fundamental del hombre del que no se puede prescindir ni un solo instante, pues si así se hiciese se prescindiría del hombre mismo, no queda en verdad sujeto y apenas si domado por el hecho de que con sus evanescentes productos, los conceptos, resulta construido un nuevo mundo regular y rígido que le sirve de fortaleza. Busca un nuevo campo para su actividad y otro cauce y lo encuentra en el mito y, sobre todo, en el arte. Confunde sin cesar las rúbricas y las celdas de los conceptos introduciendo de esta manera nuevas extrapolaciones, metáforas y metonimias; continuamente muestra el afán de configurar el mundo existente del hombre despierto, haciéndolo tan abigarradamente irregular, tan inconsecuente, tan inconexo, tan encantador y eternamente nuevo, como lo es el mundo de los sueños. En sí, ciertamente, el hombre despierto solamente adquiere conciencia de que está despierto por medio del rígido y regular tejido de los conceptos y, justamente por eso, cuando en alguna ocasión un tejido de conceptos es desgarrado de repente por el arte llega a creer que sueña. Tenía razón Pascal cuando afirmaba que, si todas las noches nos sobreviniese el mismo sueño, nos ocuparíamos tanto de él como de las cosas que vemos cada día: Si un artesano estuviese seguro de que sueña cada noche, durante doce horas completas, que es rey, creo dice Pascal que sería tan dichoso como un rey que soñase todas las noches durante doce horas que es artesano. La diurna vigilia de un pueblo míticamente excitado, como el de los antiguos griegos, es, de hecho, merced al milagro que se opera de continuo, tal y como el mito supone, más parecida al sueño que a la vigilia del pensador científicamente desilusionado. Si cada árbol puede hablar como una ninfa, o si un dios, bajo la apariencia de un toro, puede raptar doncellas, si de pronto la misma diosa Atenea puede ser vista en compañía de Pisístrato recorriendo las plazas de Atenas en un hermoso tiro y esto el honrado ateniense lo creía, entonces, en cada momento, como en sueños, todo es posible y la naturaleza entera revolotea alrededor del hombre como si solamente se tratase de una mascarada de los dioses, para quienes no constituiría más que una broma el engañar a los hombres bajo todas las figuras.
Pero el hombre mismo tiene una invencible inclinación a dejarse engañar y está como hechizado por la felicidad cuando el rapsoda le narra cuentos épicos como si fuesen verdades, o cuando en una obra de teatro el cómico, haciendo el papel de rey, actúa más regiamente que un rey en la realidad. El intelecto, ese maestro del fingir, se encuentra libre y relevado de su esclavitud habitual tanto tiempo como puede engañar sin causar daño, y en esos momentos celebra sus Saturnales. Jamás es tan exuberante, tan rico, tan soberbio, tan ágil y tan audaz: poseído de placer creador, arroja las metáforas sin orden alguno y remueve los mojones de las abstracciones de tal manera que, por ejemplo, designa el río como el camino en movimiento que lleva al hombre allí donde habitualmente va. Ahora ha arrojado de sí el signo de la servidumbre; mientras que antes se esforzaba con triste solicitud en mostrar el camino y las herramientas a un pobre individuo que ansía la existencia y se lanza, como un siervo, en buscar de presa y botín para su señor, ahora se ha convertido en señor y puede borrar de su semblante la expresión de indigencia. Todo lo que él hace ahora conlleva, en comparación con sus acciones anteriores, el fingimiento, lo mismo que las anteriores conllevaban la distorsión. Copia la vida del hombre, pero la toma como una cosa buena y parece darse por satisfecho con ella. Ese enorme entramado y andamiaje de los conceptos al que de por vida se aferra el hombre indigente para salvarse, es solamente un armazón para el intelecto liberado y un juguete para sus más audaces obras de arte y, cuando lo destruye, lo mezcla desordenadamente y lo vuelve a juntar irónicamente, uniendo lo más diverso y separando lo más afín, pone de manifiesto que no necesita de aquellos recursos de la indigencia y que ahora no se guía por conceptos, sino por intuiciones. No existe ningún camino regular que conduzca desde esas intuiciones a la región de los esquemas espectrales, las abstracciones; la palabra no está hecha para ellas, el hombre enmudece al verlas o habla en metáforas rigurosamente prohibidas o mediante concatenaciones conceptuales jamás oídas, para corresponder de un modo creador, aunque sólo sea mediante la destrucción y el escarnio de los antiguos límites conceptuales, a la impresión de la poderosa intuición actual.
Hay períodos en los que el hombre racional y el hombre intuitivo caminan juntos; el uno angustiado ante la intuición, el otro mofándose de la abstracción; es tan irracional el último como poco artístico el primero. Ambos ansían dominar la vida: éste sabiendo afrontar las necesidades más imperiosas mediante previsión, prudencia y regularidad; aquél sin ver, como héroe desbordante de alegría, esas necesidades y tomando como real solamente la vida disfrazada de apariencia y belleza. Allí donde el hombre intuitivo, como en la Grecia antigua, maneja sus armas de manera más potente y victoriosa que su adversario, puede, si las circunstancias son favorables, configurar una cultura y establecer el dominio del arte sobre la vida; ese fingir, ese rechazo de la indigencia, ese brillo de las intuiciones metafóricas y, en suma, esa inmediatez del engaño acompañan todas las manifestaciones de una vida de esa especie. Ni la casa, ni el paso, ni la indumentaria, ni la tinaja de barro descubren que ha sido la necesidad la que los ha concebido: parece como si en todos ellos hubiera de expresarse una felicidad sublime y una serenidad olímpica y, en cierto modo, un juego con la seriedad. Mientras que el hombre guiado por conceptos y abstracciones solamente conjura la desgracia mediante ellas, sin extraer de las abstracciones mismas algún tipo de felicidad; mientras que aspira a liberarse de los dolores lo más posible, el hombre intuitivo, aposentado en medio de una cultura, consigue ya, gracias a sus intuiciones, además de conjurar los males, un flujo constante de claridad, animación y liberación. Es cierto que sufre con más vehemencia cuando sufre; incluso sufre más a menudo porque no sabe aprender de la experiencia y tropieza una y otra vez en la misma piedra en la que ya ha tropezado anteriormente. Es tan irracional en el sufrimiento como en la felicidad, se desgañita y no encuentra consuelo. ¡Cuán distintamente se comporta el hombre estoico ante las mismas desgracias, instruido por la experiencia y autocontrolado a través de los conceptos! Él, que sólo busca habitualmente sinceridad, verdad, emanciparse de los engaños y protegerse de las incursiones seductoras, representa ahora, en la desgracia, como aquél, en la felicidad, la obra maestra del fingimiento; no presenta un rostro humano, palpitante y expresivo, sino una especie de máscara de facciones dignas y proporcionadas; no grita y ni siquiera altera su voz; cuando todo un nublado descarga sobre él, se envuelve en su manto y se marcha caminando lentamente bajo la tormenta.
http://www.nietzscheana.com.ar/sobre_verdad_y_mentita_en_sentido_extramoral.htm
martes, 11 de marzo de 2008
Albert Camus, El Hombre y el Nihilismo
Negamos a Dios, negamos la responsabilidad de Dios; solamente así liberaremos al mundo. Con Nietzsche, el nihilismo parece hacerse profético. Pero no se puede sacar de Nietzsche sino la crueldad baja y mediocre que él odiaba con todas sus fuerzas, mientras no se ponga en el primer plano de su obra, mucho antes que al profeta, al clínico. El carácter provisional, metódico, estratégico, en una palabra, de su pensamiento, no puede ser puesto en duda. En él el nihilismo, por primera vez, se hace conciente. Los cirujanos tienen en común con los profetas que piensan y operan en función del porvenir. Nietzsche no pensó nunca sino en función de un apocalipsis futuro, no para ensalzarlo, pues adivinaba el aspecto sórdido y calculador que ese apocalipsis tomaría al final, sino para evitarlo y trasformarlo en renacimiento. Reconoció el nihilismo y lo examinó como un hecho clínico. Se decía el primer nihilista cabal de Europa. No por gusto, sino por disposición, y porque era demasiado grande para rechazar la herencia de su época. Diagnosticó en sí mismo y en los otros la imposibilidad de creer y la desaparición del fundamento primitivo de toda su fe, es decir, la creencia en la vida. El ¿se puede vivir en rebelión? se convierte en el ¿se puede vivir sin creer en nada? Su respuesta es positiva. Sí , si se hace de la falta de fe un método, si se lleva al nihilismo hasta su últimas consecuencias y si, desembocando entonces en el desierto y confiando en lo que va a venir, se siente en ese mismo movimiento primitivo dolor y alegría.
[...] La vocación superior de Nietzsche si le creemos, consiste en provocar una especie de crisis y de detención decisiva en el problema del ateismo. El mundo marcha a la aventura, no tiene finalidad. Dios es, por lo tanto, inútil, puesto que nada quiere. Si quisiera algo, y en eso se reconoce la formulación tradicional del problema del mal, tendría que asumir una suma de dolor y de ilogismo que rebajaría el valor total del devenir. Se sabe que Nietzsche envidiaba públicamente a Stendhal su fórmula: La única excusa de Dios es que no existe. Al estar privado de la voluntad divina, el mundo está privado igualmente de unidad y de finalidad, por eso no se puede juzgar al mundo. Todo juicio de valor acerca de él lleva finalmente a la calumnia de la vida. Se juzga entonces lo que es por referencia a lo que debería ser, reino del cielo, ideas eternas o imperativo moral. Pero lo que debería ser no es; este mundo no puede ser juzgado en nombre de nada. [...] La conducta moral, tal como la ilustró Sócrates, o tal como la recomienda el cristianismo, es en sí misma un signo de decadencia. Quiere sustituir al hombre de carne por un hombre reflejo. Condena el universo de las pasiones y los gritos en nombre de un mundo armonioso completamente imaginario. Si el nihilismo es la impotencia para creer, su síntoma más grave no se encuentra en el ateismo, sino en la impotencia para creer lo que es, para ver lo que se hace, para vivir lo que se ofrece. Esta enfermedad está en la base de todo idealismo. La moral no tiene fe en el mundo. La verdadera moral, para Nietzsche, no se separa de la lucidez. Es severo con los calumniadores del mundo porque descubre en esa calumnia la vergonzosa inclinación a la evasión. La moral tradicional no se para él sino un caso especial de inmoralidad. Es el bien -dice- el que necesita que lo justifiquen. Y también: Un día se dejará de hacer el bien por razones morales.
[...] Con él, la rebelión parte del Dios ha muerto al que considera como un hecho establecido, y se vuelve contra todo lo que aspira a reemplazar falsamente a la divinidad desaparecida y deshonra a un mundo, sin duda sin dirección, pero que sigue siendo el único crisol de los dioses. Contrariamente a lo que piensan algunos de sus críticos cristianos. Nietzsche no ha concebido el proyecto de matar a Dios. Lo ha encontrado muerto en el alma de su época. Es el primero que ha comprendido la inmensidad del acontecimiento y decidido que esta rebelión del hombre no podía llevar a un renacimiento si no era dirigida. Cualquier otra actitud con respecto a ella, ya fuese el pesar o la complacencia, debía llevar al apocalipsis. Nietzsche no ha formulado, por lo tanto, una filosofía de la rebelión, sino que ha edificado un filosofía sobre la rebelión.
[...]
El mismo razonamiento [que sobre el cristianismo] hace Nietzsche ante el socialismo y todas las formas de humanitarismo. El socialismo no es sino un cristianismo degenerado. Mantiene, en efecto, esa creencia en la finalidad de la historia que traiciona a la vida y a la naturaleza, que substituye a los fines reales con fines ideales y contribuye a enervar las voluntades y las imaginaciones. El socialismo es nihilista, en el sentido en adelante preciso que confiere Nietzsche a esa palabra. El nihilista no es quien no cree en nada, sino quien no cree en lo que es. En ese sentido, todas las formas de socialismo son manifestaciones todavía degradadas de la decadencia cristiana. Para el cristianismo recompensa y castigo suponían una historia. Pero, en virtud de una lógica inevitable, la historia entera termina por significar recompensa y castigo: ese día nace el mesianismo colectivista. Así, la igualdad de las almas ante Dios lleva habiendo muerto Dios, a la igualdad simplemente. Nietzsche combate también las doctrinas socialistas como doctrinas morales. El nihilismo, ya se manifieste en la religión o en la predicaciones socialista, es el resultado lógico de nuestros valores llamados superiores. El espíritu libre destruirá esos valores, denunciando las ilusiones en que se basan, el regateo que suponen y el crimen que cometen al impedir que la inteligencia lúcida cumpla su misión: transformar el nihilismo pasivo en nihilismo activo.
En este mundo desembarazado de Dios y de los ídolos morales el hombre se halla ahora solitario y sin amo. Nadie menos que Nietzsche, y en eso se distingue de los románticos, ha hecho creer que semejante libertad podía ser fácil. [...] Lo esencial de su descubrimiento consiste en decir que si la ley eterna no es la libertad, la ausencia de ley es todavía menos. Si nada es cierto, si el mundo carece de regla, nada está prohibido; para prohibir una acción se necesita, en efecto, un valor y una finalidad. Pero, al mismo tiempo, nada está autorizado; se necesitan también un valor y una finalidad para elegir otra acción. [...] Si no hacemos de la muerte de Dios un gran renunciamiento y una perpetua victoria sobre nosotros mismos, tendremos que pagar esa perdida. Dicho de otro modo, con Nietzsche la rebelión desemboca en la ascesis. Una lógica más profunda reemplaza entonces al si nada es cierto, todo está permitido de Karamazov por un si nada es cierto, nada está permitido. Negar que una sola cosa esté prohibida en este mundo equivale a renunciar a lo que está permitido. Allí donde nadie puede decir ya qué es negro y qué es blanco, la luz se extingue y la libertad se convierte en una prisión voluntaria.
Puede decirse que Nietzsche se lanza con una especie de alegría espantosa al callejón sin salida al que empuja metódicamente a su nihilismo. Su finalidad confesada es hacer insoportable la situación para el hombre de su época. La única esperanza parece consistir para él en llegar al extremo de la contradicción. Si entonces el hombre no quiere perecer entre los nudos que le ahogan, tendrá que cortarlos de un golpe y crear sus propios valores. La muerte de Dios no termina nada y no se puede vivir sino con la condición de preparar una resurrección. Cuando no se encuentra la grandeza en Dios -dice Nietzsche-, no se la encuentra en ninguna parte; hay que negarla o crearla. Negarla era la tarea del mundo que le rodeaba y que veía correr al suicidio. Crearla fue la tarea sobrehumana por la que quiso morir.
[...] Desde el momento en que reconoce que el mundo no persigue fin alguno. Nietzsche propone que se admita su inocencia, se afirme que no se le juzgue pues no se le puede juzgar por intención alguna, y que se reemplacen, por consiguiente, todos los juicios de valor por un solo sí, una adhesión total y exaltada a este mundo. Así, de la desesperación absoluta surgirá la alegría infinita, de la servidumbre ciega la libertad despiadada. Ser libre es, justamente, abolir los fines. La inocencia del devenir, desde el momento que se la admite, simboliza el máximo de libertad. El espíritu libre ama lo que es necesario. El pensamiento profundo de Nietzsche es que la necesidad de los fenómenos si es absoluta, sin grietas, no implica coacción de ninguna clase. La adhesión total a una necesidad total es su definición paradójica de la libertad. [...]
Esta aprobación superior, nacida de la abundancia y de la plenitud es la afirmación sin restricciones del delito mismo y del sufrimiento, del mal y del asesinato, de todo lo problemático y extraño que tiene la existencia. Nace de una voluntad decidida de ser lo que se es en un mundo que sea lo que es. Considerarse a sí mismo como una fatalidad, no querer hacerse de otro modo que como se es... La palabra está dicha. La ascesis nietzscheana, que parte del reconocimiento de la fatalidad termina en una divinización de la fatalidad. El destino se hace tanto más adorable cuanto más implacable. El dios moral, la piedad y el amor son otros tantos enemigos de la fatalidad a la que tratan de compensar. Nietzsche no quiere rescate. La alegría del devenir es la alegría del aniquilamiento. Pero sólo el individuo se hunde. [...] Todo individuo colabora con todo el ser cósmico, lo sepamos o no, lo queramos o no. El individuo se pierde así en el destino de la especie y el movimiento eterno de los mundos. Todo lo que ha sido es eterno, el mar nos devuelve a la orilla.
[...]
[...] La divinidad sin inmortalidad define la libertad del creador, Dionisos, dios de la tierra, aúlla eternamente en el desmembramiento. Pero simboliza al mismo tiempo esa belleza trastornada que coincide con el dolor. Nietzsche creyó que decir sí a la tierra y a Dionisos era decir sí a sus sufrimientos. Aceptar todo, y la suprema contradicción, y el dolor al mismo tiempo, era reinar sobre todo. Nietzsche estaba dispuesto a pagar el precio debido por ese reino. Sólo la tierra, grave y doliente, es verdadera. Sólo ella es la divinidad. Del mismo modo que Empédocles se precipitó en el Etna para ir a buscar la verdad donde está, en las entrañas de la tierra, así también Nietzsche proponía al hombre que se hundiera en el cosmos para encontrar su divinidad eterna y convertirse en Dionisos. [...]
Albert Camus
http://www.nietzscheana.com.ar/camus.htm
[...] La vocación superior de Nietzsche si le creemos, consiste en provocar una especie de crisis y de detención decisiva en el problema del ateismo. El mundo marcha a la aventura, no tiene finalidad. Dios es, por lo tanto, inútil, puesto que nada quiere. Si quisiera algo, y en eso se reconoce la formulación tradicional del problema del mal, tendría que asumir una suma de dolor y de ilogismo que rebajaría el valor total del devenir. Se sabe que Nietzsche envidiaba públicamente a Stendhal su fórmula: La única excusa de Dios es que no existe. Al estar privado de la voluntad divina, el mundo está privado igualmente de unidad y de finalidad, por eso no se puede juzgar al mundo. Todo juicio de valor acerca de él lleva finalmente a la calumnia de la vida. Se juzga entonces lo que es por referencia a lo que debería ser, reino del cielo, ideas eternas o imperativo moral. Pero lo que debería ser no es; este mundo no puede ser juzgado en nombre de nada. [...] La conducta moral, tal como la ilustró Sócrates, o tal como la recomienda el cristianismo, es en sí misma un signo de decadencia. Quiere sustituir al hombre de carne por un hombre reflejo. Condena el universo de las pasiones y los gritos en nombre de un mundo armonioso completamente imaginario. Si el nihilismo es la impotencia para creer, su síntoma más grave no se encuentra en el ateismo, sino en la impotencia para creer lo que es, para ver lo que se hace, para vivir lo que se ofrece. Esta enfermedad está en la base de todo idealismo. La moral no tiene fe en el mundo. La verdadera moral, para Nietzsche, no se separa de la lucidez. Es severo con los calumniadores del mundo porque descubre en esa calumnia la vergonzosa inclinación a la evasión. La moral tradicional no se para él sino un caso especial de inmoralidad. Es el bien -dice- el que necesita que lo justifiquen. Y también: Un día se dejará de hacer el bien por razones morales.
[...] Con él, la rebelión parte del Dios ha muerto al que considera como un hecho establecido, y se vuelve contra todo lo que aspira a reemplazar falsamente a la divinidad desaparecida y deshonra a un mundo, sin duda sin dirección, pero que sigue siendo el único crisol de los dioses. Contrariamente a lo que piensan algunos de sus críticos cristianos. Nietzsche no ha concebido el proyecto de matar a Dios. Lo ha encontrado muerto en el alma de su época. Es el primero que ha comprendido la inmensidad del acontecimiento y decidido que esta rebelión del hombre no podía llevar a un renacimiento si no era dirigida. Cualquier otra actitud con respecto a ella, ya fuese el pesar o la complacencia, debía llevar al apocalipsis. Nietzsche no ha formulado, por lo tanto, una filosofía de la rebelión, sino que ha edificado un filosofía sobre la rebelión.
[...]
El mismo razonamiento [que sobre el cristianismo] hace Nietzsche ante el socialismo y todas las formas de humanitarismo. El socialismo no es sino un cristianismo degenerado. Mantiene, en efecto, esa creencia en la finalidad de la historia que traiciona a la vida y a la naturaleza, que substituye a los fines reales con fines ideales y contribuye a enervar las voluntades y las imaginaciones. El socialismo es nihilista, en el sentido en adelante preciso que confiere Nietzsche a esa palabra. El nihilista no es quien no cree en nada, sino quien no cree en lo que es. En ese sentido, todas las formas de socialismo son manifestaciones todavía degradadas de la decadencia cristiana. Para el cristianismo recompensa y castigo suponían una historia. Pero, en virtud de una lógica inevitable, la historia entera termina por significar recompensa y castigo: ese día nace el mesianismo colectivista. Así, la igualdad de las almas ante Dios lleva habiendo muerto Dios, a la igualdad simplemente. Nietzsche combate también las doctrinas socialistas como doctrinas morales. El nihilismo, ya se manifieste en la religión o en la predicaciones socialista, es el resultado lógico de nuestros valores llamados superiores. El espíritu libre destruirá esos valores, denunciando las ilusiones en que se basan, el regateo que suponen y el crimen que cometen al impedir que la inteligencia lúcida cumpla su misión: transformar el nihilismo pasivo en nihilismo activo.
En este mundo desembarazado de Dios y de los ídolos morales el hombre se halla ahora solitario y sin amo. Nadie menos que Nietzsche, y en eso se distingue de los románticos, ha hecho creer que semejante libertad podía ser fácil. [...] Lo esencial de su descubrimiento consiste en decir que si la ley eterna no es la libertad, la ausencia de ley es todavía menos. Si nada es cierto, si el mundo carece de regla, nada está prohibido; para prohibir una acción se necesita, en efecto, un valor y una finalidad. Pero, al mismo tiempo, nada está autorizado; se necesitan también un valor y una finalidad para elegir otra acción. [...] Si no hacemos de la muerte de Dios un gran renunciamiento y una perpetua victoria sobre nosotros mismos, tendremos que pagar esa perdida. Dicho de otro modo, con Nietzsche la rebelión desemboca en la ascesis. Una lógica más profunda reemplaza entonces al si nada es cierto, todo está permitido de Karamazov por un si nada es cierto, nada está permitido. Negar que una sola cosa esté prohibida en este mundo equivale a renunciar a lo que está permitido. Allí donde nadie puede decir ya qué es negro y qué es blanco, la luz se extingue y la libertad se convierte en una prisión voluntaria.
Puede decirse que Nietzsche se lanza con una especie de alegría espantosa al callejón sin salida al que empuja metódicamente a su nihilismo. Su finalidad confesada es hacer insoportable la situación para el hombre de su época. La única esperanza parece consistir para él en llegar al extremo de la contradicción. Si entonces el hombre no quiere perecer entre los nudos que le ahogan, tendrá que cortarlos de un golpe y crear sus propios valores. La muerte de Dios no termina nada y no se puede vivir sino con la condición de preparar una resurrección. Cuando no se encuentra la grandeza en Dios -dice Nietzsche-, no se la encuentra en ninguna parte; hay que negarla o crearla. Negarla era la tarea del mundo que le rodeaba y que veía correr al suicidio. Crearla fue la tarea sobrehumana por la que quiso morir.
[...] Desde el momento en que reconoce que el mundo no persigue fin alguno. Nietzsche propone que se admita su inocencia, se afirme que no se le juzgue pues no se le puede juzgar por intención alguna, y que se reemplacen, por consiguiente, todos los juicios de valor por un solo sí, una adhesión total y exaltada a este mundo. Así, de la desesperación absoluta surgirá la alegría infinita, de la servidumbre ciega la libertad despiadada. Ser libre es, justamente, abolir los fines. La inocencia del devenir, desde el momento que se la admite, simboliza el máximo de libertad. El espíritu libre ama lo que es necesario. El pensamiento profundo de Nietzsche es que la necesidad de los fenómenos si es absoluta, sin grietas, no implica coacción de ninguna clase. La adhesión total a una necesidad total es su definición paradójica de la libertad. [...]
Esta aprobación superior, nacida de la abundancia y de la plenitud es la afirmación sin restricciones del delito mismo y del sufrimiento, del mal y del asesinato, de todo lo problemático y extraño que tiene la existencia. Nace de una voluntad decidida de ser lo que se es en un mundo que sea lo que es. Considerarse a sí mismo como una fatalidad, no querer hacerse de otro modo que como se es... La palabra está dicha. La ascesis nietzscheana, que parte del reconocimiento de la fatalidad termina en una divinización de la fatalidad. El destino se hace tanto más adorable cuanto más implacable. El dios moral, la piedad y el amor son otros tantos enemigos de la fatalidad a la que tratan de compensar. Nietzsche no quiere rescate. La alegría del devenir es la alegría del aniquilamiento. Pero sólo el individuo se hunde. [...] Todo individuo colabora con todo el ser cósmico, lo sepamos o no, lo queramos o no. El individuo se pierde así en el destino de la especie y el movimiento eterno de los mundos. Todo lo que ha sido es eterno, el mar nos devuelve a la orilla.
[...]
[...] La divinidad sin inmortalidad define la libertad del creador, Dionisos, dios de la tierra, aúlla eternamente en el desmembramiento. Pero simboliza al mismo tiempo esa belleza trastornada que coincide con el dolor. Nietzsche creyó que decir sí a la tierra y a Dionisos era decir sí a sus sufrimientos. Aceptar todo, y la suprema contradicción, y el dolor al mismo tiempo, era reinar sobre todo. Nietzsche estaba dispuesto a pagar el precio debido por ese reino. Sólo la tierra, grave y doliente, es verdadera. Sólo ella es la divinidad. Del mismo modo que Empédocles se precipitó en el Etna para ir a buscar la verdad donde está, en las entrañas de la tierra, así también Nietzsche proponía al hombre que se hundiera en el cosmos para encontrar su divinidad eterna y convertirse en Dionisos. [...]
Albert Camus
http://www.nietzscheana.com.ar/camus.htm
lunes, 10 de marzo de 2008

Vasily Vasílevich Kandinsky (ruso: Василий Васильевич Кандинский) (Moscú, 4 de diciembre de 1866 - Neuilly-sur-Seine, 13 de diciembre de 1944) fue un pintor ruso, precursor de la abstracción en pintura y teórico del arte.
Primeros años Nació en Moscú en 1866, en 1871 su familia se traslada a Odesa. De 1886 a 1889 estudia Leyes en Moscú. En 1896 rechaza un puesto docente en la Universidad de Dorpat para estudiar Arte en Múnich.
En 1901 funda el grupo Phalanx, cuyo propósito principal es introducir las vanguardias francesas en el provinciano ambiente muniqués, para lo cual abre una escuela en la que da clases. Sus pinturas de los primeros años del siglo son paisajes ejecutados con espátula, en un principio sombríos, para luego adquirir una intensidad casi fauve; también pinta temas fantásticos basados en tradiciones rusas o en la Edad Media alemana; este período está marcado por la experimentación técnica, en particular, en el uso del temple sobre un papel oscuro, para dar una impresión de superficie transparente, iluminada desde atrás. La consistencia tonal del claroscuro enfatiza el esquema borrando la distinción entre las figuras y el fondo, resultando una composición casi abstracta.
En 1902 expone por primera vez con la Secession de Berlín y realiza sus primeras xilografías. En 1903 y 1904 viaja por Italia, Países Bajos, África y visita Rusia. En 1904 expone en el Salón de Otoño de París.
En 1909 es elegido presidente del Neue Künstlervereinigung München (NKVM). La primera exposición del grupo tiene lugar en la galería Thannhauser de Múnich ese mismo año. Hacia el final de la década, las pinturas de Kandinsky denotan una gran tendencia a la plenitud por la equivalencia en intensidad de las áreas de color y la superficie reluciente que destruye toda ilusión de profundidad. Las series de cuadros de jinetes en combate comienzan en 1909 y, en ellas, la línea del horizonte se va erradicando gradualmente, al igual que otras referencias espaciales.
Madurez En 1910 hace su primera acuarela abstracta, en la que " (...) en las manchas más oscuras predominan dos colores, el rojo y el azul, que evidentemente están relacionados porque siempre están juntos. El rojo es un color cálido y tiende a expandirse; el azul es frío y tiende a contraerse. Kandinsky no aplica la ley de los contrastes simultáneos sino que la comprueba; se sirve de dos colores como de dos fuerzas manejables que se pueden sumar o restar y, según los casos, es decir, según los impulsos que siente, se vale de ambas para que se limiten o se impulsen mutuamente. Hay también signos lineales, filiformes; son, en cierto modo, indicaciones de posibles movimientos, son trazos que sugieren la dirección y el ritmo de las manchas que vagan por el papel. Ponen en movimiento a toda la acuarela (...)" (Argan).
En Composición IV de 1911, las figuras están tan simplificadas, el color es tan arbitrario y el espacio tan confuso que es imposible distinguir el tema sin la referencia de los cuadros anteriores de la serie. Especialmente desorientador para el espectador es el modo en que se usa la línea, tanto como elemento independiente, o bien como límite para el color.
En 1911 Kandinsky y Franz Marc se retiran del NKVM y sientan las bases de Der Blaue Reiter, editando un almanaque en 1912. La primera exposición tiene lugar en diciembre, en la galería Thannhauser de Múnich.
En 1911 Kandinsky publica De lo Espiritual en el Arte; en 1912 se publica el almanaque con obras de Kandinsky y Marc, y tiene lugar la segunda exposición del Blaue Reiter en la galería Hans Goltz. Este mismo año tiene lugar la primera exposición individual de Kandinsky en la galería Der Sturm de Berlín. Los temas preferidos de Kandinsky en esta época son violentos y apocalípticos, y tienen su origen en las imágenes religiosas populares de Alemania y Rusia. Hacia 1912 su trabajo ha pasado ya por diversas evoluciones productivas.
En 1913, cuando pinta Líneas negras, ya no se puede hablar de abstracción a partir de un tema; el color y la línea han tomado por sí mismos tal expresividad que ya no siguen un modelo preestablecido. Obras como ésta son las primeras verdaderamente abstractas.
Arte abstracto
Improvisation 31 (Sea Battle), 1913, National Gallery of Art, WashingtonEl desarrollo de Kandinsky hacia la abstracción encuentra su justificación teórica en "Abstracción y empatía" de Wilhelm Worringer, que se había publicado en 1908. Worringer argumenta que la jerarquía de valores al uso, basada en las leyes del Renacimiento, no es válida para considerar el arte de otras culturas; muchos artistas crean desde la realidad pero con un impulso abstracto, que hace que las últimas tendencias del arte se den en sociedades menos materialistas.
Kandinsky, al igual que Piet Mondrian, estaba interesado también en la teosofía, entendida como la verdad fundamental que subyace detrás de doctrinas y rituales en todas las religiones del mundo; la creencia en una realidad esencial oculta tras las apariencias, proporciona una obvia racionalidad al arte abstracto.
En De lo Espiritual en el Arte, habla de una nueva época de gran espiritualidad y de la contribución de la pintura a ella. El arte nuevo debe basarse en un lenguaje de color y Kandinsky da las pautas sobre las propiedades emocionales de cada tono y de cada color, a diferencia de teorías sobre el color más antiguas, él no se interesa por el espectro sino sólo en la respuesta del alma.
En 1913 una obra suya se presenta en el Armory Show de Nueva York y, al estallar la Primera Guerra Mundial, vuelve a Rusia, instalándose en Moscú, hasta 1921.
A partir de la Revolución de Octubre de 1917, Kandinsky desarrolla un trabajo administrativo para el Comisariado del Pueblo para la Educación; entre los proyectos de este organismo está la reforma del sistema educativo de las escuelas de arte. En 1920 fue uno de los fundadores en Moscú del INKhUK (Instituto para la Cultura Artística), a lo largo de este año surgió el conflicto entre Kandinsky, Malevich y otros pintores idealistas frente a los productivistas (o constructivistas), Vladimir Tatlin y Alexander Rodchenko, este último grupo encontró un fuerte apoyo en "el plan de propaganda monumental" ideado por las autoridades políticas de la Revolución. La situación de tensión propicio la salida de Kandinsky de Rusia.
En 1922 se traslada a Weimar (Alemania), donde imparte clases teóricas para la Escuela de la Bauhaus. En 1926 se publica su libro Punto y línea sobre el plano. Contribución al análisis de los elementos pictóricos. Una continuación orgánica de su trabajo anterior De lo espiritual en el arte. Permanecerá en la Bauhaus hasta el año 1933 cuando el Tercer Reich clausura la institución.
Desde 1933 se establece en París donde continuará su carrera como artista hasta su fallecimiento en 1944, a los 78 años de edad, en Neuilly-sur-Seine (Francia).
Deira

Ernesto Deira
1928
Nace en Buenos Aires, en el mes de Julio.
1950
A comienzos de este año se recibe de abogado en la Universidad de Buenos Aires.
1954
Inicia estudios de pintura con Leopoldo Torres Aguero, los que luego proseguirá en 1956 con Leopoldo Presas.
1958
Primera exposición individual en la Galería Rubbers, Buenos Aires.
1960
Primera Exposición Internacional de Arte Moderno, Buenos Aires.
1961
Muestra individual en la Galería Van Riel , donde R. Squirru adquiere una obra para el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Junto con de la Vega, Macció y Noé organiza la muestra "Otra Figuración", en la Galería Peuser. Becado por el Fondo Nacional de las Artes, viaja a París.
1962-63
Diversas exposiciones del Grupo "Otra Figuración".
1964
Participa invitado por L. Alloway en el IV Guggenheim International Award; exposiciones colectivas en América y Europa.
1965
Muestras individuales en Buenos Aires. Expone por primera vez las "9 variaciones sobre un bastidor bien tensado", obra en la que se combinan "ad Libitum" 9 bastidores de 1295 x 130 cm.cada uno.
1966
Profesor invitado en la Universidad de Cornell, USA, realiza allí una obra colectiva y aleatoria con sus alumnos de 8 x 4 mts. Beca Fullbright; Segundo Premio en la III Bienal de Córdoba.
Participa en al Exposcición The Emergent Docade Cornell University y Guggeheim Museum.
1967
Muestras personales en Buenos Aires y Santa Fe. Premio Palanza.
1968
Expone "Rollos desenrollados", Galería El Taller, Buenos Aires.
1969
Exposiciones individuales en el Museo de Bellas Artes de Caracas y en Buenos Aires, Córdoba, Paraná y Santa Fe.
1971
Serie "Identificaciones", expuesta en Buenos Aires y Santiago de Chile, donde ulteriormente será destruída a la caída de Allende.
1973
"Retratos Imaginarios", Galería Carmen Waugh, buenos Aires.
1974
Exposiciones individuales en Bruselas y Roma. Carpeta de 6 aguafuertes "Pantaleón y las Visitadoras", con texto de Vargas Llosa, editado en Madrid. se lo incluye en la exposición "Within the Decade", que comprende las obras más destacadas adquiridas por el Museo Guggenheim en los últimos diez años.
1975
Se traslada a Europa. Muestras individuales en Madrid, El Escorial, Vigo y La Corña.
1976
"Imágenes de la Pasión" en Buenos Aires. Exposiciones individuales en Bonn, Santander y Gijón. Participa en salones franceses.
1977
Muestras personales en el Museo de Chartes, Francia ; España y Suecia.
1978-79
Participa en Salones de Francia; exposiciones individuales en Buenos Aires y España.
Bienal de Grabado de Puerto Rico.
1980
"Pinturas blancas y de colores", Galería del BuenAyre, Buenos Aires.
1981
El Centro Editor de América Latina publica un fascículo dedicado a su obra; inclusión de un autorretrato en la colección de autorretratos de la Galería Degli Uffici de Florencia.
1982
Invitado de Honor en el XLVII Salón Nacional de Rosario, participa en exposiciones de artistas latinoamericanos en Venecia y París. Seleccionado como una de las 100 figuras destacadas de las artes plásticas argentinas, se le otorga uno de los premios Konex.
1984
Obtiene el Premio Fortabat. Expone en París.
1985
Expone en la Galería Ruth Benzacar, Buenos Aires, y en la Bienal de San Pablo con sus ex compañeros de grupo.
1986
Fallece en París. Exposición homenaje en el Museo Provincial de Santa Fe.
1988-90
Exposiciones en la Galería Jacques Martinez.
Pollock

Nació en Cody, Wyoming (Estados Unidos), y posteriormente, en 1929, se mudó a Nueva York, donde estudió con el pintor Thomas Hart Benton.
Se le relaciona con el surrealismo en la medida en que su obra pictórica se basa en el «automatismo», en una escritura automática que pretende reflejar los fenómenos psíquicos que tienen lugar en el interior del artista. Entre 1935 y 1943 trabajó para la WPA y pintó bajo la influencia de Picasso, el surrealismo y el psicoanálisis jungiano que usó como terapia contra su alcoholismo. En 1936 tuvo ocasión de trabajar en el taller experimental del muralista Siqueiros, usando pintura con bomba de aire y con aerógrafo, así como pigmentos sintéticos industriales. Desde 1938 hasta 1942 trabajó para el Federal Art Project (Proyecto de Arte Federal). Pero en el caso de Pollock, hubo otras fuentes de inspiración añadidas. Así, la cultura de los indios de Norteamérica, con sus formas simbólicas y sus pinturas de arena. Esto le llevó también a probar otros materiales, como el barniz, el aluminio o los esmaltes sintéticos.
El pintor se casó con la pintora Lee Krasner en 1945.
Pollock se distanció del arte figurativo y desarrolló técnicas como el splashing o el dripping, consistentes en lanzar pintura al lienzo o dejarla gotear encima de este (action painting), sin utilizar dibujos ni bocetos. A causa de esta forma de pintar, Pollock fue apodado «Jack the Dripper» , juego de palabras con «Jack the Ripper» o «Jack el Destripador», y «Dripper» o «goteador» y que podría traducirse como «Jack el Goteador». Pollock comenzó a usar esta técnica en el año 1947, año en el que precisamente participó en la última exposición en la galería Art of this Century.
Pollock extendía la tela, normalmente sin tratar, sobre el suelo, y corría o danzaba a su alrededor y dentro de ella, derramando la pintura de manera uniforme. Pollock no trabajaba sobre el lienzo sino, muchas veces, metido en él. En efecto, no trabajaba la tela con utensilios tradicionales como el pincel o la espátula, sino mediante la técnica del dripping.
El dripping consiste en dejar gotear o chorrear la pintura, desde un recipiente (tubo, lata o caja) con el fondo agujereado, que el pintor sostenía en la mano o bien, en menor medida, desde un palo o una espátula. De esta manera pintar no era algo que se hacía con la mano, sino con un gesto de todo el cuerpo. Las grandes telas se llenaban por todos lados, de manera uniforme, de color en forma de manchas e hilos que se mezclaban. El pintor añadía goteos más finos realizados con un bastoncillo mojado en pintura.
Ese mismo año, Pollock habló de esta técnica:
Mi pintura no procede del caballete. Por lo general, apenas tenso la tela antes de empezar, y, en su lugar, prefiero colocarla directamente en la pared o encima del suelo. Necesito la resistencia de una superficie dura. En el suelo es donde me siento más cómodo, más cercano a la pintura, y con mayor capacidad para participar en ella, ya que puedo caminar alrededor de la tela, trabajar desde cualquiera de sus cuatro lados e introducirme literalmente dentro del cuadro. Se trata de un método similar al de los pintores de arena de los pueblos indios del oeste. Por eso, intento mantenerme al margen de los instrumentos tradicionales, como el caballete, la paleta y los pinceles. Prefiero los palos, las espátulas y la pintura fluida que gotea y se escurre, e incluso un empaste espeso a base de arena, vidrio molido u otras materias[1]
De esta manera, lo que Pollock plasma en la tela «no era una imagen, sino un hecho, una acción».
De su corta vida, se dice que los únicos años destacables fueron aquellos en que logró controlar su alcoholismo, es decir, el período 1949-1950. Peggy Guggenheim fue su mecenas, quien le entregaba una mensualidad.
Durante las décadas de los años 1950 y 1960 Pollock recibió apoyo de la CIA por medio del Congress for Cultural Freedom (CCF, Congreso para la Libertad Cultural).
La carrera de Pollock se vio súbitamente interrumpida cuando falleció en un accidente de coche en 1956.
domingo, 2 de marzo de 2008
Desayunos en Sangre
Prologo:
Este relato se basa básicamente en las anotaciones de un paciente, que ingresa a nuestro hospital psiquiátrico luego de diversos ataques. El desequilibrado que se encontraba alejado de su realidad más directa se había obsesionado con una historia inútil, la cual se presenta aquí abajo. Si se puede decir con seguridad que este no era un escritor que perdió el juicio, porque podemos ver las dificultades que tuvo para escribir estas cosas. Todas estas cosas menos los primeros capítulos si se quiere fueron escritos dentro del hospital, el enfermo había desarrollado toda una serie de rutinas que le hacían caer mecánicamente de manera ritual en los escritos. Por tanto deberá considerarse que la historia en si carece de una coherencia propia ya que la mente de un desquiciado la creó. Para seguirla habrá que tratar de seguir la lógica del demente que sin duda no respeta lo que nosotros llamamos sentido común.
Lo que sí sabemos y que hizo extraño este documento, es que algunas cosas si pertenecían a la realidad del autor por lo que hay algo de su biografía implícita en ellos. Los documentos fueron escritos en una serie de papeles desordenados acompañado de ilustraciones y direcciones que por lo que suponemos son ficticias. Según el enfermo fue el editor quien debía recibir estas anotaciones. Luego de varias dudas de diversas estirpes, el enfermo murió tres días después de finalizar los escritos que poseía que los encontramos debajo de su colchón. Tenemos indicios de que quizás en alguna parte de su locura se encontraban cosas de interés.
Como médico vi como este paciente estaba cada vez más angustiado y se entregaba durante horas sin descanso a hablar con seres inexistentes. En suma, solo suponemos que la esquizofrenia fue el estado final de una trastorno de la personalidad que lo había acompañado. Tenemos registros de que el paciente que ingreso aquí el cuatro de diciembre había sido mantenido bajo tratamiento psicológico anteriormente. Él cual finalizo abruptamente, sin embargo el deterioro de su estado mental se había visto notablemente agudizado en este último tiempo.
Desayunos en Sangre:
El aburrimiento, sopor y mala gana:
El día como de costumbre parecía descomponerse. Al fin y al cabo eso era lo esencial. La vida en Buenos Aires se suele cargar de malestares cuando llega el mediodía.
Pero no es de nosotros este hecho, es de un hombre poco importante o sea uno más. Pero para que habría de hacerlo, solo por el hecho de mostrarles una vida tonta. Se equivocan, los errores del escritor suelen no ser voluntarios. Pero no es el caso, yo deliberadamente alterare hasta el cansancio de esta.
¿Salguero, creo o era Medrano?, No me acuerdo. Esos días de calor que la gente prefiere pegarse un tiro antes de salir de su casa, y que los perros aman estar en el suelo.
En fin, la calle que se derrite y este hombre sujeta en su mano el diario la Nación. Pero poco, le importa lo lleva por costumbre. Su vida es rutinaria y monogámica cosa que lo desalienta, envidia la historia de su jefe con la secretaría. En el fondo de su mente desea ser jefe, pero por fetiche. Ni siquiera quiere la secretaria esta, sino alguna mujer que este bajo sus órdenes.
Su mujer, ella le reprocha por deporte. Pero los domingos en el fondo de su casa es lo peor. La mujer que lleva el mate, va armada con profundas quejas. Yo sé bien que este hombre ni atención le prestaba. Pero la madre de su buena mujer, le hacía saltar los tapones.
Día domingo promedio llegaba la suegra, y estaba en la cocina. Un ejemplar de la Nación era leído desinteresadamente, o sea quería irse lejos. Su reposera vieja y oxidada era muestra de ese desprecio por su fin de semana para él mediocre. Pero el marido augusto, o esa era su creencia miraba con recelo a la mujer vieja. Esa que no soportaba fácilmente. Sus manos sostenían el diario, pero sus orejas eran algo así como las de un músico entrenado captaba todos los sonidos y armaba en su mente toda su situación.
Respiro y se libero que solo eran las quejas corrientes, con mucha suerte el partido lo vería sin dificultad.
Todo en su imaginación esta en calma, casi se veía en Pinamar. Quería olvidarse de todo y dejar a su mujer evidente enterrada en la arena. Pero su deseo quizás era mirar el mar o comer rabas cosa que no toleraba su mujer, de mal talante. Pero bueno por primera vez no quería ir a Mar del Plata. Estaba harto de Mar del Plata, no quería ir más.
Aunque sea aspiraba poder librase de su mujer por lo menos tres horas, que terrible peso le causaba. Al fin cerro el diario la Nación pero tengo que confesarles algo prefería Clarín o Página 12, pero la imposición paterna le había hecho que terminará aceptando el papelejo ese que creó Mitre.
Todo se resumió en que la tele se le rompió ¿lo pueden creer?, Maldijo a todos menos a su madre tenía miedo que desde arriba algo le mandara. Aunque se decía agnóstico, era supersticioso, en fin estaba mal de mate. Pero no hay otra, indignado agarro una medialuna y salió de su casa al bar de Miguel.
Si, Miguel el que su padre fue almacenero y el almacén pasa a ser bar, aunque él quiso tener un burdel, pero nunca pudo. En fin este hombre reformado, que le gustaba vestir de blanco y era de Boca.
Entra y se sienta al lado de ese amigo de barriga cervecera el buen Miguel. Miguel que lo ve como siempre con esa medialuna atragantada le dice: toma agua o ahógate pero no esa cara se me rajan los clientes. ¿Los clientes? le responde este hombre, si es el principal y le digo hombre, porque su Nombre se presenta según su DNI: Rogelio.
Rogelio, ahora tiene nombre pero en realidad lo que le decían “pata de palo”. Era un pésimo jugador de fútbol pero hacía buenos asados así que formo parte de diversos clubes barriales, donde alimentaba a varios hombres.
Miguel, Miguel; Rogelio río, sabes que si lo de las putas te hubiera salido hoy no estarías hablando de tus clientes de esa forma. En fin, todo esto para ver un partido, Miguel recuerda ese sueño truncado y le dice: un día vas a ver mi burdel va ser importante. Rogelio le dice pero pásate a peluquero, y quiero ver el partido aunque vos seas de Boca deja vivir. Pero vos Rogelio sos de chacarita- le contesto Miguel con aires de superioridad.
Las moscas que se paseaban en el mostrador y los sanguches ( si es algo así como sándwich, pero mal pronunciado), estaban ahí desde la navidad pasada. En fin, las moscas seguían recorriendo. El partido termina cero a cero, frustrado se fue a su casa.
La cena era algo así como que un hombre manco y un hombre ebrio se dedicarán a la alta cocina. Pollo quemado, y papitas calcinadas. El perro por miedo a recibir este manjar prefería esconderse ver si podía irse a la casa del vecino.
Comen pollo marido y mujer, que felices es verdad pero no lo sabían. Lo mejor era el postre, tal vez hoy solo hoy domingo comían algo diferente helado, o algo así. No eran pobres, solo ensombrecedoramente aburridos.
En fin la cena, era un problema y la mujer cocinaba mejor pero era para el sodero si es cierto, pero no era cornudo porque el sodero nunca lo logró. Al sodero lo agarran con Miguel y a las piñas se dejo de cortejar al esperpento.
Y el Domingo se iba, no te mueras nunca general. Digo.. Yo no soy peronista pero no sería radical ¿me entienden?. Rogelio era algo así como un peronista negacionista, pero nunca votaba prefería ir a Colonia y lamentarse por los gobernantes tan malos sería lo mejor.
Lunes siempre lunes, nunca Martes, ¿ Qué terrible, no?
Lunes si, eso era es el infierno de todo el que trabaja. El domingo, que no es por el general, es por el señor de lo alto; Dominus latín o algo así seré inculto pero bueno no soy peronista. Soy muy inculto eso lo saben en fin. Se abre el telón, el sol ese que se encarga de iluminar gratis despierta a Rogelio. Rogelio, maldice al sol pero recuerda a su madre que lo molestaba para levantarse y la vejiga lo levanta al fin.
Va para el baño y se libera, luego se baña. En fin se quema con el agua y se le traba la canilla. Irritado llega a la cocina, su mujer con ojeras ni lo saluda. Todo esta en calma, pero aguarden no les dije tiene dos hijos. Si dos hijos uno conflictivo y uno que suele aparecer una vez por semana ya de veinte a mangear plata.
Hoy no era el día de Rogelio, prefería el jueves cuando el jefe se iba de trampa y los de la oficina hacían apuestas.
Lunes ese era el canto del febo ronco. Sale de su casa, y ve su auto un Renault. Ah nunca les conté me gusta más el Volkswagen. Pero en realidad él tenía un Fiat, pero su cuñado se lo cambia por una semana, este cuñado siempre le convencía de algo en contra de su voluntad.
Ah, pero creen que con salir de la casa basta, están equivocados, ¿Qué puede faltar?, Eso mismo las llaves. Así que se regresa pesadamente en busca de ellas.
El viaje lo obviamos tiene mal carácter Rogelio, insulta a casi todos los que se encuentra. Ah, y digan si nos soy un torpe, un ignorante es lo más obvio.
Llega a Ramos Hnos. Así como lo oyen, ¿ Quien la conoce, ni idea?. Yo me enteré en el bar de Miguel. En fin, vuelvo al lugar del crimen. Este hombre de treinta, cuarenta no cincuenta no eran. Pongámosle cuarenta y cinco. Su traje negro estaba gastado, y sucio peor nadie se calentaba por eso. Estaban acostumbrados.
Así comenzaba al fin un día más en su fatídica tarea que amaba por no tener otra cosa que hacer. Que ha sido hasta la hora la vida del hombre que su accionar, no importa cuan lejos llegue su mente, lo que importa es su voluntad. Su destino; empleado como tal recibiría la eterna frustración de querer ser el dueño sin nunca llegar a serlo.
Pero Rogelio no es tipo de calaña, él lo supone y como oveja que esta estipulado ser no pretende otra cosa. En fin su vida será un capricho ahora de eventos inexplicables.
Lunes, eterno y caluroso. Hasta la piedad viene en forma de un pequeño ventilador, junto a Rogelio. Ordena unos papeles, pero ni se fija que son. Hoy preferiría haber muerto, antes de estar allí.
Rogelio, ese si era un hombre que en fondo respiraba por lo bajo no murmuraba como oyen respiraba, otra vida estaba de debajo de la primera. Rogelio, vivía en una angustia o en una ira inexplicables para él. Pero ese hombre que ordena los papeles en la oficina siempre huye de ella gracias a su imaginación. Si, Rogelio hubiera sido un magnífico escritor, quizás hasta excéntrico.
Pero entonces ¿Qué era la fantasía de Rogelio hoy?, Evidente para el observador y para el ciego también porque se lo cuento yo. Como digo todo comienza en una lugar remoto, donde él vive sin tener que trabajar. Es un mundo pretérito, y al él no le parece necesario que nada ocurra allí, solo caza para sobrevivir. Que bonito ¿no?, Si es cierto tenían poca fundamentación es que Rogelio, se empeñaba en esto.
La barbarie le parecía más fácil que la civilización porque el odiaba hasta sus propias costumbres.
Toda esa metafísica del tomate termina abruptamente, su jefe entra y le dice: Rogelio, termine de una vez de ordenar eso para mañana, yo me retiro y mi secretaria también por lo que tendrá que ser para mañana sí o sí. Mi amigo apretó los dientes, y planeo la muerte de su jefe para casos como este. La verdad era que siendo esclavo de este explotador no podría llegar lejos, pero matándolo tampoco se redimiría.
Buen personaje principal es que siempre tiene conflicto, no lo sé. Rogelio si, vos Rogelio sos el indicado. Yo te encontré en ese bar y te rescate de ese olvido.
Vos, siempre fuiste hombre de alma ennegrecida. Pero tu luz esta por ahí, esta en ese futuro inventado, patético lo sé. Pero que voluntad, para mantenerlo.
En fin termina el lunes, tristemente en medio de apagones sucesivos, su jefe primero, después las quejas de su mujer, por último su perro viejo se murió. Y la verdad es que no quería para nada, pero solo aumento ese día el tedio de lo demás.
Este relato se basa básicamente en las anotaciones de un paciente, que ingresa a nuestro hospital psiquiátrico luego de diversos ataques. El desequilibrado que se encontraba alejado de su realidad más directa se había obsesionado con una historia inútil, la cual se presenta aquí abajo. Si se puede decir con seguridad que este no era un escritor que perdió el juicio, porque podemos ver las dificultades que tuvo para escribir estas cosas. Todas estas cosas menos los primeros capítulos si se quiere fueron escritos dentro del hospital, el enfermo había desarrollado toda una serie de rutinas que le hacían caer mecánicamente de manera ritual en los escritos. Por tanto deberá considerarse que la historia en si carece de una coherencia propia ya que la mente de un desquiciado la creó. Para seguirla habrá que tratar de seguir la lógica del demente que sin duda no respeta lo que nosotros llamamos sentido común.
Lo que sí sabemos y que hizo extraño este documento, es que algunas cosas si pertenecían a la realidad del autor por lo que hay algo de su biografía implícita en ellos. Los documentos fueron escritos en una serie de papeles desordenados acompañado de ilustraciones y direcciones que por lo que suponemos son ficticias. Según el enfermo fue el editor quien debía recibir estas anotaciones. Luego de varias dudas de diversas estirpes, el enfermo murió tres días después de finalizar los escritos que poseía que los encontramos debajo de su colchón. Tenemos indicios de que quizás en alguna parte de su locura se encontraban cosas de interés.
Como médico vi como este paciente estaba cada vez más angustiado y se entregaba durante horas sin descanso a hablar con seres inexistentes. En suma, solo suponemos que la esquizofrenia fue el estado final de una trastorno de la personalidad que lo había acompañado. Tenemos registros de que el paciente que ingreso aquí el cuatro de diciembre había sido mantenido bajo tratamiento psicológico anteriormente. Él cual finalizo abruptamente, sin embargo el deterioro de su estado mental se había visto notablemente agudizado en este último tiempo.
Desayunos en Sangre:
El aburrimiento, sopor y mala gana:
El día como de costumbre parecía descomponerse. Al fin y al cabo eso era lo esencial. La vida en Buenos Aires se suele cargar de malestares cuando llega el mediodía.
Pero no es de nosotros este hecho, es de un hombre poco importante o sea uno más. Pero para que habría de hacerlo, solo por el hecho de mostrarles una vida tonta. Se equivocan, los errores del escritor suelen no ser voluntarios. Pero no es el caso, yo deliberadamente alterare hasta el cansancio de esta.
¿Salguero, creo o era Medrano?, No me acuerdo. Esos días de calor que la gente prefiere pegarse un tiro antes de salir de su casa, y que los perros aman estar en el suelo.
En fin, la calle que se derrite y este hombre sujeta en su mano el diario la Nación. Pero poco, le importa lo lleva por costumbre. Su vida es rutinaria y monogámica cosa que lo desalienta, envidia la historia de su jefe con la secretaría. En el fondo de su mente desea ser jefe, pero por fetiche. Ni siquiera quiere la secretaria esta, sino alguna mujer que este bajo sus órdenes.
Su mujer, ella le reprocha por deporte. Pero los domingos en el fondo de su casa es lo peor. La mujer que lleva el mate, va armada con profundas quejas. Yo sé bien que este hombre ni atención le prestaba. Pero la madre de su buena mujer, le hacía saltar los tapones.
Día domingo promedio llegaba la suegra, y estaba en la cocina. Un ejemplar de la Nación era leído desinteresadamente, o sea quería irse lejos. Su reposera vieja y oxidada era muestra de ese desprecio por su fin de semana para él mediocre. Pero el marido augusto, o esa era su creencia miraba con recelo a la mujer vieja. Esa que no soportaba fácilmente. Sus manos sostenían el diario, pero sus orejas eran algo así como las de un músico entrenado captaba todos los sonidos y armaba en su mente toda su situación.
Respiro y se libero que solo eran las quejas corrientes, con mucha suerte el partido lo vería sin dificultad.
Todo en su imaginación esta en calma, casi se veía en Pinamar. Quería olvidarse de todo y dejar a su mujer evidente enterrada en la arena. Pero su deseo quizás era mirar el mar o comer rabas cosa que no toleraba su mujer, de mal talante. Pero bueno por primera vez no quería ir a Mar del Plata. Estaba harto de Mar del Plata, no quería ir más.
Aunque sea aspiraba poder librase de su mujer por lo menos tres horas, que terrible peso le causaba. Al fin cerro el diario la Nación pero tengo que confesarles algo prefería Clarín o Página 12, pero la imposición paterna le había hecho que terminará aceptando el papelejo ese que creó Mitre.
Todo se resumió en que la tele se le rompió ¿lo pueden creer?, Maldijo a todos menos a su madre tenía miedo que desde arriba algo le mandara. Aunque se decía agnóstico, era supersticioso, en fin estaba mal de mate. Pero no hay otra, indignado agarro una medialuna y salió de su casa al bar de Miguel.
Si, Miguel el que su padre fue almacenero y el almacén pasa a ser bar, aunque él quiso tener un burdel, pero nunca pudo. En fin este hombre reformado, que le gustaba vestir de blanco y era de Boca.
Entra y se sienta al lado de ese amigo de barriga cervecera el buen Miguel. Miguel que lo ve como siempre con esa medialuna atragantada le dice: toma agua o ahógate pero no esa cara se me rajan los clientes. ¿Los clientes? le responde este hombre, si es el principal y le digo hombre, porque su Nombre se presenta según su DNI: Rogelio.
Rogelio, ahora tiene nombre pero en realidad lo que le decían “pata de palo”. Era un pésimo jugador de fútbol pero hacía buenos asados así que formo parte de diversos clubes barriales, donde alimentaba a varios hombres.
Miguel, Miguel; Rogelio río, sabes que si lo de las putas te hubiera salido hoy no estarías hablando de tus clientes de esa forma. En fin, todo esto para ver un partido, Miguel recuerda ese sueño truncado y le dice: un día vas a ver mi burdel va ser importante. Rogelio le dice pero pásate a peluquero, y quiero ver el partido aunque vos seas de Boca deja vivir. Pero vos Rogelio sos de chacarita- le contesto Miguel con aires de superioridad.
Las moscas que se paseaban en el mostrador y los sanguches ( si es algo así como sándwich, pero mal pronunciado), estaban ahí desde la navidad pasada. En fin, las moscas seguían recorriendo. El partido termina cero a cero, frustrado se fue a su casa.
La cena era algo así como que un hombre manco y un hombre ebrio se dedicarán a la alta cocina. Pollo quemado, y papitas calcinadas. El perro por miedo a recibir este manjar prefería esconderse ver si podía irse a la casa del vecino.
Comen pollo marido y mujer, que felices es verdad pero no lo sabían. Lo mejor era el postre, tal vez hoy solo hoy domingo comían algo diferente helado, o algo así. No eran pobres, solo ensombrecedoramente aburridos.
En fin la cena, era un problema y la mujer cocinaba mejor pero era para el sodero si es cierto, pero no era cornudo porque el sodero nunca lo logró. Al sodero lo agarran con Miguel y a las piñas se dejo de cortejar al esperpento.
Y el Domingo se iba, no te mueras nunca general. Digo.. Yo no soy peronista pero no sería radical ¿me entienden?. Rogelio era algo así como un peronista negacionista, pero nunca votaba prefería ir a Colonia y lamentarse por los gobernantes tan malos sería lo mejor.
Lunes siempre lunes, nunca Martes, ¿ Qué terrible, no?
Lunes si, eso era es el infierno de todo el que trabaja. El domingo, que no es por el general, es por el señor de lo alto; Dominus latín o algo así seré inculto pero bueno no soy peronista. Soy muy inculto eso lo saben en fin. Se abre el telón, el sol ese que se encarga de iluminar gratis despierta a Rogelio. Rogelio, maldice al sol pero recuerda a su madre que lo molestaba para levantarse y la vejiga lo levanta al fin.
Va para el baño y se libera, luego se baña. En fin se quema con el agua y se le traba la canilla. Irritado llega a la cocina, su mujer con ojeras ni lo saluda. Todo esta en calma, pero aguarden no les dije tiene dos hijos. Si dos hijos uno conflictivo y uno que suele aparecer una vez por semana ya de veinte a mangear plata.
Hoy no era el día de Rogelio, prefería el jueves cuando el jefe se iba de trampa y los de la oficina hacían apuestas.
Lunes ese era el canto del febo ronco. Sale de su casa, y ve su auto un Renault. Ah nunca les conté me gusta más el Volkswagen. Pero en realidad él tenía un Fiat, pero su cuñado se lo cambia por una semana, este cuñado siempre le convencía de algo en contra de su voluntad.
Ah, pero creen que con salir de la casa basta, están equivocados, ¿Qué puede faltar?, Eso mismo las llaves. Así que se regresa pesadamente en busca de ellas.
El viaje lo obviamos tiene mal carácter Rogelio, insulta a casi todos los que se encuentra. Ah, y digan si nos soy un torpe, un ignorante es lo más obvio.
Llega a Ramos Hnos. Así como lo oyen, ¿ Quien la conoce, ni idea?. Yo me enteré en el bar de Miguel. En fin, vuelvo al lugar del crimen. Este hombre de treinta, cuarenta no cincuenta no eran. Pongámosle cuarenta y cinco. Su traje negro estaba gastado, y sucio peor nadie se calentaba por eso. Estaban acostumbrados.
Así comenzaba al fin un día más en su fatídica tarea que amaba por no tener otra cosa que hacer. Que ha sido hasta la hora la vida del hombre que su accionar, no importa cuan lejos llegue su mente, lo que importa es su voluntad. Su destino; empleado como tal recibiría la eterna frustración de querer ser el dueño sin nunca llegar a serlo.
Pero Rogelio no es tipo de calaña, él lo supone y como oveja que esta estipulado ser no pretende otra cosa. En fin su vida será un capricho ahora de eventos inexplicables.
Lunes, eterno y caluroso. Hasta la piedad viene en forma de un pequeño ventilador, junto a Rogelio. Ordena unos papeles, pero ni se fija que son. Hoy preferiría haber muerto, antes de estar allí.
Rogelio, ese si era un hombre que en fondo respiraba por lo bajo no murmuraba como oyen respiraba, otra vida estaba de debajo de la primera. Rogelio, vivía en una angustia o en una ira inexplicables para él. Pero ese hombre que ordena los papeles en la oficina siempre huye de ella gracias a su imaginación. Si, Rogelio hubiera sido un magnífico escritor, quizás hasta excéntrico.
Pero entonces ¿Qué era la fantasía de Rogelio hoy?, Evidente para el observador y para el ciego también porque se lo cuento yo. Como digo todo comienza en una lugar remoto, donde él vive sin tener que trabajar. Es un mundo pretérito, y al él no le parece necesario que nada ocurra allí, solo caza para sobrevivir. Que bonito ¿no?, Si es cierto tenían poca fundamentación es que Rogelio, se empeñaba en esto.
La barbarie le parecía más fácil que la civilización porque el odiaba hasta sus propias costumbres.
Toda esa metafísica del tomate termina abruptamente, su jefe entra y le dice: Rogelio, termine de una vez de ordenar eso para mañana, yo me retiro y mi secretaria también por lo que tendrá que ser para mañana sí o sí. Mi amigo apretó los dientes, y planeo la muerte de su jefe para casos como este. La verdad era que siendo esclavo de este explotador no podría llegar lejos, pero matándolo tampoco se redimiría.
Buen personaje principal es que siempre tiene conflicto, no lo sé. Rogelio si, vos Rogelio sos el indicado. Yo te encontré en ese bar y te rescate de ese olvido.
Vos, siempre fuiste hombre de alma ennegrecida. Pero tu luz esta por ahí, esta en ese futuro inventado, patético lo sé. Pero que voluntad, para mantenerlo.
En fin termina el lunes, tristemente en medio de apagones sucesivos, su jefe primero, después las quejas de su mujer, por último su perro viejo se murió. Y la verdad es que no quería para nada, pero solo aumento ese día el tedio de lo demás.
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